La Eurocámara veta a la candidata a comisaria de Macron

Sylvie Goulard, ante el Parlamento Europeo./AFP
Sylvie Goulard, ante el Parlamento Europeo. / AFP

El Parlamento Europeo rechaza a la francesa Sylvie Goulard, hostigada por las sospechas de corrupción

SALVADOR ARROYOBruselas

Fracasó la pasada semana en su audiencia ante los eurodiputados, ese examen al que se someten todos los aspirantes a entrar en el Ejecutivo comunitario. Tampoco convenció con las respuestas que les entregó por escrito el miércoles en la que era su segunda oportunidad; y este jueves fue definitivamente invalidada. 82 votos en contra frente a 29 a favor: un contundente rechazo a Sylvie Goulard, la aspirante francesa a formar parte del equipo de Ursula von der Leyen la próxima legislatura. Un 'no' rotundo y una bofetada a Emmanuel Macron, que la propuso para el cargo. El presidente galo reaccionó con sorpresa. Y no solo no ocultó su malestar sino que se defendió del desaire con un doble ataque: a la propia Von der Leyen y al grupo de los populares europeos.

Goulard fracasó después de varios intentos en la misma reválida que el lunes superó a la primera el español Josep Borrell. Y eso que el aún ministro de Exteriores en funciones se sometía al escrutinio de los eurodiputados en un ambiente que ya enrarecido, precisamente porque la francesa estaba ya en la cuerda floja. Cierto que para entonces ya habían sido rechazados los candidatos de Hungría y Rumanía. Pero hablamos de Francia. De la apuesta de un Macron, líder europeo de los liberales (tercera familia en la Eurocámara) a la que los conservadores (primera) y un importante sector de los socialistas (segunda) cerraban la puerta.

LA CLAVE:

Devolución de factura.
El mandatario insinúa que los populares quieren hacerle pagar su oposición a la candidatura de Weber

Goulard, ya desde su nominación, tuvo que lidiar con las sospechas de corrupción porque está siendo investigada en su país y por la agencia antifraude europea (Olaf) por un presunto desvío de fondos cuando era europarlamentaria del partido centrista MoDem. En 2017, de hecho, abandonó el cargo de ministra de Defensa por ese procedimiento. A ello se sumaba otro reproche: que también como eurodiputada cobrase de un instituto de investigación estadounidense en torno a 10.000 euros al mes. Siempre defendió que estaba «limpia» e incluso se había comprometido a dimitir si llegado el caso se dictaba una sentencia condenatoria en firme.

Pero ni por esas. Así que Macron estalló. Tras darse por definitivo el veto desveló que a Von der Leyen le puso en su día no uno sino tres nombres sobre la mesa y le advirtió de que el de Goulard podría ser el más «problemático» por las investigaciones judiciales. Pero fue la futura presidenta de la Comisión quien decidió seguir adelante con ella después de valorarlo con las tres familias del Parlamento (populares, socialistas y liberales).

La realidad es que el presidente no encajó bien el golpe: «Necesito saber si ha habido resentimiento o mezquindad» en el veto, añadió Macron. Un dardo directo contra los populares, a quienes acusaría de hacerle pagar la factura por haber sido el principal artífice de poner fin al 'cabeza de lista' o 'spitzenkandidaten'.

Presidenta a dedo

Esta fórmula abogaba por que el presidente de la Comisión fuera uno de los candidatos que se presentaron a las elecciones del 26 de mayo. Pero ni Manfred Weber (PPE), ni Frans Timmermans (S&D), ni Margrethe Vestager (liberales) consiguieron el apoyo de los jefes de Estado y de gobierno, que acabaron eligiendo a dedo a Ursula von der Leyen. Ahora ella, junto con el Elíseo, tendría que proponer un relevo para Goulard si quiere evitar un choque frontal con la Eurocámara el día 23, cuando el equipo al completo de la alemana deberá someterse a la votación del pleno.

Un revés que debilita la imagen del presidente galo

PAULA ROSAS

Juego político, resentimiento y mezquindad. Emmanuel Macron no escondía este jueves su enfado tras conocerse el rechazo del Parlamento Europeo a su candidata a la Comisión, una apuesta personal del presidente francés que se sabía arriesgada y que ha terminado por estallarle en las manos. Lo importante, dijo este jueves Macron, es la cartera y no la persona, pero su imagen sale debilitada con el fracaso de Sylvie Goulard.

El presidente galo dijo este jueves «no entender» las razones detrás del rechazo y lo achacó a un «juego político» que afecta al conjunto de la Comisión Europea. Según Macron, él propuso tres nombres a la futura presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, para una macrocartera que agrupa, entre otras cosas, Mercado Interior, Defensa, Industria y Cultura. «Me dijeron 'este nombre (Goulard) es formidable, nos la quedamos', y luego me dicen que finalmente no la quieren. Que alguien me lo explique», dijo el presidente desde Lyon.

Lo cierto es que muy pocos en Francia entendieron la candidatura de la exministra de Defensa, investigada por un caso de empleos ficticios de asistentes parlamentarios en el hemiciclo europeo. Una historia por la que no ha estado ni está imputada, y que se cerró porque Goulard reembolsó los 45.000 euros que se le reprochaban, pero que la obligó a dimitir, tras solo un mes en el cargo, del Gobierno francés. Que las dudas sembradas sobre la financiación ilegal de su partido, el MoDem, bastaran para desalojarla del Ejecutivo y, sin embargo, no condicionaran su candidatura a la Comisión Europea era algo que resultó incomprensible para gran parte de la oposición, que este jueves hablaba de «ridículo» y «humillación» para Francia.

Macron afirmó que Von der Leyen le había asegurado tener el acuerdo de los diferentes grupos parlamentarios para dar el visto bueno a Goulard, algo que finalmente no sucedió. El presidente dijo, no obstante, estar «tranquilo, porque lo que importa es la cartera», pero aseguró que se había producido un juego de «resentimientos, si no de mezquindades».

Francia deberá ahora proponer otro candidato para entrar en el Ejecutivo comunitario. Macron no quiso dar este jueves nombres, pero la prensa francesa baraja entre los posibles a la excandidata presidencial Ségolène Royal; la ministra de Defensa, Florence Parly, o incluso el negociador del Brexit, Michel Barnier.