Netanyahu lucha por conservar un puesto perdido en las urnas

El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, llega a la sede de su partido, el Likud, tras conocer los resultados./AFP
El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, llega a la sede de su partido, el Likud, tras conocer los resultados. / AFP

El primer ministro israelí aprovechará el escaso margen que le separa del virtual ganador, Gantz, para imponerse en la obligada negociación

MIKEL AYESTARANCorresponsal. Jerusalén

Los votos hablaron por segunda vez en cinco meses en Israel y volvieron a dar la espalda a Benyamin Netanyahu. El eslogan 'Netanyahu es otra liga', que acompañaba a los carteles del líder del Likud junto a su 'gran amigo' Donald Trump, no convenció a los votantes y el 'premier' sufrió una nueva derrota que deja en el aire su futuro político. En abril ganó pero no fue capaz de formar gobierno, ahora no es la fuerza más votada y tampoco lograría una mayoría suficiente para constituir una alianza con los partidos ultranacionalistas y religiosos.

«Netanyahu falló», declaró el exjefe del Ejército Benny Gantz, cuya coalición Azul y Blanco obtuvo 32 escaños y superó por un asiento al Likud, según los últimos datos con el escrutinio en su recta final. El tercer gran protagonista es Avigdor Lieberman, que con 9 diputados casi dobla los que obtuvo en abril y tiene la llave para formar alianzas.

LA CLAVE

Prioridad interna.
El líder del Likud suspende su viaje a Nueva York para la Asamblea General de la ONU por el revés electoral

Gantz y Lieberman fueron la cara, Netanyahu la cruz. El primer ministro, sin embargo, mostró su intención de «comenzar las negociaciones para formar gobierno bajo mi liderazgo». Conservar el puesto es su objetivo prioritario y por ello anunció la cancelación de su viaje la próxima semana a Nueva York para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas, escudándose en «el complicado contexto político» del país.

En las primeras horas postelectorales cada candidato juega sus bazas para llegar con fuerza a la negociación. La apuesta de Gantz es «un gobierno unidad nacional», pero a diferencia de lo manifestado en la campaña, fue claro a la hora de subrayar que en ese ejecutivo no puede estar Netanyahu. Una declaración coherente para un político que ha hecho de la lucha contra la corrupción uno de sus grandes avales y quiere marcar distancias con un Netanyahu que el día 3 tendrá que comparecer ante el fiscal general del país, Avichai Mandelblit, que a finales de febrero adelantó su intención de imputarle por soborno, fraude y violación de la confianza en tres casos diferentes.

Lieberman pasó la jornada en Nokdim, el asentamiento próximo a Belén en el que reside en los territorios palestinos ocupados. El exministro de Defensa insistió en que «el único gobierno que vamos a apoyar es uno de unidad nacional, con una coalición amplia y liberal». Un mensaje directo del político moldavo a los partidos religiosos, decisivos en el último Ejecutivo que formó Netanyahu y que ahora corren el riesgo de quedarse sin ministerios.

El líder de Yisrael Beitenu ha hecho del laicismo su gran caballo de batalla y puso condiciones para apoyar al próximo gobierno, como permitir la apertura de pequeños comercios y el funcionamiento de transporte público en shabat (el día sagrado para los judíos), el matrimonio civil en el país y modificar el currículum de las escuelas de primaria religiosas en las que a los niños solo se les enseña la Torá. La unión de Likud y Azul y Blanco serviría para formar ese gabinete de unidad, al que se sumaría al menos Lieberman. El problema de esta combinación es el posterior reparto de puestos y, sobre todo, el abismo personal entre los líderes, especialmente entre Lieberman y Netanyahu.

Benny Gantz, el virtual ganador, y su mujer, Revital.
Benny Gantz, el virtual ganador, y su mujer, Revital. / AFP

Impacto regional

La derrota de Netanyahu podría tener también efectos a nivel regional ya que el primer ministro había puesto en marcha una amplia campaña diplomática para ganarse el apoyo de los que considera «países árabes moderados» en su pulso con Irán. La amistad que le une con Trump y Putin fue uno de los argumentos a los que recurrió una y otra vez para pedir el voto y cultivó su imagen de 'Míster seguridad', uno de sus apodos, a base de extender su guerra contra Irán y sus grupos afines a Siria, Líbano o Irak. Su posible salida del cargo «no implica graves consecuencias porque no hay gran diferencia entre el Likud y Azul y Blanco en lo que se refiere a Hamás, Hezbolá o Irán», señaló Ohanan Plesner, presidente del 'think tank' Israel Democracy Institute en declaraciones recogidas por Reuters.

El presidente del país, Reuven Rivlin, debe elegir en 28 días a uno de los candidatos para que forme gobierno. El designado tendrá hasta 42 días para intentar ganar los apoyos necesarios que le permitan superar la barrera de los 61 escaños y obtener así la mayoría en una Cámara en la que la Lista Conjunta de los partidos árabes será la tercera fuerza con 13 escaños.

El político que puede acabar con la carrera de 'Bibi'

Avigdor Lieberman (Chisinau, 1958) se ha convertido en el hombre capaz de tumbar a Benyamin 'Bibi' Netanyahu. Dio sus primeros pasos en política como mano derecha del 'premier' y director general del Likud entre 1993 y 1996 y ahora es su peor pesadilla y la persona que puede acabar con su carrera. En los últimos meses sus decisiones han puesto patas arriba la política nacional y tiene intención de seguir haciéndolo.

El dirigente ultraconservador, que ha sido ministro de Exteriores y de Defensa, precipitó la disolución del anterior Gobierno de coalición porque no estaba de acuerdo con la política hacia Gaza, impidió la formación de un nuevo Ejecutivo tras los comicios de abril y ahora, tras casi duplicar sus escaños, tiene la llave de las alianzas. El líder de Yisrael Beiteinu (Israel, nuestra casa), que aglutina el voto de los judíos llegados de la ex URSS, plantea exigencias de marcado carácter laico y tanto Gantz como Netanyahu saben que va a por todas.

Esta imagen de «guerrero del secularismo», como le presentan sus seguidores, contrasta con el Lieberman «corrupto y racista», según un reciente editorial del diario 'Haaretz' en el que se recuerda, por ejemplo, que abogó por «decapitar con un hacha a los árabes desleales a Israel». Esta línea racista la mantiene en el programa de su partido, que defiende trasvasar a la población árabe israelí a Palestina. Vive en una colonia próxima a Belén y es un fan de Vladímir Putin.

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