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Mi Sierra Espuña

Medio Ambiente edita un libro que recoge los valores naturales, patrimoniales, culturales e históricos del parque regional / La obra 'Sierra Espuña, naturaleza y cultura' consta de casi 800 páginas en cuya elaboración han participado más de 130 autores (servidor de ustedes entre ellos) y 80 fotógrafos

Pozos de nieve de Sierra Espuña./GUILLERMO CARRIÓN / AGM
Pozos de nieve de Sierra Espuña. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

No recuerdo cuándo me llamó el director-conservador del Parque Regional de Sierra Espuña, Andrés Muñoz Corbalán, para pedirme que colaborase en un libro sobre este espacio protegido. No lo recuerdo, pero ha pasado mucho tiempo desde esa invitación hasta la publicación de la obra, que acaba de ver la luz, a cargo de la Consejería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente. Y lo cierto es que la espera ha valido la pena. Muy bien editado por Natursport (como es habitual es esta empresa murciana), el libro reúne en casi 800 páginas los textos de más de cien autores y las imágenes de 80 fotógrafos. Un volumen imprescindible que recoge la información esencial sobre los valores naturales, patrimoniales, culturales e históricos del parque.

Me siento casi un intruso en la nómina de autores, todos grandes especialistas en sus materias y muchos de ellos buenos amigos, y me emociona especialmente acompañar en el índice al inolvidable Mario Honrubia, gran sabio de los hongos, fallecido en junio de 2015, quien me enseñó sobre el terreno la gran riqueza de setas de Sierra Espuña, uno de los muchos secretos del parque. Por eso es obligado dar las gracias a Andrés Muñoz y al resto de coordinadores de la obra, y a la Consejería de Medio Ambiente. El prólogo, titulado 'Contra la indiferencia', ha sido escrito por el conocido naturalista y divulgador científico Joaquín Araujo.

El libro, algo así como «la enciclopedia de Sierra Espuña» según la Dirección General de Medio Natural, recoge en primer lugar los aspectos históricos del parque, para lo que se ha condensado toda la información que se encontraba dispersa e incluso se han rescatado algunos aspectos inéditos sobre su historia. La obra, estructurada en siete capítulos, cuenta también con un bloque dedicado al medio físico en el que se desarrolla de manera detallada la rica biodiversidad de este enclave, además de tratar aspectos relacionados con la gestión actual del territorio o las numerosas actividades de uso público y participación social que se desarrollan en el espacio protegido.

La obra, en la que han colaborado los ayuntamientos integrados en la Mancomunidad Turística de Sierra Espuña (Aledo, Alhama de Murcia, Librilla, Mula, Pliego y Totana), destaca también sus valores culturales; tanto sus yacimientos arqueológicos como su rico patrimonio inmaterial (oficios, gastronomía o música), junto con otros valores patrimoniales como su red de senderos, los edificios singulares integrados dentro del parque y el patrimonio hidráulico.

Se han editado 600 ejemplares que se distribuirán en edificios y centros públicos de la Región, como bibliotecas y centros de visitantes. Aunque podéis descargarlo en formato pdf en este enlace. En cualquier caso, aquí tenéis mi artículo, en el que recojo algunas de mis vivencias personales y profesionales relacionadas con Sierra Espuña. Espero que os guste.

Crónica personal y periodística de Sierra Espuña

Buscar noticias en un espacio natural es algo parecido a rastrear los animales que viven en él. Cuesta dar con ellos, pero sabes que están. Así que te armas de paciencia: frecuentas sus rutas, te adaptas a sus horarios, aprendes sus costumbres y terminas admirando el vuelo del águila real, los saltos de la ardilla roja y los desplazamientos espectaculares de los rebaños de arruis. En Sierra Espuña siempre ocurren cosas interesantes, lo mismo a ojos de un amante de la naturaleza que bajo el criterio de un periodista. Cuando se superponen las dos miradas sucede que este parque regional situado en la cordillera Bética se convierte en un hervidero de historias y sucesos que merecen ser contados.

Es mi caso. Como para tantos aficionados a fundirse con el paisaje, Sierra Espuña fue una de las primeras etapas en el conocimiento de la geografía de la Región: era esa mole cercana donde nevaba en invierno y habitaban los muflones, el bosque tan familiar donde plantabas la tienda de campaña cada año y te dedicabas a explorar caminos, barrancos y cumbres. En una época sin internet (¡ni guías de rutas!), las indicaciones de los iniciados te conducían a la Carrasca, al Pedro López, a la Senda del Caracol y al Valle de Leyva. Era todo tan perfecto y diferente...

Otro año decidías ir más allá y descubrías Prado Chico y Malvariche, la Umbría del Bosque y el Barranco de la Hoz. Y siempre caminando: primero los 15 kilómetros de rigor entre la estación de ferrocarril de Alhama y la Fuente del Hilo, y después lo que se terciase durante cuatro o cinco días en los que se paraba el reloj. Cada jornada se componía de dos fases: el día para buscar y la noche para fabular.

Años después siguieron las revelaciones: Sierra Espuña, esa mancha verde llena de vida, se construyó pino a pino bajo la dirección de un ingeniero de montes, Ricardo Codorniú, cuya figura se recuerda en un busto discreto en el que apenas reparaste pese a haberlo visto tantas veces. ¿Cómo no sabías eso? Una reforestación modélica y titánica, habías leído, para frenar las riadas que tanto daño causaban en Totana y Alhama. Entonces fuiste componiendo otra mirada, encajando tus experiencias con la historia y las tradiciones, los habitantes que empezabas a conocer y el conocimiento científico acerca de un espacio natural que te seguía pareciendo soberbio. Y entrañable.

Después te hiciste periodista y cambiaron algunas cosas, pero no lo esencial. Tu mirada sumó un nuevo filtro (crítico, desapasionado y actual), necesario para contar la crónica cotidiana de Sierra Espuña. Es decir, qué ocurre y por qué en esas montañas, cómo se relacionan el espacio natural y las personas, qué hay detrás de los animales y las plantas. Y sobre todo, qué complejo es mantener en su punto justo toda esa red de interacciones y qué importante es divulgarlo. Entonces comenzaste a dialogar con Sierra Espuña de otra manera, utilizando las luces largas, mirando más allá y comprendiendo fenómenos que antes simplemente te maravillaban. Ahora sabías por qué.

¿Cómo no iban a producirse noticias en un espacio natural de casi 18.000 hectáreas prácticamente en el centro geográfico de la Región y rodeado de núcleos de población, muy accesible, apreciado y frecuentado?

Y hubo que contar esas noticias, unas ciertamente importantes y otras quizá triviales, en una historia informativa que en mi caso se remonta a hace más de veinte años, cuando llegó el momento de ordenar legalmente los espacios protegidos y abordar la ley del año 1992 por la que se constituyeron los primeros parques regionales, entre ellos Sierra Espuña.

Casi todo era nuevo entonces, y la maquinaria administrativa avanzó más rápidamente que la conciencia social, en aquella época aún escasamente desarrollada. No era fácil explicar entonces la necesidad de proteger el territorio, hacer ver el derecho social ante determinados valores medioambientales por encima de la propiedad privada. Así que hubo que contar en 'La Verdad' las protestas de agricultores y propietarios, las diferencias entre los habitantes del territorio y la Administración que regula y establece normas. Una tensión que aún hoy se mantiene.

De esa época iniciática en tantos sentidos recuerdo también el esfuerzo de la Comunidad Autónoma por comunicar las razones, legales y sociales, que llevaban a la Administración a proteger los espacios ambientalmente valiosos o singulares. Y en particular tengo presente la imagen del entonces consejero de Medio Ambiente, Antonio Soler (catedrático de Ingeniería Química y rector de la Universidad de Murcia entre 1984 y 1990, fallecido en 2003), en tensas reuniones con afectados. Sin internet ni redes sociales, no había otra forma de comunicar que los encuentros cara a cara. Fue un tiempo difícil de desinformación, recelos y desconfianza ante un escenario nuevo.

Los desencuentros se han mantenido a lo largo de los años, y en muchos de los conflictos el detonante ha sido el habitante más notorio y polémico del parque regional. El arrui, el ungulado exótico introducido en Sierra Espuña en 1970 con fines cinegéticos, se adaptó con tanto éxito a la geografía de estas montañas que su explosión demográfica se ha traducido a veces en daños en los cultivos aledaños al espacio protegido y en motivo de controversia constante por su carácter alóctono. Agricultores y grupos ecologistas no han dejado de reclamar su erradicación.

La particularidad de que la reserva de caza se superponga en gran parte de su superficie con los límites del parque se ha resuelto recientemente (aunque han tenido que pasar décadas) con la puesta en marcha de un nuevo plan de gestión para este herbívoro que tiene el objetivo de adaptar su población a la normativa legal y a la necesidad de conservar la biodiversidad.

Pero el sino del arrui es ser noticia permanente: el Tribunal Supremo dictó una sentencia esta primavera (marzo de 2016) que obliga a erradicarlo, junto con otras especies invasoras como la carpa, la trucha arcoíris, el cangrejo rojo y el visón americano. Así que su futuro en Sierra Espuña parece tener los días contados, pendiente únicamente de que la Comunidad Autónoma ponga en marcha la estrategia de eliminación a la que obliga la ley. O de que la presión de los cazadores surta efecto y una hipotética reforma legal le conceda un indulto administrativo. Otro episodio en la controvertida relación del muflón del Atlas con el parque regional, de nuevo polémico y ciertamente triste, que también habrá que relatar.

En las últimas dos décadas ha sido gratificante ser testigo de un aprecio creciente por los espacios naturales, y de comprobar cómo Sierra Espuña se convertía en un polo de atracción para numerosos visitantes, un fenómeno que obligó a ordenar el uso público del parque en áreas sensibles (¡más noticias!). La consolidación de una incipiente oferta turística para responder a las demandas del turismo de naturaleza y la adhesión a la Carta Europea de Turismo Sostenible, que reconoce las buenas prácticas en el desarrollo económico, han sido otros hitos informativos recientes que reafirman la adaptación de este enclave a los nuevos usos sociales.

El trabajo y el placer me siguen acercando con frecuencia a Sierra Espuña, donde las noticias también saltan en forma de refugio de mariposas y de escasos sapos parteros, de nidos antiguos de quebrantahuesos, de insectos palo únicos en el mundo y de hoteles con encanto que triunfan. Será tan interesante como divertido seguir haciendo la crónica periodística de estas montañas.