La dura historia detrás de la desastrosa conexión en directo en Noticias Cuatro

La dura historia detrás de la desastrosa conexión en directo en Noticias Cuatro

Ángel Sastre parecía estar ebrio durante su conexión en 'Noticias Cuatro' desde Argentina

LA VERDAD

Las redes sociales se hicieron eco de la surrealista conexión en directo que protagonizó un reportero de 'Noticias Cuatro'. El periodista casi era incapaz de articular palabra y muchos concluyeron que estaba en estado de embriaguez.

Ahora su compañero Antonio Pampliega, con quien estuvo secuestrado por Al Qaeda durante 299 días en Siria, ha escrito un mensaje en su defensa ante el revuelo que ha desencadenado su intervención en el informativo.

«Me duele ver cómo compañeros de profesión se están cebando con él echando más gasolina a su ya de por sí delicada situación», decía Pampliega.

En su mensaje ha destacado las secuelas que les dejó aquel secuestro: «yo, después del secuestro, también aceleré y perdí el control de mi vida. Hice cientos de cosas de las que me arrepentiré el resto de mi vida. Me da pena Ángel. Muchísima. Porque le quiero. Porque me veo reflejado en él. Porque me imagino cómo se debe sentir en un día como hoy».

El mensaje completo de Antonio Pampliega

«Leo los comentarios de cientos de personas, dañinos, obviamente. Veo el escarnio público al que Ángel está siendo sometido. Y me da vergüenza. Y pena, muchísima pena. Lo sencillo es machacarlo y hundirlo. Es lo sencillo. Quedarnos con esa imagen. Ángel no está bien. Es obvio. Pero ninguno lo estamos. Porque hemos sido unos cobardes y no hemos tenido el valor suficiente de enfrentarnos cara a cara con nosotros mismos. Ninguno nos hemos mirado al espejo. Porque nos da miedo nuestro reflejo.

Después de haber sobrevivido a un secuestro nos creímos invencibles. Hemos superado un puto secuestro. Podemos con todo. Nos creemos los reyes del mundo... Un mundo que gira y gira y que nosotros no somos capaces de controlar. Porque va todo demasiado deprisa. Porque no somos conscientes del traumaque tenemos encima y que lo que hemos pasado nos ha dejado marcados para siempre. Pero nosotros miramos a otro lado. Huimos de aquellos que tratan de aconsejarnos para que retornemos a la senda. Y, al final, los alejamos de nuestra vida porque molestan. A nadie le gusta escuchar cosas que le desagradan.

Yo, después del secuestro, también aceleré y perdí el control de mi vida. Hice cientos de cosas de las que me arrepentiré el resto de mi vida. Traté a las personas que más me quieren (en especial a una) como trapos. Perdí el norte, el sur, el este y el oeste. Y me quedé solo. Vaya que sí lo hice. Y comencé a dar tumbos por la vida. Hasta que un día me di un hostión. Perdí lo más preciado que tenía por haberlo maltratado durante más de un año. Aguantó y aguantó hasta que ya no pudo más...

Y en ese momento es cuando te miras al espejo y te das cuenta de que te has convertido en una persona que no reconoces. Y que, por primera vez en tu vida, eres consciente de que estás autodestruyéndote. Y decides, año y medio después de recuperar tu libertad, que necesitas ayuda. Necesitas ayuda porque tienes que salir del agujero en el que te has metido tú solo. No. Aquí no te han obligado a entrar, lo has hecho por voluntad propia. Y ahora, después de ver dónde estás, rompes a llorar porque quieres recuperar tu vida anterior.

Me da pena Ángel. Muchísima. Porque le quiero. Porque me veo reflejado en él. Porque me imagino cómo se debe sentir en un día como hoy. Me duele ver cómo compañeros de profesión se están cebando con él echando más gasolina a su ya de por sí delicada situación.

Ángel, por favor, cuídate. Hazlo por los que te quieren. Pero sobre todo por ti. No te autodestruyas. Te quiero, hermano«.

 

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