El Banco de España reclama una reforma «de calado» y duradera en el sistema de las pensiones

Un grupo de jubilados, en un parque./Óscar Chamorro
Un grupo de jubilados, en un parque. / Óscar Chamorro

Advierte de que solo con más empleo no se soluciona el «problema» y que vincularlas al IPC incrementaría el gasto en más de 3 puntos del PIB

Lucía Palacios
LUCÍA PALACIOSMadrid

El Banco de España advierte de que el sistema de pensiones tienen «fundamentalmente» un problema de gasto que no se puede solucionar solo creando más empleo, con lo que contradice la tesis de los sindicatos de que se trata básicamente de un problema de ingresos así como el discurso del actual Gobierno socialista de que generando empleo de calidad se mejoraría la recaudación y se aliviarían las cuentas del sistema.

Así lo explicó hoy el director general de Economía y Estadística de este organismo público, Óscar Arce, durante el discurso que pronunció en una jornada organizada por el Instituto BBVA. En su intervención defendió la «necesidad» de llevar a cabo una reforma «de calado» que incorpore «mecanismos automáticos» que ajusten la evolución de los ingresos con la evolución de los gastos, al estilo de la de 2013. Además, incidió en que debe «apuntalar» tanto su viabilidad financiera, como social y política –en un claro toque de atención a los partidos políticos para que alcancen un consenso– y ha de hacerse «por un periodo de tiempo suficientemente dilatado», para que no vuelva a ser objeto de debate cada tres o cinco años.

Rebajar la pensión inicial para revalorizarla en función de los precios

«Lo ideal es que las pensiones se actualicen con la inflación», admitió Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico del BBVA Research. Pero, para poder llevar a cabo lo que ya es una reivindicación social, ve «necesario» reducir la pensión de los nuevos jubilados y retrasar la edad de retiro. Así, abogó por «buscar un equilibrio entre el cálculo de la pensión inicial que permita un equilibrio financiero y actuarial y que pueda mantener su capacidad adquisitiva durante toda la vida de los pensionistas», con un sistema como el de las cuentas nocionales suecas.

Este alto cargo puso de manifiesto que el gasto en pensiones ha crecido en más de tres puntos porcentuales del PIB en solo una década hasta el 10,6% y seguirá aumentando a buen ritmo, salvo que se tomen medidas. En este sentido, estimó que, en ausencia de decisiones, si tal y como parece la revalorización de las pensiones vuelve a vincularse con el IPC, supondría otros dos puntos más de gasto de aquí a 2030 y más de 3 puntos del PIB en 2050.

«Se oye que lo que hace falta es generar más empleo y no hace falta tanto retocar el sistema», apuntó Arce, para negarlo: «Mejorar el funcionamiento del mercado laboral probablemente no sea suficiente para afrontar este desfase entre ingresos y gastos del sistema». Y para corroborar esta tesis, utilizó datos: si se lograra aumentar la tasa de empleo del 60% actual hasta el 80% en 2050, algo que –precisó– constituye «un reto difícilmente abordable», puesto que los países que mejor lo hacen se sitúan en el entorno de 70%, esa mejora «muy considerable» serviría para solucionar aproximadamente la mitad del aumento del gasto que se provoca como consecuencia del envejecimiento.

Por ello, además de medidas dirigidas a aumentar los ingresos, abogó por «ajustes» también en el lado de los gastos, eso sí, preservando siempre el carácter contributivo del sistema. «El orden de magnitud de la reforma que necesita el sistema es tal, que posiblemente requerirá de utilizar todas las palancas disponibles, tanto desde el punto de vista de ajuste de los gastos, como de los ingresos y de parámetros» y «movilizar muchos recursos», avisó el Banco de España, que alabó las reformas realizadas en 2011 y 2013. «Ambas supusieron un avance muy importante para garantizar la sostenibilidad financiera y lograr que los ingresos fueran proporcionales a los gastos», afirmó.

Retrasar la edad de jubilación

Frente a la crítica que el día anterior realizó la Airef a la reforma de Rajoy, el Banco de España defendió continuar por esta senda de introducir parámetros automáticos que garanticen la sostenibilidad financiera incluso en momentos de crisis, aunque comprometiéndose a preservar el carácter contributivo y a ofrecer una información detallada sobre las obligaciones y derechos de los futuros jubilados. Uno de los posibles ajustes por los que abogó es por ligar la edad de jubilación a la esperanza de vida para retrasar la edad efectiva de retiro, algo que ya introdujeron las dos anteriores reformas: la de 2011 retrasó a los 67 años la edad legal de jubilación en 2027 y la de 2013 introdujo el factor de sostenibilidad que está ahora aplazado hasta 2023. «No es algo demasiado exótico ni anómalo», defendió Arce, que recordó que países del entorno como las regiones escandinavas, Italia o Portugal ya lo han hecho.

Otra alternativa que dio el supervisor es eliminar el tope máximo de cotización, algo que «tendría un potencial recaudatorio alto, pero podría afectar negativamente a la demanda de trabajo y generaría un aumento de gasto a futuro». De igual manera, podrían aumentarse los impuestos, ya que el nivel es más bajo que la media europea, pero esto afectaría a toda la población –también a los pensionistas– y podría tener implicaciones sobre el carácter contributivo del sistema.