La ciencia llama a la puerta

Alfonso Navarro y Mamen Martí, en la Facultad de Biología de Murcia. / javier carrión / agm
Alfonso Navarro y Mamen Martí, en la Facultad de Biología de Murcia. / javier carrión / agm

A los 40 y en primera fila de la investigación, cientos de profesionales siguen pendientes de becas que cimenten sus sólidas pero inestables carreras

Pepa García
PEPA GARCÍA

Rondan los cuarenta, son cabezas de familia y acumulan una amplia y cualitativa experiencia en el mundo de la ciencia que para sí quisieran profesionales consagrados de otros sectores. Sin embargo, buena parte de estos cerebros privilegiados 'made in Murcia' están a la espera de que su última bala dé en el blanco, una beca Ramón y Cajal que prolongue su labor investigadora cinco años más, con la confianza de que sea la oportunidad definitiva y les abra la puerta a una plaza más estable. Es el caso de Alfonso Navarro Ródenas (Caravaca, 1981) y Mamen Martí Ruiz (Murcia, 1977), que han trabajado con científicos y en grupos de prestigio de Granada, Madrid, Italia, Alemania, Canadá y Reino Unido; pero también el de cientos de investigadores de la Región, punta de lanza del conocimiento que, a base de tenacidad, siguen apostando por la ciencia para hacer avanzar la sociedad.

Beneficiados por la fama que precede a los investigadores españoles fuera -«nos ven como una apuesta segura», valoran-, Alfonso y Mamen llevan desde que terminaron sus carreras, Biología y Química en la Universidad de Murcia, respectivamente, persiguiendo la financiación para dedicar su vida a ampliar el conocimiento. Alfonso entró en el universo de los hongos con la actual catedrática de Botánica y al frente del departamento de Micología y Micorrizas de la UMU, Asunción Morte. «La conocí en el último año de carrera y trabajé con ella como alumno interno. Me picó la curiosidad por la investigación de la trufa del desierto y comencé mi tesis con un contrato a cargo de uno de sus proyectos», cuenta Alfonso, hoy convertido en mano derecha de Morte, tras pasar por becas de formación de profesorado del Ministerio, becas autonómicas, contratos postdoctorales y de investigación con empresas, y la Juan de la Cierva, de la Fundación Séneca, que le trajo de regreso al terruño.

Lo mismo le ocurrió a Mamen, que mediante una beca I3P, logró un contrato de dos años en el CSIC de Madrid, donde le inocularon el virus de la ciencia y cambió los materiales poliméricos por la Biología del Estrés y la Patología Vegetal con Francisca Sevilla en el Cebas. Su periplo por contratos temporales y becas le abrieron las puertas del templo de la ciencia que es la Universidad de Cambridge. Ocho años fuera para cumplir su deseo: «En ciencia es imprescindible moverse, conocer ideas, formas distintas de trabajar e investigadores destacados, y mejorar el dominio de idiomas», opina Martí. Pero también fueron años en los que deseó regresar junto a los suyos y devolver a la ciudadanía lo que había invertido en ella. «Siempre he estudiado en centros públicos, desde el colegio hasta la universidad, y el dinero público ha financiado mi carrera investigadora. Por ello, siempre he querido regresar para devolver lo que he recibido de la sociedad. Lo que pasa es que a veces la puerta de vuelta está cerrada», opina Martí Ruiz, que regresó el año pasado con una beca Saavedra Fajardo de la Fundación Séneca al grupo del Cebas en el que inició su andadura.

Martí: «Que los políticos que gestionen la ciencia sean científicos para que conozcan nuestros problemas»

Navarro: «Deben legislar para que se pueda invertir dinero de los proyectos en personal investigador»

Convencidos de que la Región es un buen lugar para hacer ciencia, recuerdan los años 2010 y 2011 como los peores. «En aquellas fechas, por la crisis, se congelaron todas las becas y las ayudas, y no había posibilidad de obtener financiación».

Excesivo papeleo

De fuera se han traído el convencimiento de que hay que reducir el excesivo papeleo que se les exige para poder centrarse en lo suyo. También la certeza de que los fracasos son el precio por aprender, y defienden seminarios y comparecencias periódicas con que la comunidad científica en el extranjero 'cuestiona' la labor en curso.

«Al principio, parecía que el resto de investigadores sacaban el cuchillo, pero lo hacen para que el otro mejore. Aquí, si preguntas, parece que es por mala uva», dice Alfonso. Y lanza a los políticos una petición, que «legislen para que se pueda invertir dinero de los proyectos en personal investigador, porque puedes tener 60.000 euros para comprar material y no tener quién lo use», explica Alfonso Navarro. Y, añade Mamen Martí, «que los políticos que gestionen la ciencia sean científicos para que conozcan nuestros problemas y dejemos de ser un sector olvidado». Exigen baremos bien definidos y que valoren mejor la calidad de la trayectoria investigadora para evaluar y conceder proyectos; y que la inversión en ciencia sea constante y con cabeza. «En épocas de vacas gordas se han creado plazas y llenado centros porque había dinero, sin esperar a las personas adecuadas. Y, cuando llega la crisis, se paraliza todo», opina Martí Ruiz.

No obstante, ambos reconocen que se ha mejorado mucho en colaboración público-privada y en la divulgación, y valoran positivamente «los programas para acercar a niños y adolescentes la ciencia para que opten por una carrera científica, y la mejora de la divulgación, para dar a conocer lo que hacemos». Y, sobre todo, esperan que su última bala en la recámara les permita seguir trabajando en la Región. «Los españoles tenemos complejo de ir a la cola en todo, pero es de los mejores sitios para vivir», valora Navarro. Aunque, si no lo consiguen, están dispuestos a irse «donde sea» para seguir investigando, aunque ahora tengan que movilizar a toda la familia. Y advierten a los futuros dirigentes de que hay un «apelotonamiento de postodoctorales» llamando a la puerta. «Presentaron su tesis cuando había muchas becas y ahora quieren volver».