Ágatha Ruiz de la Prada: «Nunca voy a superar mi divorcio»

En Sevilla. La diseñadora asistió como invitada al Sicab de la capital andaluza. / ancee
En Sevilla. La diseñadora asistió como invitada al Sicab de la capital andaluza. / ancee

Ágatha Ruiz de la Prada confiesa:«Que Carmen Martínez Bordiú hubiera estado tan enamorada de 'El Chatarrero' fue lo que me hizo seguir adelante»

ARANTZA FURUNDARENA

Siempre fue única, grande (de España) y libre. Pero desde que se divorció (o mejor dicho, la divorciaron), Ágatha Ruiz de la Prada está más suelta que nunca. El fucsia chillón, su color emblemático, se queda pálido al lado de la intensidad que ha cobrado su vida. Con 58 años y unos 15 kilos menos, Agatha va y viene y por el camino se entretiene. Un día te la encuentras en Sevilla y al siguiente, en París. O en una fiesta en Madrid, recogiendo un premio con su singular pareja, Luismi Rodríguez, 'El Chatarrero'. O explorando la selva de Costa Rica junto a Jesús Calleja, vestida de 'Minnie Mouse' mientras confiesa entre risas que tuvo algunos escarceos («pocos para los que debería haber tenido») cuando estuvo casada con Pedro Jota.

El viernes de la semana pasada, Agatha ejerció de invitada estelar en el Sicab de Sevilla, la muestra internacional de caballos de pura raza española más importante del mundo. Por el salón de este año han pasado, entre otros, la Infanta Elena, Carlos Baute con Astrid Klissans, Paloma Lago, el futbolista Joaquín, el cocinero Ramón Freixa y la cantante Lolita. Ataviada con uno de sus vestidos de terciopelo rosa y escote en forma de corazón, la marquesa de Castelldosríus y baronesa de Santa Pau; es decir, Ágatha Ruiz de la Prada, disfrutó al galope de la noche sevillana...

«Yo monto fatal. El año pasado me caí de un caballo y me rompí la mano. Pero vengo de una familia para la que los caballos son religión. Y los animales en general, más importantes que las personas. Una tía mía montó todos los días de su vida hasta los 90 años». Con antecedentes familiares tan a lo Gerald Durrell, la excentricidad de Ágatha se da por sobrentendida. «Mis paseos por el campo con todos mis perros a lo Brigitte Bardot me parecen la pera», proclama.

Y es que Ágatha tiene un montón de chuchos. La última, una perrita labrador obsequio de la empresaria María Benjumea a la que piensa llamar 'Miou-Miou'. También están 'Tupac', 'Jimmy'... E incluso uno llamado 'Jota'. «Sí -frunce el ceño con fastidio-, era el perro del innombrable, pero es mucho mejor persona que él». Huelga decir que el innombrable es su célebre exmarido. Ágatha le llama así desde que él le comunicara (tras treinta años de convivencia y a los tres meses de su boda) que quería irse con otra. «Han pasado dos años y pico de mi separación -echa cuentas-, pero estas cosas nunca se superan del todo. Me he enterado de que él está aquí al lado, en el hotel Alfonso XIII, y me ha dado una rabia... No me apetece nada estar siquiera en la misma ciudad. Me ha quedado un mal rollo horrible con este tío. Mira que es grande España como para tener que coincidir los dos en Sevilla».

La extraña pareja

Tampoco guarda buen recuerdo de sus inicios como novia del propietario de Desguaces La Torre. «Tenía nueve micrófonos siguiéndome. Aquello parecía 'Gran Hermano'. Yo de estas cosas no hablaría ni cobrando, pero estar dando todos los días el parte gratis no puede ser», protesta. Ambos han recogido esta semana el premio de la peña Cuarto Poder en la categoría 'Extraña Pareja', título que resume su relación desigual e intermitente. La extrema modernidad de Ágatha choca con la imagen de Rodríguez, un tipo chapado a la antigua. «No creas. Es todo un personaje», matiza ella. 'El Chatarrero' además fue novio de Carmen Martínez Bordiú, que dijo haberse enamorado de él «hasta las trancas»... «Eso fue lo que me hizo a mí tirar p'alante», confiesa Agatha enigmática, al tiempo que asegura que «Carmen es un amor y jamás le haría una faena. Ahora somos todavía más amigas».

Con todo, Luis Miguel Rodríguez no es su mayor tesoro, sino sus hijos, Cósima y Tristán, que han decidido continuar el negocio de su madre. «Se me cae la baba con ellos. Hay que ver lo poco que les doy y lo mucho que lo aprovechan. Desde que nacieron. Qué chollo. El innombrable era un desastre, pero la verdad es que los niños nos han salido fenomenal».

Dado que Neguri y la alta burguesía catalana corren por sus venas, le pregunto a Ágatha si, en el caso de que volviera a nacer, le gustaría hacerlo en una familia de clase obrera... «No -replica al instante-. Conozco a demasiada gente que padece inseguridad social. Y yo habré tenido muchos problemas en la vida, pero ese nunca».

 

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