Diplomáticos de carrera colaboran con el Congreso en el 'impeachment'

El enviado especial de Donald Trump a Ucrania, Kurt Volker./E. P.
El enviado especial de Donald Trump a Ucrania, Kurt Volker. / E. P.

Los mensajes de texto que intercambiaron los embajadores confirman las presiones a Ucrania desde la Administración Trump

MERCEDES GALLEGONueva York

Desde hace una semana el embajador Kurt Volker se diferenciaba del resto de los actores implicados en el escándalo de la llamada a Ucrania por haber asumido su responsabilidad y aceptado colaborar. Diplomático de carrera, embajador ante la OTAN con Bush y ahora director el centro de liderazgo Internacional John McCain, dimitió como enviado especial a Ucrania y se sometió el jueves a casi diez horas de interrogatorio para «limpiar su nombre». Bajo el brazo llevaba una carpeta con centenares de documentos entre los que se incluían copias de los mensajes de texto y correos electrónicos que atañen al caso. Los demócratas no podían estar más satisfechos.

Los mensajes torpedean la afirmación de que «no hubo 'quid pro quo'» y demuestran que las presiones para que el nuevo Gobierno ucraniano reabriese la investigación que puede salpicar al hijo del ex vicepresidente Joe Biden llevaban meses en marcha. El presidente Volodimir Zelenski quería desesperadamente una invitación a la Casa Blanca, pero el equipo de Donald Trump lo condicionaba a la reapertura de esas investigaciones cerradas en 2016.

Poco antes de que le llamase Trump, Volker y otros diplomáticos involucrados se aseguraron de que tuviese claro qué es lo que tenía que darle al presidente estadounidense para lograr la ansiada invitación. «Dice la Casa Blanca que, asumiendo que el presidente Z convence a Trump de que investigará / 'llegar hasta el fondo de lo que sucedió' en 2016, apuntalaremos una fecha para su visita a Washington», le dijo vía mensaje de texto a Andrey Yermak, asesor del presidente ucraniano.

Tan pronto como ambos mandatarios colgaron el teléfono, su asesor se comunicó con el diplomático estadounidense para recibir el premio prometido. «La llamada fue bien. El presidente Trump ha propuesto que elijamos cualquier fecha que nos convenga. El presidente Zelenski escoge 20, 21 y 22 de septiembre para la visita a la Casa Blanca«.

Pero los diplomáticos estadounidenses no quisieron darle aún el premio, sino que redactaron un comunicado para que el presidente ucraniano anunciara públicamente que reabría las investigaciones por corrupción a la empresa energética Burisma, en cuyo consejo de administración había servido Hunter Biden. A eso se le debía sumar una investigación sobre el papel que habría tenido Ucrania en el pirateo de los servidores del Partido Demócrata que la inteligencia estadounidense atribuye a Rusia, pero que las conspiraciones de ultraderecha creen que se trataba de deslegitimar la victoria de Trump. Según estas teorías, el servidor se encontraría en Ucrania.

Yermak aceptó el texto, aunque tampoco se fiaba de sus interlocutores. «Cuando tengamos la fecha convocamos la conferencia de prensa, anunciamos la visita y nuestra intención de relanzar las relaciones entre EE UU y Ucrania, incluyendo entre otras cosas las investigaciones de Burisma y de las interferencias electorales», zanjó.

Sin ayuda no hay armas

Quizás esa resistencia hizo que Trump se pusiera más duro y retuviese los 391 millones de dólares de ayuda militar que había aprobado el Congreso. «¿Estamos diciendo ahora que la asistencia militar y la visita de la Casa Blanca están condicionadas a las investigaciones?!/·, se escandalizó el propio encargado de negocios de la Embajada de EE UU en Kiev, que se había convertido en embajador en funciones tras el fulminante despido de la embajadora Marie Yovanovitch. «Llámame», atajó su interlocutor, Gordon Sondland, un empresario hotelero nombrado embajador en la UE tras donar un millón de dólares para la investidura de Trump.

«Es una locura retener la asistencia de seguridad por ayuda con una campaña política», insistió el embajador en funciones, pero el amigo del mandatario estadounidense no quería dejar eso por escrito. «Bill, te equivocas con las intenciones del presidente Trump. El presidente ha dejado claro como el agua que no habrá 'quid pro quo' de ningún tipo». A lo que añadió: «Sugiero que dejemos este ida y vuelta por mensaje de texto».

En la polémica llamada el presidente ucraniano se mostró sumiso y dispuesto a colaborar en todo. Trump liberó la ayuda militar y aceptó un encuentro bilateral en el marco de la Asamblea General de la ONU, pero no llegó a formalizar la tan ansiada invitación a la Casa Blanca a la espera de que se concretasen las investigaciones. Zelenski, un humorista de televisión que arrasó en las elecciones de abril, aprovechó el encuentro de la ONU, salpicado ya por el escándalo, para arrancarle un compromiso en público. «Quiero agradecerle que me haya invitado a Washington», dijo ante las cámaras, «pero perdóneme, creo que se le ha olvidado darme la fecha». Trump no cayó en la trampa. Se rió por el atrevimiento y le atajó. «Ellos la pondrán», dijo refiriéndose a sus asesores.

El fiscal ucraniano admitió en las últimas horas que han reabierto alrededor de 15 investigaciones por corrupción que involucran a la empresa Burisma y algunos de sus altos cargos. Tal vez Zelenski tenga pronto su visita, y los demócratas el 'impeachment' sobre Trump, quien este viernes les instó a votarlo para que llegue pronto al Senado, donde está seguro de que ganará.