EL VERANO

Paco Belmonte, durante su comparecencia del pasado viernes. / Antonio Gil / AGM
Paco Belmonte, durante su comparecencia del pasado viernes. / Antonio Gil / AGM
Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

El verano me ha gustado porque he visto a bastantes niños correteando por playas y calles de La Azohía con camisetas del Efesé. Cuando yo era niño nadie andaba por allí con la albinegra. Me ha gustado el verano porque una mañana en Mojácar iba yo con la camiseta verde que el Efesé usó en los partidos a domicilio en la temporada 2016-17 (en mi opinión, la más bonita de estos últimos años) y me reconoció un socio del Real Murcia. Charlamos animadamente un rato al borde de la piscina y me confesó que le daba envidia la situación del Cartagena. Y que otra vez Belmonte estaba fichando a los mejores jugadores de la categoría. El día anterior se habían anunciado las llegadas de Verza y Quim Araujo. «Ficha muy bien el Cartagena», me soltó. Este chico no tiene Twitter, pensé yo tras despedirme del amigo grana.

El verano me ha gustado porque la masa social del Cartagena sigue creciendo. Este domingo, cuando la pelota eche a rodar por vez primera en el Cartagonova, seremos casi siete mil los cartageneros que hayamos sacado nuestro carné de abonado. La cifra es estupenda, sobre todo por venir de donde venimos y porque el Efesé solo puede contar con aficionados potenciales de su municipio. Si te sales un poco de los límites de la ciudad y pisas La Unión, Torre Pacheco, San Javier, Los Alcázares o Fuente Álamo hallarás muchos más murcianistas que cartageneristas. Tres o cuatro granas por cada albinegro. Esto no cambia. Y parece que es una batalla perdida.

En cambio, no me ha gustado el verano porque, de nuevo, Belmonte y Breis han acometido una limpieza en el vestuario que se me antoja excesiva. Nos estamos acostumbrando a que el Cartagena cambie cada año a 15 o 16 futbolistas y, por más que sea la tónica predominante en Segunda B, no me parece demasiado normal. El Cartagena sumó 75 puntos el curso pasado, su récord histórico en Segunda B. No subió, de acuerdo. Pero eso no invalida lo anterior.

Joao Costa, Óscar Ramírez, Jesús Álvaro, Josua Mejías, Moyita, Julio Gracia y Rubén Cruz eran jugadores perfectamente aprovechables en este nuevo proyecto. Más dudas me generaban los casos de Vitolo y Aketxe, pero es posible que los sustitutos de ambos lo tengan complicado para mejorar sus prestaciones en este nuevo campeonato que arranca este domingo a orillas de Benipila. Es justo decir que la relación no siempre se ha roto por culpa del club. Joao Costa ha elegido ir al Mirandés. Y Josua Mejías ha apostado por jugar en el filial del Atlético de Madrid. No sabemos si Belmonte está aún a tiempo de recuperar a Moyita. Sería un gran acierto, sin duda.

No me ha gustado el verano por la fea salida de Cristo Martín, referente del 'Belmontismo' hasta que todo saltó por los aires. Por el dinero, como siempre. Es el fútbol. Cada vez más. Y cada vez peor. Por culpa del dinero estamos todavía asistiendo a nuevas entregas del culebrón del verano, el de la salida, renovación y quien sabe si finalmente salida de Elady Zorrilla del club. Lo que peor me sabe de esta historia es que fuera el propio futbolista, tras sonreír junto a Sánchez Breis en la foto de su renovación, el que se ofreciera directamente al Burgos, saltándose incluso a su representante.

Para acabar, lo último del verano fue la rueda de prensa del pasado viernes de Paco Belmonte, quien salió a hablar con el machete entre los dientes y el pulso acelerado. De esa intervención, que siguió a la presentación de Lucas de Vega y tuvo sus luces y sus sombras, no me gustaron nada sus amenazas al respecto de una hipotética venta del club a chinos o árabes. Debe saber el presidente que es estéril meterle miedo al personal con coger la puerta y permitir que vengan de fuera a cargarse el fútbol cartagenero. No hace falta irse tan lejos, ya que históricamente fueron directivas formadas por propios cartageneros las responsables de los mayores desastres del Efesé (que han sido muchos) a nivel deportivo, económico y social.

Que por aquí estamos acostumbrados a caer. Y nos levantamos. Siempre hay gente dispuesta a mantenerse en pie. Con más o menos dignidad. Y que se pueden perder tres ascensos seguidos. Pero lo que no se puede perder nunca es la compostura.