Abanicando espero...

El público abarrotó el salón de actos del Paraninfo de la Universidad de Murcia. / VICENTE VICÉNS / AGM
El público abarrotó el salón de actos del Paraninfo de la Universidad de Murcia. / VICENTE VICÉNS / AGM

La candidata de Cs le dio calabazas a Miras y Conesa; no hay amor a primera vista

Manuel Buitrago
MANUEL BUITRAGO

Tratándose del púgil a batir, Fernando López Miras salvó los muebles ante un tridente de adversarios que por instinto debía machacarlo. Diego Conesa estuvo correcto, aunque arriesgó poco para hacer más visible ese cambio que preconiza, fiel a su temperamento de evitar cualquier choque. No se relaja. Óscar Urralburu estaba encantado de conocerse, enciclopédico, y a menudo prepotente hacia la candidata de Ciudadanos. E Isabel Franco aguantó el tipo, sobre todo las pullas del representante morado, pero dejó al descubierto las limitaciones de su discurso político.

El debate mostró a las claras las estrategias de cada partido, con López Miras y Conesa pujando por el apoyo imprescindible de Ciudadanos. El presidente fue más descarado solicitando y retando públicamente a Franco para la firma de un acuerdo de gobierno, aquí y ahora, lo cual también puede interpretarse como un signo de debilidad, con la marca del PP en horas bajas y con la aceptación de que necesita mucho oxígeno para tratar de seguir en el Gobierno regional.

La estructura del debate a la americana tiene su peligro, ya que los candidatos están más expuestos en el cuerpo a cuerpo. Sálvese quien pueda. López Miras esperaba que los tres se le echaran encima, pero no fue para tanto pese a los momentos de tensión. Diego Conesa (no ocultó su disgusto) censuró los intentos del PP de querer enemistar al PSOE con los empresarios y regantes; mientras que Urralburu se dedicó desde el minuto uno a triturar a Isabel Franco. Se pasó de frenada y en algún momento rozó la humillación: «Aporte alguna idea...» «Estudie un poco más si quiere ser presidenta de la Comunidad...», manifestó. Un comportamiento que no casa con el líder morado, que mostró una excesiva fijación naranja. Si estos comentarios los hubiera dicho otro, le habría caído la del pulpo por parte de los colectivos feministas.

López Miras salvó los muebles, y Conesa pudo arriesgar más para hacer visible el cambio que lidera

Óscar Urralburu se mostró prepotente con Isabel Franco, que exhibió las lagunas de su discurso

El candidato de Podemos tenía al lado a López Miras, que dejó que se le escapara vivo, en pos de Cs y avisando a Conesa de que no es buena compañía. ¿Cómo piensan las izquierdas sumar 23 diputados? Urralburu hizo una exhibición de oratoria y dominio de la escena, mostrando su aversión a los ricos y soltando alguna 'boutade' sobre el aeropuerto.

¿Y si se repiten las elecciones por falta de acuerdo?

Isabel Franco también mostró su dominio de la escena manejando su abanico, observando cómo los gallos se peleaban por su favor. Estuvo hábil en los envites que le lanzaron Miras y Conesa, a los cuales dio calabazas por partida doble. No hay amor a primera vista, luego ya se verá. Su partido, dijo, viene a ganar, y les devolvió un órdago que ninguno contestó: «¿Apoyarán ustedes a Ciudadanos si ganamos las elecciones?». Aunque las encuestas no dan para más hasta ahora, cabe esa posibilidad. ¿Apoyarían Miras y Conesa a Franco como presidenta de la Comunidad? Aunque lejana, es una variable a considerar, como lo es la posibilidad de una segunda vuelta electoral si no hubiera manera de nombrar persidente/a y de formar gobierno. Algo también remoto, pero previsto en el Estatuto de Autonomía vigente (artículo 31).

Isabel Franco se mostró relajada sabiendo que tiene la llave de la gobernabilidad, y no le importó mostrar sus lagunas y su escaso bagaje político. ¿Estuvo con el PP, como dijo Miras? Fue beligerante defendiendo la bajada de impuestos -sobre todo el de Sucesiones y Donaciones- y en contra de «vaciar el bolsillo de los murcianos». Una línea clara que la separa de Diego Conesa, partidario de la progresividad fiscal y de retrotraer estos impuestos.

Conesa no es el disidente sanchista que quiere Ciudadanos, y López Miras tampoco le hace gracia a los naranjas. Así que los posibles pactos siguen más en el aire que nunca. El líder socialista y Urralburu sacaron a la palestra a Vox como posible pieza del sumatorio de PP y Ciudadanos. Todos quieren ver las cartas de todos, pero nadie muestra un as oculto porque no lo hay.

Además de las estrategias, el debate sirvió para afinar más las líneas que separan las políticas de las derechas y las izquierdas en lo que atañe a la educación y los impuestos. Bastante nítidas. El debate también dejó a los candidatos/a al descubierto, y sin red.