Pablo Caballero: «40 millones de personas quieren ser futbolistas en mi país y yo lo conseguí»

Pablo Caballero posando ayer en el Cartagonova para 'La Verdad'. :: /antonio gil / agm
Pablo Caballero posando ayer en el Cartagonova para 'La Verdad'. :: / antonio gil / agm

«Vengo curado de espanto de Argentina. Estando acá me choca cómo se vive el fútbol allí. La crítica es feroz e injustificada», dice Pablo Caballero Delantero del FC Cartagena

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

El argentino Pablo Caballero (Totoras, Santa Fe, 1986) pasó de un día para otro de jugar con los amigos en el «campito» de al lado de su casa, en un pueblo de 10.000 habitantes situado a 50 kilómetros de Rosario, a entrenarse con las mejores promesas de Racing Club de Avellaneda, uno de los grandes clubes del fútbol argentino. Tenía 15 años y el salto a la gran ciudad, esa Buenos Aires gigantesca e inabarcable, «fue francamente difícil», confiesa el delantero del Cartagena, autor del primer gol de los de Munúa en la victoria del pasado domingo ante el Algeciras (2-0).

-¿Cómo fue aquello?

-Jugaba en Santa Fe y surgió la oportunidad de ir a Racing. Mis padres me dijeron que hiciera lo que me apeteciera. No me presionaron para irme. Al contrario, me dijeron que el día que no quisiera seguir les llamara y me volvía al pueblo. Yo lo pasé mal al llegar a Buenos Aires. Es la verdad. Todo era nuevo para mí y me vi solo. Me perdí muchas cosas en casa, muchos afectos y cumpleaños. Muchas cosas a nivel familiar se quedaron por el camino. Viví en una pensión, con otros chicos de la cantera de Racing. Y aprendí a desenvolverme solo, a hacerme la comida y a tomar autobuses para ir a todas partes. No me hago la víctima ni intento dar lástima. Fue lo que elegí y lo volvería a hacer. Desde muy pequeñito quería ser futbolista profesional. Piensa que en Argentina todo el mundo quiere ser futbolista. Los 40 millones de habitantes del país querrían serlo. Es una locura aquello. Y yo lo conseguí.

«Con 15 años me fui solo a Buenos Aires y aprendí a desenvolverme. Fue difícil, pero era lo que quería» Sus inicios

-Usted llegó a la élite. Tuvo una recompensa a tanto sacrificio. Otros muchos se quedan por el camino.

-Sí. Tuve esa suerte. Debuté con el primer equipo de Racing, que entonces estaba muy mal. Nos tocó subir al primer equipo en una situación difícil que atravesaba el club, luchando por no bajar. Éramos varios [Romero, Mercado, Yacob, Moralez y él] que vivimos muchos momentos juntos en inferiores de Racing y todos subimos a la vez al primer equipo. Éramos muy jóvenes. Y tuvimos que hacernos hombres siendo muy chicos. Después, me fui a Tigre cedido y luego al Guaraní de Paraguay, donde jugué Copa Libertadores. Fue una experiencia increíble. Volví a Racing, donde terminé jugando de nuevo y marcando goles importantes para la salvación. Hoy, Racing pelea por todos los títulos con Boca y River y está de maravilla. Entonces, como le pasó al Atlético de Madrid, era un grande en apuros. Fue una experiencia que me marcó de por vida [él anotó el gol de la agónica permanencia de Racing en 2009 contra Godoy Cruz].

«Un día llegamos de un partido fuera de casa y nos encontramos las ruedas de todos los autos pinchadas» Amargura en Ferrocarril Oeste

-Y con 26 años salió de Racing...

-Necesitaba un cambio. Me fui a Almirante Brown, en Segunda argentina. Me fue muy bien y después fiché por el Qingdao chino. Tres años seguidos me salió la oportunidad de ir a China y a la tercera decidí irme. Esos seis meses en China me vinieron de maravilla. Lo deportivo es anecdótico. Soy persona antes que futbolista. Acepto las críticas y sé cómo funciona esto. Pero en mi país, a veces, las cosas se van de madre. Yo salí de Argentina porque necesitaba ganar calidad de vida y la experiencia en China fue increíble. Fui con mi señora, con la cabeza abierta, a meterme en su cultura y a vivir como viven ellos. Y esa etapa de China fue muy linda. Me vino en el momento perfecto de mi carrera.

-Y volvió a su país.

-Eso es. Volví a Ferrocarril Oeste, otro grande de Argentina que estaba en Segunda, absolutamente devastado y con un montón de problemas. Teníamos la obligación de ascender y no se dio. Se ficharon jugadores de Primera, pero no pudimos subir con Ferro. Y fue una experiencia amarga. Un día llegamos de un partido fuera de casa y cuando el autobús nos dejó en el aparcamiento donde estaban estacionados nuestros autos vimos que nos habían pinchado todas las ruedas. La crítica era durísima, muchas veces feroz e injustificada, llegando a lo personal. En Racing, por ejemplo, había 30 radios siguiendo el día a día del equipo. Allí, si ganas eres un fenómeno. Y si no ganas no te quiere nadie.

-Aquello es otro mundo.

-Vengo curado de espanto de Argentina. Estando acá me choca cómo se vive el fútbol en mi país. La sociedad en Argentina necesita el fútbol para descargarse de otras cuestiones. La semana de cada persona depende de si su equipo ha ganado o ha perdido. Yo he conocido otras culturas y he madurado y ahora lo veo con otra perspectiva. Me parece que todo se lleva al extremo. Cuando lo hablo con compañeros míos que están en Argentina se sorprenden. No entienden que yo no vea normales determinadas cosas que pasan allí.

«Este club lleva tres años rozando el ascenso y eso quiere decir algo. Sentí sus ganas de que yo viniera» El proyecto del Cartagena

-Entonces esto le parecerá coser y cantar. Entiendo que en España su vida es radicalmente distinta.

-Sí, desde luego. Yo puedo ir con mi hijo al parque o pasear por Cartagena con total normalidad. Nadie te dice nada por la calle y el que te para es para darte unas palabras de aliento. Yo tengo familia en Alicante y en Oviedo, en ambos casos por parte de mi abuelo, que es zamorano. Por él tengo la nacionalidad española. Había estado de visita en España, recorriendo las raíces de mi abuelo. Y quería jugar aquí. Por eso, cuando surgió lo del Lugo, ni me lo pensé. Y eso que yo tuve que ceder mucho. Vine en unas condiciones poco ventajosas para mí, pero acerté. Hice muchos goles y luego me fichó el Almería. Llevo cinco años en España y estoy muy feliz.

-¿Por qué funcionó usted tan bien en Lugo y tan mal en Almería?

-Porque el delantero vive de rachas y de confianza. En Lugo jugué y las cosas salieron. Aposté por el Almería y las cosas no salieron como me esperaba. No tuve la misma continuidad y tampoco pongo excusas. No me hago la víctima y tampoco me arrepiento de haber firmado por el Almería. No me fue bien y ya está. Es una experiencia más.

-¿Por qué le llaman 'Pali'?

-Pali, Cabeza, Palillo... Pali es diminuto de Pablito. En el pueblo todos tenemos apodo desde niño y ese es el mío.

-Su hermano Bruno juega en el Águilas. ¿Y eso?

-Es defensa central y tiene cuatro años menos que yo. También se formó en las inferiores de Racing. Luego estuvo en la Liga de Ascenso argentina y tuvo un paso por el fútbol uruguayo. Se vino al Racing Villalbés, en la Tercera gallega, cuando yo jugaba en el Lugo. Estuvieron a punto de ascender a Segunda B. El entrenador del Villalbés había sido segundo de Quique Setién [su primer entrenador en tierras lucenses] y yo recomendé su fichaje. Me preguntaron y yo le di con todo para adelante. Es mi hermano y lo puse por las nubes. Para mí es un fenómeno (se ríe). Luego vino a Pulpí, estando yo en el Almería. Pero ahí fue casualidad. Yo no lo recomendé. Y del Pulpileño pasó al Águilas. Está contento y nos juntamos mucho. Siempre tuvimos mucha conexión y es bueno tenerlo tan cerca.

-¿Por qué eligió el Cartagena?

-El delantero vive de las estadísticas y siempre es un fenómeno cuando hace goles y no vale para nada cuando no los hace. Cuando contacté con la gente de Cartagena, me pareció un club muy serio. Busqué información y hablé con compañeros que conocían el club y supe que las cosas se venían haciendo bien. No conozco la categoría y ahora me estoy acomodando un poco en ella. El Cartagena lleva tres años rozando el ascenso y eso quiere decir algo. El club ha hecho un sacrificio para traerme y yo estoy muy contento. Sentí ese cariño y esas ganas que ellos tenían de contar conmigo y me decidí. Tenía ofertas de Primera en Argentina, pero preferí esta opción.

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