Biden, la víctima colateral del 'impeachment'

El candidato demócrata a las presidenciales y exvicepresidente Joe Biden se dirige a sus votantes en un mitin en Las Vegas, Nevada./AFP
El candidato demócrata a las presidenciales y exvicepresidente Joe Biden se dirige a sus votantes en un mitin en Las Vegas, Nevada. / AFP

El exvicepresidente pierde apoyos en la precampaña de los demócratas hacia la Casa Blanca al implicarle Trump en la trama ucraniana

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

Para ser el centro de la noticia más importante del año, Joe Biden había estado inusualmente ausente toda la semana. El viernes, en Las Vegas, durante su primer mitin desde que su partido decidió iniciar un proceso de 'impeachment' para destituir a Donald Trump, el exvicepresidente decidió por fin enfrentar el elefante en la sala. «No me sorprende haberme convertido en objeto de su atención», presumió. «Lo que quiere es robar las elecciones. Me voy a asegurar de que las pierde».

Hasta que la semana pasada se supo que Trump había usado su cargo para presionar a Ucrania en busca de trapos sucios con los que salpicar a su rival potencial, Biden era el favorito en las encuestas para alzarse con la nominación presidencial del Partido Demócrata. Este sábado había perdido el liderazgo en favor de la senadora Elizabeth Warren, terror de Wall Street y por tanto libre de las sospechas corporativistas que Trump ha lanzado contra él durante su caída al abismo del 'impeachment'.

EN SU CONTEXTO:

400
millones en ayuda militar fue la cantidad que Donald Trump amenazó con no entregar o retener a Kiev si el presidente Volodímir Zelenski no le hacía el favor de investigar los «trapos sucios» del hijo de Joe Biden, Hunter, en la empresa ucraniana Burisma.
Un fiscal corrupto.
El jefe de la Casa Blanca aireó que Biden había actuado como él cuando fue vicepresidente de Obama. Efectivamente, amenazó con retener mil millones a Ucrania si el entonces mandatario, Petro Poroshenko, no despedía a un fiscal por corrupción. El fiscal investigaba a la empresa Burisma, pero el hijo de Biden aún no estaba en ella. Además, tanto la UE como el FMI habían amenazado ya a Kiev con 'cerrar el grifo' si no actuaba contra la corrupción.
Precandidatos.
El Partido Demócrata se encuentra en campaña para elegir a su representante para la carrera presidencial. Joe Biden era el favorito hasta este escándalo. Este sábado perdió el liderazgo en favor de la senadora Elizabeth Warren.

«Adam Schiff (presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja que le investiga) no habla de Joe Biden y su hijo largándose de Ucrania con millones de dólares y luego con millones de dólares de China», ha refunfuñado varias veces el mandatario esta semana. «No importa de lo que yo hablase. Alguien tiene que mirar lo que hizo Biden».

Para que funcione, tiene que haber algo de verdad. Hunter Biden, el único hijo que le queda al exvicepresidente de su primer matrimonio, aceptó en 2014 un cargo en el consejo de administración de la empresa energética ucraniana Burisma, mientras su padre se hacía cargo de la política de EE UU con Ucrania. Por un trabajo que le requería asistir a dos o tres reuniones al año llegó a cobrar hasta 50.000 dólares al mes (algo más de 45.000 euros), en una empresa acusada de corrupción por numerosas instancias internacionales y bajo investigación del fiscal general ucraniano.

Cuando Trump le pidió el pasado 25 de julio al nuevo presidente ucraniano que «mirase lo de Biden», que «va por ahí presumiendo de que logró que despidieran al fiscal», no mentía. Lo contó el propio Biden públicamente en enero del año pasado durante una charla en el Council on Foreign Relations.

«Así que me fui allí y cuando se suponía que tenía que anunciar otro préstamo garantizado de mil millones, según (el presidente Petro) Poroshenko y (el primer ministro Arseniy) Yatseniuk salían a dar la conferencia de prensa después de haberme prometido despedir al fiscal sin que lo hicieran, les dije: 'No, no te voy a dar el billón de dólares' (americano). Y me dijeron, 'tú no tienes autoridad, no eres el presidente'. Les dije: 'Llámalo'. Me voy de aquí en seis horas. Si el fiscal no ha sido despedido no tendréis el dinero. Y bien, hijo de puta. Fue despedido».

Repetir la estrategia

Trump quiso repetir la estrategia. Una semana antes de llamar al actual presidente, Volodímir Zelenski, ordenó a su jefe de Gabinete que retuviera los casi 400 millones en ayuda militar que el Congreso había autorizado para Ucrania, después de haberle mandado numerosos mensajes de que quería que su país reabriese la investigación a la compañía en la que Biden había trabajado. «Échale un vistazo a esa llamada y verás que fue perfecta», se defendió el miércoles. «No hubo quid pro quo, pero sí que lo hubo con Biden. Tú haces esto y yo hago lo otro. Me están acusando a mí de lo que hicieron ellos».

En la era de Twitter y la atención menguante, hace falta rastrear la trama años atrás para entender que al exigir el despido del fiscal que había negado a Gran Bretaña la información solicitada para juzgar por corrupción al presidente de Burisma, Biden no favorecía a su hijo, sino todo lo contrario. Respondía al clamor internacional de la UE y el FMI, que amenazaban con no dar nuevos préstamos a Ucrania si su Gobierno no tomaba medidas contra la corrupción. Su hijo, por cierto, nunca fue objeto de ninguna acusación, sino que los casos en liza databan de antes de su entrada en el Consejo de Administración de la empresa.

La senadora Warren superó este sábado por primera vez al hasta ahora favorito demócrata en los sondeos

Con todo, Trump ha conseguido en su caída arrastrar a su rival político, cuya imagen queda teñida ante las bases, como manchó la de Hillary Clinton en 2016. A Biden ya se le veía como parte del sistema. A sus 76 años ha pasado casi 40 en el Senado y ocho en la Casa Blanca. Ha intentado ser presidente en tres ocasiones y, en estos tiempos de hastío político, las bases con sentimiento antisistema lo miran con recelo. Ahora se llevaser un neófito político para generar confianza. Un magnate inmobiliario como Trump o un humorista televisivo como Zelenski, que comparten el mismo eslogan de 'drenar el pantano' de los políticos corruptos.

En la campaña de Biden creen que la verdad está de su parte. Hunter Biden ha sido siempre la oveja negra de la familia. El hijo impulsivo que plagió la tesis en la Universidad, dejó embarazada a su novia, se hizo adicto a las drogas y al alcohol, lobista, incapaz de ahorrar un céntimo, expulsado del Ejército, conquistó a la viuda de su hermano y ha sido salpicado por numerosos escándalos en varios países.

Por extensión, la sospecha sobre sus negocios recae también sobre su padre, que dice no hablar de ellos con su hijo, un ciudadano privado. ¿Como Ivanka Trump, a la que China aprobó el año pasado 16 patentes en dos meses? ¿Cómo se separan ambos apellidos del tráfico de influencias? ¿Y de la percepción colectiva? Biden tiene hasta el 3 de febrero para sacudirse la imagen de político corrupto que Trump y su equipo le han atribuido en poco tiempo. Después serán los demócratas de Iowa y New Hampshire los que se pronuncien en caucus y primarias para decidir quién se enfrentará a Trump en las urnas.

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