La suspensión del bombardeo a Irán enfrentan a Trump y al Pentágono

Dron RQ-4 Global Hawk estadounidense. / Afp

Los militares aseguran que supo siempre las bajas que produciría bombardear Irán y que ése no fue el motivo por el que suspendió el ataque

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Los aviones estaban en vuelo. Los misiles, «cocinados y cargados», dijo Donald Trump. Gran Bretaña había sido alertada de que se avecinaba un ataque contra Irán en represalia por el derribo de un dron. Incluso Irán, según la versión americana, había recibido una carta a través de Omán avisándole de que el «inminente ataque» no era una declaración de guerra, sino que venía con una invitación a negociar.

«Diez minutos antes lo paré», confirmó el presidente en su cuenta de Twitter. Londres no sabría qué estaba pasando hasta las tres de la madrugada y aún a esa hora nadie supo decir si el ataque ocurriría o no. Sólo que los B-52 estaban listos, los barcos en posición y los Tomahawk cargados. Entre los tres objetivos de radares y antimisiles destacaba el sistema tierra aire S-125 Neva/Pechora, según Newsweek, al que el Pentágono responsabiliza del derribo del dron, aunque Irán lo atribuye a su Tercer Khordad.

LAS CLAVES

150
podría ser el número de víctimas iraníes si se hubiera llevado a cabo el ataque, según explicó el propio Trump a la NBC.

Satisfecho con la indecisión que tuvo al mundo en vilo, Trump se sentó este viernes a hablar de ello con NBC. «Así que vinieron y me dijeron: 'señor, estamos listos'. Y entonces les pregunté: 'Quiero saber cuánta gente morirá', en este caso, iraníes. Primero me dijeron que tenían que consultarlo, luego volvieron diciendo que podrían ser unos 150 y pensé que no era proporcional a derribar un avión sin piloto. No tengo prisa». Y así, sin más, frenó el ataque que podía haber desatado una nueva guerra y que estuvo más cerca de ocurrir que en la crisis de los misiles de Kennedy y Khrushchev de 1962.

En la casta militar no daban crédito. Los ataques de ese calibre no se detienen en el último minuto, salvo causas mayores o elementos meteorológicos adversos. Incluso las voces amigas de la cadena Fox reaccionaron con preocupación ante la «inexplicable» noticia, opinó el coronel retirado Chris Gibson, colaborador habitual de la cadena. «Yo le recomendaría al presidente que se tome su tiempo antes de tomar una decisión como ésta, que se entere bien de todos los detalles y cuando tome una decisión, siga con ella», dijo.

En el Pentágono no debió de gustar la explicación que dejaba en mal lugar a la estructura militar, porque poco después las fuentes de Fox transmitieron otra versión que el presentador Chris Wallace resumió así: «Esto no cuadra». Los militares, aclaró, siempre proporcionan al presidente una lista concienzuda de objetivos militares y del número de bajas que pueden causar. «Esto es rutinario», explicó. «La idea de que se enterase diez minutos antes de que iba a haber 150 bajas parece bastante improbable», añadió.

De hecho, las mismas fuentes aseguran de que ese día informaron del número de víctimas que causarían los ataques en dos reuniones que se produjeron a las once de la mañana y a las tres de la tarde -hora local-. «No diez minutos antes del ataque», señalaron. En la primera, el presidente no estuvo presente, pero en la segunda sí.

En el Congreso, la portavoz Nancy Pelosi, que no había sido informada, respiró aliviada al saber que se había abortado el ataque. «EE UU no tiene apetito para la guerra», afirmó. Cuando ella dejó la Casa Blanca el jueves, Trump no le confió ningún plan de ataque y todo indica que su equipo de Seguridad Nacional y otros legisladores belicistas le convencieron por la tarde. «Lo que nos preocupa es que este presidente se tropiece con una guerra», confesó el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, que insistió en la necesidad de abrir un debate en el Congreso sobre la crisis con Irán.

A Adam Smith, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara baja, le preocupa algo más: «El presidente no debería contar esto públicamente, porque Irán lo oye y, ¿cómo esperas que reaccione?». Incluso sus amigos de Fox le pedían que «no mande mensajes confusos» a amigos y enemigos. A los que el olor de la sangre les había despertado el apetito de guerra, le tachaban de blando y recordaban que era la tercera vez que se echaba para atrás, después de amenazar a Corea del Norte y Venezuela. La congresista Liz Cheney, hija del exvicepresidente de George W. Bush, le comparó con Obama en 2013, cuando canceló las represalias contra Siria por los ataques químicos y advirtió en un programa de radio conservador de que si no responde a la provocación iraní «cometerá un serio error».

Y si algo no le gusta a Trump es que lo acusen de blando, así que nadie se atreve a anticipar lo que pueda ocurrir este fin de semana. Según fuentes de Fox, este viernes su principal interlocutor fue el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman al-Saud, conocido asesino y acérrimo enemigo de Irán.

Teherán va a la ONU para probar que se violó su espacio aéreo

MIKEL AYESTARAN | Corresponsal. Jerusalén

El jueves, Irán derribó un avión no tripulado de Estados Unidos cerca del estratégico estrecho de Ormuz. Este es el único punto en el que Teherán y Washington están de acuerdo a la hora de hablar de una acción que estuvo a punto de provocar un bombardeo de represalia contra la república islámica que Trump dijo que decidió suspender en el último momento.

Los iraníes defienden que el aparato violó su espacio aéreo y «le lanzamos dos mensajes de advertencia, pero no respondieron y nos vimos obligados a derribarlo», según el comandante de la Fuerza Aérea de los Guardianes de la Revolución, Amirali Hayizadé. Desde el Pentágono sostienen que su avión se encontraba en «espacio aéreo internacional», a lo que Irán respondió con una carta al secretario general de la ONU, António Guterres, con información exacta sobre las zonas y las coordenadas a las que llegó.

La Fuerza Aeroespacial de los Guardianes de la Revolución organizó en Teherán una muestra para que los medios oficiales pudieran ver las partes recuperadas del aparato derribado por el sistema de defensa Jordad 3. La guerra de propaganda se intensifica al ritmo que la tensión gana enteros, con rumores y desmentidos sobre temas sensibles como el supuesto mensaje que Trump habría enviado al Líder Supremo a través de Omán para pedir diálogo, al final negado por ambas partes.

En medio del choque de acusaciones, Irán apostó por ofrecer datos en su versión oficial y el ministro de Exteriores, Yavad Zarif, detalló que el sofisticado dron estadounidense despegó de una base de Emiratos Árabes Unidos «en modo oculto y violó el espacio aéreo iraní al ser dirigido a las coordenadas 25°59'43N 57°02'25E, cerca de la zona de Kuhe Mobarak». El jefe de la diplomacia, uno de los grandes arquitectos del pacto nuclear firmado en 2015, aseguró en Twitter que «hemos recuperado restos del avión militar estadounidense en NUESTRAS aguas territoriales, donde fue derribado».

Las coordenadas, la grabación de las advertencias emitidas y el hallazgo de los restos de la aeronave fueron las pruebas que la república islámica presentó ante Naciones Unidas para defender la legitimidad de su ataque contra el aparato enemigo. Un alto mando de la Guardia Revolucionaria reveló además que junto al avión no tripulado volaba otro aparato espía, un Boeing P-8 Poseidon con unos 35 tripulantes a bordo, que Irán habría podido derribar también pero prefirió no hacerlo. EE UU no comentó esta información.

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