«Hablé con Munúa y en La Línea decidimos parar para infiltrarme y mejorar»

Primer plano de Pablo Caballero. /
Primer plano de Pablo Caballero.

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

-Llegó un poco 'tieso', pero no había delanteros y tuvo que jugar nada más llegar. ¿Le pesó esa situación?

-Cualquier futbolista quiere jugar todos los partidos los 90 minutos. El jugador siempre cree que está a tope y no soy una excepción. Lo tomé como un desafío y sé que la manera de agarrar la forma perfecta es estar dentro del terreno de juego cada domingo. En ello andamos.

-Lleva dos goles y dos remates al palo. Con un pelín de suerte estaría ya en unos números notables.

-Yo tengo que estar ahí. Vivo del trabajo de mis compañeros y dependo del equipo. Necesito que me llenen a centros y lo mío es estar pendiente para rematarlos. Hay veces que rematas bien y va el balón al palo. Y otras veces la agarras mordida y el arquero se va al otro lado y entra la pelota. Es el fútbol.

-Ha sido suplente los dos últimos partidos. ¿Le sorprende?

-No. De hecho, lo hablé con Gustavo [Munúa]. El primer partido contra el Badajoz me torcí el tobillo y no paré. Eso me llevó a sufrir un dolor crónico importante en la zona del tendón de Aquiles y eso me imposibilitaba saltar. En los entrenamientos no podía hacer gran cosa. En la semana de La Línea de La Concepción me infiltré con corticoides y por eso decidimos parar. Sigo con calmantes, pero he mejorado mucho. Me vino bien parar.

-Vino en agosto, saliendo de Totoras a 1 grado y llegando aquí a 40. ¿Le costó aclimatarse?

-Un día de sol por la tarde allí teníamos 10 grados. Era cuando yo aprovechaba para entrenar. Pasaba frío, desde luego. Pero a la noche era peor, ya que la temperatura bajaba a -2º. No obstante, el año pasado en Almería sufrí más el cambio del invierno al verano en 24 horas. Aquí vine más preparado y me costó menos.

-¿Qué se ha encontrado en el vestuario del Cartagena?

-Me encontré un grupo nuevo, que se fue armando lentamente, ya que fuimos entrando poco a poco en el club durante el verano. Yo tengo muchas ganas y veo muchas ganas. He venido a hacer las cosas bien y eso hace que todo sea mucho más fácil. Mi niño ya está en el colegio y mi esposa está perfectamente adaptada. Está bueno llegar y en solo dos mes vernos perfectamente acoplados, en sintonía con el grupo en lo deportivo y muy contentos en el ámbito estrictamente familiar. Ayuda la seriedad que transmite el club, que tiene cosas que no había visto en otros de categorías más altas. En el vestuario hay mucha gente con ganas de hacer algo grande y de remar en la misma dirección.