La Verdad
FC Cartagena
Sergio Jiménez, Menudo y Mariano Sánchez, cabizbajos tras el 1-3, mientras los aficionados del fondo se marchan del Cartagonova. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

Precipitados por el ascenso

  • Un Cartagena ansioso y torpe naufraga de manera imprevista ante un Avilés letal al contragolpe

  • Fue una mañana nefasta que terminó con un tanto de Camochu que deja a los de Tevenet a expensas de un milagro en tierras asturianas

Todo salió al revés. El Cartagena quería mucho sol y mucho calor. Y hubo lluvia antes del partido. Y nubes y aire fresco de Levante durante el partido. Y sol -mucho sol y calorcito- cuando todo había terminado. Salió el sol y se fueron las nubes para que los aficionados del Avilés pudieran ponerse morenitos tras el crudo invierno asturiano, mientras vitoreaban a los suyos cuando se subían al autobús. Hacía ya un rato que los del Cartagena se habían marchado cabizbajos por el puente del Cartagonova, por ese puente de los lamentos que los aficionados albinegros ya empiezan a aborrecer. Siempre que llega un día grande, los cartageneristas tienen que acabar cruzándolo con el corazón helado y el nudo en la garganta, masticando en silencio el disgusto nuestro de cada año.

Fue una mañana horrorosa. Empezó mal y terminó peor. Porque si el 1-2 ya era nefasto para el Efesé, lo que nunca tendría que haber llegado fue el 1-3. De un error de Zurdo y Sergio Jiménez -el chico de Los Belones descubrió ayer lo cruel que puede ser el fútbol profesional- llegó el tanto en el último minuto de Camochu, que convirtió la tortura en condena. Los albinegros sabían que el contragolpe avilesino era mortal. Y sin embargo, acelerados por un intento de remontada en el que solo hubo corazón, los de casa se pegaron un tiro en el pie y concedieron un tercer gol que suena a despedida.

Hizo el Cartagena la peor primera parte del año en el encuentro más importante de la temporada. Algunos le echaron la culpa a Tevenet, por su propuesta, pero el 'once' fue el mismo de los éxitos de la primera vuelta, con la entrada del enrachado Menudo por el desaparecido Fede y los cambios en los laterales. Súper y Dani Ruiz tienen un nivel idéntico. Y Zurdo tuvo que jugar porque Riau, quien nunca debía haber jugado la semana pasada ante el Écija, estaba lesionado. Como De Lerma.

Paralizados

Zurdo estuvo mal. Como todos. Nadie estuvo a su nivel en un Cartagena al que le pesó la responsabilidad. El problema es que a Zurdo, al que se vio más en ataque que en defensa, le ganaron la espalda con facilidad. Pero el naufragio fue generalizado. No se entiende que los albinegros quedaran paralizados por la responsabilidad de jugar por ascender, ya que por vez primera en muchos años el Efesé no partía como favorito y sus jugadores debían salir sueltos al campo, con la tranquilidad que da el haber conseguido el objetivo tras una temporada notable.

En el primer gol, el lateral Nacho López le ganó la espalda a Zurdo y marcó en posición dudosa. Curiosamente, el asistente que aburrió a los locales en el segundo tiempo no tuvo ninguna duda en la jugada del 0-1 (ajustada, como poco) y salió pitando hacia el centro del campo, convencidísimo, en cuanto el buen remate del lateral asturiano cruzó la línea de gol.

Ya había avisado el Avilés antes del gol. Lo había hecho con disparos muy lejanos y poco peligrosos de Ito y Cusi. Pero el problema no era que mandaran los de Uribe. Ni siquiera el 0-1, ya que los de Tevenet se han especializado en remontar partidos durante estos nueve meses. Remontaron el primero, la noche de El Palo. También podían remontar uno de los últimos, la mañana del Avilés. Pero es que las cosas no funcionaban. Nadie pedía la pelota al pie. Marcos Rodríguez correteaba, pero estaba muy impreciso. Carlos David, el jugador más regular durante todo el curso, estaba absolutamente desconectado. Y desquiciado. Fuera del partido. Y Antoñito y Menudo ni aparecían. Así, Astrain y Súper eran los encargados de iniciar las jugadas. Y, evidentemente, el Cartagena no le hacía ni cosquillas al Avilés.

A los 30 minutos, se vino Menudo al centro, para conectar con Antoñito y repetir ese cuarto de hora mágico del primer tiempo ante el Cádiz. Pero no se repitió. Lo único que pudieron sacar los dos exteriores sevillanos fueron un par de saques de esquina y un libre directo en la frontal. En dos ocasiones reclamaron penalti los futbolistas locales. El primer y único disparo entre los tres palos del Cartagena en el primer acto lo hizo Astrain en el minuto 42. Eso lo dice todo.

La cosa empeoró en la primera jugada de la reanudación, cuando los de casa salieron dormidos y Omar, con un derechazo de superior categoría, hizo temblar a la Efesemanía (poco más de 4.500 personas). El extremo del Avilés es un estupendo futbolista, con un ascenso a Primera con el Sporting en su currículo. Y a jugadores de esa talla no se le puede conceder ni un milímetro. La zaga albinegra le dio metros. Y tiempo para pensar. El resultado de ese error fue el 0-2.

Pero como estos obreros de Tevenet tienen un corazón que no les cabe en el escudo se vinieron arriba y respondieron enseguida, con una buena jugada de Antoñito -definitivamente más entonado por la izquierda- que acabó con varios rechaces en el área pequeña. Megías marcó con la templanza del ariete que es, demostrando que cuanto más cerca está de la portería, mejor le van las cosas al equipo. Pero ayer jugó muy lejos de ella y muy escorado a las bandas.

Llegaron los mejores minutos del Cartagena y el 2-2 parecía muy cercano. Era un mal menor. Una victoria moral, desde luego. Y lo dejaba todo abierto para la vuelta. Marcos Rodríguez y Carlos David seguían perdidos, pero los balones llegaban a Antoñito y Menudo, gracias a la combatividad de Astrain y Mariano Sánchez y la calidad de Zurdo. Pero los atacantes albinegros cayeron una y otra vez en la trampa del fuera de juego. La zaga del Avilés -temeraria por momentos- adelantó muchísimo su línea, al compás del formidable Gonzalo. Y Fernando, Menudo y Megías se olvidaron de pensar y solo jugaron con el corazón.

Las prisas por pisar el área contraria hicieron que una decena de jugadas de ataque fueran cortadas por el ligero banderín del asistente de Preferencia. Fernando rozó el empate. Pero lo que llegó fue el tanto de Camochu, claramente evitable. Ahora, solo un milagro puede cambiar el panorama de los blanquinegros, que por primera vez en esta temporada es mucho más negro que blanco.