Los debates muestran la división del Partido Demócrata

Los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren./AFP
Los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren. / AFP

Los ataques contra las propuestas progresistas de Bernie Sanders y Elizabeth Warren definieron el primer debate de Detroit

MERCEDES GALLEGOCorresponsa en Nueva York

Faltan seis meses para que los ciudadanos de Iowa sean los primeros en pronunciarse sobre quién será el demócrata que se enfrente a Donald Trump, dentro de casi año y medio. Toda una vida en el ciclo político que, por ahora, sólo ha mostrado una crisis de identidad en el partido de Obama.

Mientras Trump ha logrado cuadrar a su formación, en la que todos guardan silencio y justifican sus salidas de tono, el ala conservadora del Partido Demócrata embistió durante el debate de Detroit contra los aspirantes más progresistas cuyas ideas consideran «locas» y «radicales». Munición, en estrictos formatos de 30 y 60 segundos, que la campaña de Trump explotará contra ellos cuando definan a su rival.

¿Y cuáles son las políticas «disparatadas» e «imposibles» que plantean los senadores Bernie Sanders o Elizabeth Warren? «No hay nada de radical en proponer sanidad universal para todos, la tienen todos los países desarrollados», aclaró el socialista. En el país que pese a gastar en sanidad el doble que otros los gastos médicos son la primera causa de bancarrota personal, la perspectiva de proporcional sanidad universal parece una quimera. Como financiar la educación superior, «¿a los hijos de los ricos que no lo necesitan?», preguntaban alarmados candidatos más conservadores, como la senadora de Minnesota Amy Klobuchar.

La formación que dio presidentes como Jimmy Carter, Bill Clinton y Barack Obama no busca solo un candidato que pueda ganar a Donald Trump, sino su propia alma. En el sistema bipartidista de EEUU, la falsa asociación entre derecha e izquierda ha dejado a la sociedad sin un partido con representación parlamentaria que encarne las ideas progresistas y esta puede ser su mejor oportunidad para incorporarlas al capitalismo descarnado. La senadora de Massachusetts a la que llaman 'el terror de Wall Street' propone un impuesto de apenas dos céntimos para la décima parte del 1% de la población más acaudalada. «Sólo eso sería suficiente para pagar guarderías, aumentar los salarios de los maestros, proporcionar educación técnica superior en colegios públicos... y aún quedarían cientos de millones de dólares», explicó.

Los moderadores de CNN que organizaban el debate intentaron por todos los medios enfrentar a Warren con Sanders, los favoritos entre los diez candidatos que participaban anoche, al haberse dividirse en dos por no caber veinte sobre el escenario. Lejos de eso, ambos eligieron la vía del civismo y emplearon su tiempo, cronometrado, en explicar sus políticas frente al acoso de conservadores como el excongresista de Maryland John Delaney o el legislador de Ohio Tim Ryan, que no creen que se pueda ganar a Trump desde la izquierda.

Fue la autora Marianne Williamson, que propone la idea «radical» de introducir la palabra amor en la política frente al odio institucionalizado de la actual administración, la que cuestionó qué hacían semejantes candidatos presentándose por el Partido Demócrata. «Ha llegado la hora de dejar de preocuparnos por qué dirán de nosotros los republicanos», la apoyó Pete Buttigieg, el alcalde milenial de South Bend, primer candidato gay a la presidencia. «Si aceptamos una agenda de extrema izquierda van a decir que somos una panda de locos socialistas. Si adoptamos una agenda conservadora van a decir que somos una panda de locos socialistas, así que vamos a plantear la política correcta y salir a defenderla».

Williamson, el nombre más buscado en internet después de cada uno de los dos debates transcurridos, recordó que Donald Trump no es solo un fenómeno político sino «emocional y psicológico que apela a los peores instintos de la moral humana». Sin paliativos, «un mentiroso patológico», dijo Sanders, pero es el racismo que ha explotado en las últimas semanas el que más ha convencido a los demócratas de que hay que plantarle cara antes de que transforme al país, como ha hecho con el Partido Republicano, para el que Buttigieg también busca la redención. «Hay que reunir al partido republicano con su conciencia», propuso.

Para unos, la fórmula escorarse a la derecha y arañar votos conservadores. Para otros, no se puede solucionar el problema «siendo el partido de pequeñas ideas», dijo Warren, sino el de «grandes cambios estructurales» que apasionen a todos los estadounidenses y los arrastren masivamente a las urnas en noviembre del año que viene. Otra decena de candidatos propondrá este miércoles sus fórmulas en la segunda parte del segundo debate demócrata, entre los que destaca el favorito, Joe Biden, y la senadora que le puso en apuros en el anterior debate, Kamala Harris.

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