Albacete

De profesora represaliada a alcaldesa

MAITE MARTÍNEZ BLANCO
Primero venció las reticencias de su partido para ser elegida como candidata y ahora ha conseguido el triunfo en las urnas

Carmen Bayod Guinalio era una anónima profesora de Economía, Hacienda y Sector Público de la Universidad de Castilla-La Mancha que saltó a los periódicos hace casi quince años, cuando el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Castilla-La Mancha reconoció que fue despedida por negarse a firmar un manifiesto en favor de Felipe González. Ese es el germen de la carrera política de esta «aragonesa de nacimiento, albaceteña de corazón y española por los cuatro costados», como ella misma se define.

Nació en Zuera, un pueblecito al norte de Zaragoza, la víspera del día del Carmen, el 15 de julio, de hace 61 años. Hija de un ingeniero del plan de colonización, pasó la niñez de ciudad en ciudad; así hasta que casada con otro ingeniero, Lorenzo Castilla, recaló en la ciudad de Albacete. De eso hace treinta años. Madre de un hijo, también ingeniero, fue abuela hace poco más de un año de dos mellizos, Loren y Alonso, a quienes se escapa a ver en cuanto puede. Y es que dice de ella misma que es «angustiosamente familiar».

En las urnas está acostumbrada a perder y dentro de su partido ha sufrido más de un agravio, del que nunca se ha quejado públicamente. Seguramente por eso ha sobrevivido en política. Quienes la conocen dicen que la perseverancia es su principal virtud.

En 1999 la profesora Bayod fue presentada como el fichaje estrella de un PP dividido, el de Juan Garrido y Emigdio de Moya. Con esos mimbres, los populares no podían cosechar otra cosa que una severa derrota en las urnas. Con los dos máximos dirigentes del PP dimitidos, -ni tan siquiera cogieron el acta de concejal-, Bayod se presentaba como la sucesora natural, la portavoz del PP en la oposición; pero entonces la dirección del partido prefirió confiar esta responsabilidad en otra persona, Héctor Esteve. Y aquí el primer agravio. Solo tuvo que esperar unos meses a que Esteve prefiriese el Congreso de los Diputados al Ayuntamiento, para así conseguir hacerse con la portavocía.

Pero no sería éste el primer revés que Bayod recibiría desde dentro. Cuatro años después, en el 2003, cuando se las prometía felices como candidata a la alcaldía apareció, por sorpresa, la farmacéutica Rosario Casado. Como premio de consuelo, el PP la mandó a Toledo, cuatro años como diputada autonómica, cargo que Bayod aceptó sin rechistar.

Su ambición por regresar a la política municipal no cesó, hasta que en 2006 por fin logró ser designada como candidata a la alcaldía. Y al año siguiente casi da la campanada: empate a 13 concejales con los socialistas y sólo 2.139 votos menos que el PSOE. Aquella derrota le supo casi a victoria. Cuatro años más en la oposición y de nuevo a trabajarse al partido, en esta ocasión a Cospedal, para que volviese a confiar en ella como cabeza de cartel. Casi hasta el último momento el PP mantuvo la incógnita. Entre rumores de que había algún 'tapado' para la alcaldía, por fin, en diciembre se deshojó la margarita: si el Partido Popular ganaba estas elecciones, Carmen Bayod sería alcaldesa.

Y así ha sido. Políticamente se define como liberal y quienes la rodean aseguran que el afán por la perfección es una de sus virtudes, «siempre está pendiente hasta del último detalle». Admite también ser una mujer coqueta. Sus adversarios la han censurado por rehuir los debates cara a cara, una crítica que parece no haberle importado.

Austeridad es la palabra que más ha repetido en esta campaña electoral esta mujer que se declara amante del deporte, aficionada a la montaña mucho más que a la playa y buena lectora, que el día 11 de junio cogerá la vara de mandato de la alcaldía.

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