Los candidatos desvelan sus trucos para no fallar ante los micrófonos

Fernando López Miras (PP), Diego Conesa (PSOE), Pascual Salvador (Vox), Isabel Franco (Ciudadanos) y Óscar Urralburu (Podemos)./LV
Fernando López Miras (PP), Diego Conesa (PSOE), Pascual Salvador (Vox), Isabel Franco (Ciudadanos) y Óscar Urralburu (Podemos). / LV

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANERO

Toc, toc. ¿Se oye? Sí, sí, probando, probando... No cabe duda, es época de mítines, de hablar en público, de encarar un auditorio. No se trata de convencer a nadie, porque el personal suele ser afín, sino de ganarse a la parroquia: es decir, que aquel que ya te va a votar, además te crea. Y ahí entra en juego todo un surtido de trucos, latiguillos y coletillas, gestos y miradas; una panoplia de recursos con la que cada candidato busca congraciarse con los suyos. Lo que haga falta menos aburrir, «porque dentro de dos semanas casi nadie se va a acordar de lo que has dicho, pero sí de cómo lo has dicho», asegura Fernando López Miras, presidente regional.

Está claro, el bostezo es el enemigo. Así lo cree no solo el líder del PP, sino todos los aspirantes. «Cuando ves un bostezo te dices: 'Peligro'», asegura Diego Conesa (PSOE). ¿Y si en lugar de dirigirse a sus votantes, hablaran a los de otros? ¿Se imaginan al líder del PSOE dando un mitin a los del PP? ¿Sería más ameno? «Uff, quizá podrías convencer a un uno por ciento, pero por un uno por ciento no merece la pena el esfuerzo de someterse a tan malas vibraciones», explica Conesa.

La sala no engaña

Y es que desde el 'montículo' del escenario se siente todo. Donde no llega la vista, lo hace un sexto sentido para notar si la concurrencia se aburre o se divierte, se alegra o se amosca. «La gente es sincera y siempre percibes lo que siente al escucharte. El público no engaña. El otro día, por ejemplo, una persona se me acercó y me dijo: 'Mira, yo no te voy a votar porque no comparto lo que piensas del aborto, pero en todo lo demás estoy de acuerdo contigo», dice Óscar Urralburu (Podemos).

En general, los candidatos miran y miran mucho, aunque es difícil focalizar más allá de las primeras filas. Y las miradas no son todas reales, las hay también imaginarias, como en el caso de Isabel Franco (Ciudadanos), quien piensa en su madre cuando está en acción. «Se trata de elegir a una persona cercana y sencilla y pensar que lo que estás diciendo lo tiene que entender esa persona, porque si esa persona lo entiende lo entenderá todo el mundo».

¿Dónde está el agua?

Aun así, no siempre sale todo a pedir de boca. Es normal, por ejemplo, que «se te seque la boca. A mí me ha pasado y, claro, bajar a por agua queda feo, ya no lo haces», asegura Pascual Salvador. El líder de Vox es el menos habituado a hablar en público de todos los candidatos, pero ya ha aprendido que lo mejor es atijerar los discursos. «Intento que sean cortos, si no, la gente se pierde», dice. El resto ha ido pulimentando las formas, sacándoles punta con los años. Así, López Miras habla ahora con una «dicción más clara y de forma más sintética». El líder del PP considera que tiene una forma distinta de dirigirse a la sala. «Yo suelo hablar de manera informal, poco rígida, diría que extrovertida. Si veo que alguien pierde el hilo y mira el móvil, perfectamente me puedo dirigir a él si lo conozco, siempre de forma simpática».

Si el primer enemigo es el bostezo, la peor compañía es el cansancio. Casi todos coinciden en que «ahí abajo la gente lo nota. La fatiga es muy mala», señala Conesa, y todos dicen que nadie les hace los discursos. «Me los preparo muy bien. Estoy convencido de que cuanto más controlado lo lleves todo, más fácil es liberarte y ser creativo», asegura Urralburu. Pese a todo, a veces hay momentos espinosos. Si no, que se lo digan a Isabel Franco: «Yo suelo tener un plan A, B y C. El A es el 'prompter' (discurso escrito en la pantalla), el B los tarjetones y el C el discurso en papel. Pues bien, cuando vino Albert Rivera fallaron los tres y tuve que arrancar improvisando», dice Isabel Franco, quien aprovechó su bagaje en los medios para salir airosa, bagaje que no tiene Pascual Salvador y que compensa «tirando para adelante. Mi primer discurso fue hace solo un año, cuando vino Santiago Abascal. Yo no puedo vender que soy un monstruo de la oratoria, así que lo que intento por encima de todo es ser natural».