Brau, el cartagenero de Santa Pola

Vicente Brau en un partido contra el Hospitalet jugado en septiembre de 1992. / archivo la verdad
Vicente Brau en un partido contra el Hospitalet jugado en septiembre de 1992. / archivo la verdad

«Pasé cinco años fantásticos en el Efesé y la única pena que me queda es que aquel equipo no subiera», asegura

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

También se puede sentir uno cartagenero habiendo nacido a 92 kilómetros de aquí. Concretamente, en la localidad alicantina de Santa Pola. Es lo que le pasa a Vicente Brau, que ahora tiene 52 años y quien vistió la camiseta del Efesé en 182 ocasiones durante cinco temporadas, entre 1989 y 1994. «Me crié en el Hércules, donde debuté con 17 años y jugué en Primera con 19. Al final, estuve cinco años en Alicante y otros cinco años en el Cartagena. Mi segundo equipo es el Cartagena, lo sigo cada semana y veo sus partidos por televisión. El año pasado vi con mis hijos el de Majadahonda y aún no entiendo qué pudo pasar para que no ascendiéramos ese día. Confío en que esta temporada no se escape. Esa afición ha sufrido mucho y ya se merece una alegría», cuenta Vicente Brau a 'La Verdad' desde su casa de Santa Pola.

Para quien no tuvo la suerte de verlo jugar, habrá que recordar que se trataba de un mediocentro diestro de exquisita calidad, de esos que llevan la pelota pegada al pie y la cabeza siempre alta. Competía en Segunda B con aquel Cartagena que se quedó a las puertas del ascenso en el 91 y el 92, pero sus conducciones, sus pases y sus fintas eran de superior categoría. Era un '6' y un '8'. Muy elegante. Un 'jugón' que destruía y creaba. Le faltaba gol y no tenía velocidad para jugar en banda, pero en lo suyo era buenísimo. Se adaptaba perfectamente a los dos roles del doble pivote, al más defensivo y al más ofensivo.

«Pasé cinco años fantásticos en el Efesé y la única pena que me queda es que aquel equipo no subiera. Lo merecía la afición, que llenó el Cartagonova en aquellos partidos contra el Alavés, el Sporting, el Badajoz, el Getafe o el Racing de Santander. Y el grupo de jugadores, que éramos todos como una familia. Un grupo de amigos con mucha gente joven, con edades e inquietudes parecidas. Y había mucha gente de Cartagena, salida de la cantera. Yo venía de la cantera del Hércules, donde bajamos rápidamente de Primera a Segunda B y no se creía en los de casa. Y esa apuesta por la cantera del Cartagena me gustó desde el primer día», cuenta Brau, quien vuelve «un par de veces» al año a Cartagena. Es muy amigo de Rai.

«En el 90 no podía pagar el piso y me escondía cuando venía el casero. La llegada de Belda lo cambió todo a mejor», recuerda

«En el 89 me trajo Parreño, que me conocía del Hércules. Y ese primer año, aunque fue un calvario porque no cobrábamos y tuvimos incluso que encerrarnos en el vestuario, lo recuerdo con mucho cariño. Jugábamos muy bien, había un montón de cartageneros en el equipo y el vestuario era una piña. El problema era fuera del campo, que no nos pagaban. Yo no tenía para pagar el piso y me escondía cuando venía el casero. Era terrible. En el verano del 90 todo cambió a mejor gracias a la llegada de [José Luis] Belda a la presidencia. Empezamos a cobrar con normalidad, se reforzó el equipo con buenos jugadores y en la segunda vuelta, tras el cambio de Parreño por Voltaire, hicimos una remontada histórica», señala.

Él fue suplente en el recordado 0-3 del Rico Pérez ante el Hércules. Dos años antes se había marchado de allí. «Me dijeron muchas cosas en el calentamiento y me lo tomé con naturalidad. Son cosas del fútbol. Nosotros ganamos porque estábamos mucho mejor que ellos», recuerda Brau, quien desde hace once años dirige una empresa con sede en Elche que está especializada en venta de material deportivo. «Uno de nuestros clientes es el Elche CF», apunta.

Retirada prematura

De los ascensos perdidos, recuerda con más amargura el de Badajoz en el 92. «Porque allí fallamos nosotros y no estuvimos a la altura. Un año antes nosotros hicimos lo que debíamos en Córdoba. Y en Getafe pasó lo que pasó y eso se nos escapaba», dice. Ese partido de Badajoz lo cambió todo. «Siempre digo que el resultado de un partido importante puede cambiar la historia de un club. Y eso nos pasó. Estábamos para subir a Segunda. No lo hicimos y vino Luiche, que no cuajó. Se fueron varios compañeros y al siguiente año las cosas ya no fueron igual. En el siguiente, en la 93-94, tampoco fue lo mismo. Hubo más problemas. Los dos años fuimos quintos y no pudimos jugar la promoción de ascenso».

En junio del 94, con solo 27 años, se metió en el quirófano pensando en que iba a ser poca cosa. «Y era mucho más de lo esperado. Tenía una condropatía rotuliana y los médicos me dijeron que tenía que retirarme. Quise seguir intentándolo y Crispi me llevó al Córdoba. Era un proyecto muy bueno y, de hecho, quedaron campeones. Me pagaban mucho más que en el Cartagena. Pero fui legal. La rodilla me dolía y no estaba para jugar. Y en pretemporada me volví a casa. En diciembre me pidieron que jugara en el Santa Pola y eché una mano para conseguir que el equipo de mi tierra subiera a Tercera División. Antes de los 29 años tuve que colgar las botas y un tribunal médico me dio la invalidez permanente».