El cierre del Gobierno de EE UU amenaza el futuro inmediato de millones de familias

El presidente estadounidense, Donald Trump. /Afp
El presidente estadounidense, Donald Trump. / Afp

El programa federal de ayuda a la alimentación, en peligro de colapso en pocos días, es imprescindible para 38 millones de hogares

CAROLINE CONEJERONueva York

Desde los programas de alimentación hasta las ayudas a los agricultores, las consecuencias del cierre parcial del Gobierno federal en su tercera semana se sienten ya a lo largo de todo el país, donde ha golpeado especialmente a las familias con menos recursos. El programa federal de ayuda a la alimentación, del que dependen unos 38 millones de familias de bajos ingresos, podría sufrir reducciones drásticas si el cierre se prolonga hasta febrero y el fondo de contingencia del departamento de agricultura del que depende se agota.

El programa federal que probablemente más impacto tenga entre el público distribuyó, según los últimos datos de septiembre, 4.700 millones de dólares entre familias en absolutamente todos de los estados del país. Y aunque todos los programas son importantes, ninguno tiene el impacto que tienen los bonos de comida, el suplemento de ayuda a la nutrición del departamento de agricultura.

Según David Borer, presidente del sindicato de empleados del gobierno, si el cierre se extiende un mes se empezarán a producir desahucios y embargos de vehículos.

De los 800.000 funcionarios afectados por la suspensión de pagos, el 80% trabaja fuera de Washington. A la mitad de ellos, unos 450.000 considerados esenciales, se les ha pedido trabajar sin cobrar. De los 15 departamentos federales, 9 han cerrado o funcionan bajo servicios mínimos, igual que docenas de agencias gubernamentales y miles de programas federales a través del país.

En algunos departamentos federales el impacto empieza a ser grave. Cientos de empleados de inspección de seguridad en los aeropuertos nacionales, forzados a trabajar sin salario hace quince días, llaman ahora enfermos para trabajar en otros empleos donde pueden cobrar.

Más de 170 agentes de inspección de seguridad del aeropuerto internacional JFK de Nueva York han llamado cada día de la semana para decir que están enfermos, según los datos del sindicato de funcionarios, Federación Americana de Empleados del Gobierno. Las bajas por enfermedad, la que llaman 'gripe azul', han aumentado entre los 51.000 empleados de inspección de seguridad de los principales aeropuertos, como Nueva York, Texas y Carolina del Norte. El aeropuerto internacional de Dallas, por ejemplo, ha registrado hasta un 300% de ausencias por enfermedad, mientras que los de Raleigh-Durham y Charlotte, en Carolina del Norte, tuvieron un 10%.

En otros casos, muchos empleados que continúan asistiendo a su trabajo se han visto forzados a buscar un segundo empleo adicional para poder hacer frente a los gastos familiares como pagar el alquiler, la hipoteca o el cuidado de sus hijos.

Aunque la reducción de personal no ha impactado aún demasiado sobre el tiempo de espera de los pasajeros, debido a una disminución del trafico aéreo posnavideño, las ausencias prolongadas podrían poner en riesgo la seguridad en los aeropuertos.

Más de 140.000 millones de dólares del reembolso de los impuestos corren el riesgo de quedar congelados o de sufrir retrasos si el cierre se extiende hasta febrero. En EE UU la declaración de la renta dura hasta abril y muchos cuentan con usar el reembolso temprano a principios de año.

Además, los agricultores privados se han quedado sin los informes mensuales de estimaciones sobre demanda y oferta mundial de productos, de los que dependen para hacer previsiones, y se han encontrado también con la suspensión de las ayudas por el impacto de la guerra de tarifas de Trump como consecuencia del cierre del departamento de agricultura.

Otros departamentos incluyen la Comisión Federal de Comunicaciones, que supervisa fusiones de empresas de telecomunicaciones entre otros; así como la Administración de Pequeños Negocios, encargada de aprobar créditos federales a las empresas, y el Departamento de Vivienda, que supervisa las inspecciones de viviendas publicas que acogen a miles de familias de bajos ingresos.

Si otros argumentos no lo han conseguido hasta ahora, las penurias económicas del cierre comienzan a hacer mella en mucho del electorado de Donald Trump, que, a pesar de su apoyo incondicional al muro, dudan ahora si el presidente no ha ido demasiado lejos.

Los grandes parques y monumentos nacionales afectados por la escasez de personal han entrado en una fase de decadencia con montañas de basura, baños públicos atascados, equipos de rescate diezmados, y taquillas de venta de entradas y centros de visitantes cerrados.

Los venerados parques y reservas naturales como el Yosemite, el Gran Cañon o las Montañas Rocosas dependen ahora del tiempo libre de grupos de voluntarios locales para recoger la basura, orientar a los turistas y ejercer un mínimo de vigilancia. Además, se ha incrementado la peligrosidad, algo que podría haber incidido ya en la muerte de tres turistas que, alentados por la falta de supervisión, se adentraron en zonas de acceso restringido.

 

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