Una taza de té con reivindicaciones

Varias integrantes de la asociación de angloparlantes Adapt, durante su reunión semanal 'Knit and natter' en El Mojón. / P. melgar
Varias integrantes de la asociación de angloparlantes Adapt, durante su reunión semanal 'Knit and natter' en El Mojón. / P. melgar

Los residentes británicos podrán votar en las municipales, pero se sienten olvidados

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

«¡Excuse me, ladies!», silencia con una palmada Pat Petts, una risueña jubilada de Yorkshire, encantada de vestir con tirantes nueves meses del año en El Mojón (San Pedro del Pinatar). Cada lunes, con puntualidad británica, se reúnen a las tres de la tarde -para los españoles, la hora del postre; para los británicos, de la merienda- en el grupo de 'Knit and natter', algo así como 'tejer y charlar', de la asociación de angloparlantes Adapt. Si no fuera por sus bermudas estilo Capri, esta docena de adorables damas inglesas, que alternan el sorbo de té con las agujas, podrían protagonizar una escena de Jane Austen.

Su educación de salón tan 'british' no les impide soltar sin ambages que «los ingleses nos sentimos ignorados». «En otras elecciones han venido algunos políticos a hablarnos, pero esta vez ni eso», comenta la escocesa Irine, convencida de que «hace falta un cambio». Se confiesan más bien ajenas al devenir político local, pero desenfundan prontas el móvil para mostrar un álbum de fotos completo sobre las reiteradas inundaciones en sus calles. «Esto sucede desde hace años, no podemos salir de casa, el agua se estanca y nunca ponen remedio», muestra la londinense Liz.

El dato

13.371
británicos empadronados en la Región de Murcia, según datos del Instituto Nacional de Estadística de 1 de enero de 2018.

Los ingleses tienen una palabra para referirse a la añoranza del hogar, 'homesick', que estas damas no sienten en absoluto. «No, nada de nostalgia, vamos a menudo a ver a la familia, y ellos vienen aquí, hay buen clima, tranquilidad, sol y mar», explica Loretta, encantada de «la buena calidad de vida, poder caminar y andar, no hay aburrimiento». Mientras deslía su ovillo color polluelo, el frente norte ataca de nuevo. «El problema es que te atiendan en las consultas médicas. Si no es algo urgente, puedes esperar casi un año», apunta la escocesa Mary Ennis.

No terminan de entender el cierre del aeropuerto de San Javier y menos aún por qué no hay vuelos con las tierra altas de William Wallace. «Cerraron el aeropuerto porque los militares quieren hacer un museo propio», explica una de las tejedoras, quien destapa la caja de los truenos de las comunicaciones en la costa. «Si conduces es más fácil ir a Corvera, pero si no, es más recomendable Alicante», explica Mary, refrendada por su compatriota, que ve deficiente el servicio de autobús del nuevo aeródromo. «Hay pocos y los horarios no coinciden con los vuelos», confirma.

Dos pesadillas alteran su apacible vida entre el punto calado y el ojo de perdiz: el 'Brexit' -«no hablemos más de esto, por favor», ruega Pat- y la burocracia española. «Quieren papeles, papeles y papeles», se asombra Loretta. Para la mayoría, hacer un trámite es peor que un té sin leche. «No hay personal que sepa hablar inglés y no entendemos todo lo que nos piden», opinan al unísono. «Tampoco entendemos a los candidatos», opina Hetha, quien sin embargo cree que «el Gobierno español nos ha amparado al garantizarnos el seguro médico».

Salto al sufragio activo

Algunos residentes británicos con solera han dado ya el salto a la política activa. Las listas socialistas son un granero de candidatos ingleses que dieron el paso para «informar a los residentes británicos y ayudarles en la vida aquí», explica Roger Glynn, integrante del PSOE de San Javier. Se involucró con la plataforma del aeropuerto ante la amenaza del cierre y se ha convertido en una especie de mediador con sus compatriotas para guiarlos para empadronarse, pagar un recibo o ir al médico. «Este sitio es mágico, pero los ingleses agradecerían tener al menos una persona a la que acudir», explica Roger. Joanne Patricia Scott, en la lista del PSOE alcazareño, lamenta que «había buenos servicios a los extranjeros, pero hace tiempo que nos dejan al margen y están ignorando a una parte importante del pueblo». Asegura que los británicos quieren «un canal de comunicación en su idioma, y que haya entretenimiento donde viven, música, fiestas». Sus principales quejas apuntan al desamparo que sienten cuando son víctimas de un delito y tienen que pagar a su propio traductor para poner una denuncia.

En el municipio con mayor concentración de ingleses, Mazarrón, la multilingüe Silvana Buxton aceptó integrarse en la lista del PSOE «para solucionar los problemas de la urbanización Camposol». «No tenemos alumbrado público y las calles están hundidas, así que los vecinos me animan a convertirme en un puente entre los españoles y los ingleses», comenta la candidata. Como jueza de paz que fue en Inglaterra, quiere «conseguir lo que merecen por derecho y ser la voz de los extranjeros de Mazarrón».