El Santander apunta que Orcel grabó conversaciones con Botín tras descartar su fichaje

Andrea Orcel junto a Ana Botín y José Antonio Álvarez, en septiembre del año pasado. /R. C.
Andrea Orcel junto a Ana Botín y José Antonio Álvarez, en septiembre del año pasado. / R. C.

El que iba a ser consejero delegado del banco pidió tres millones de euros más durante la negociación para acceder al cargo para compensar su salida de UBS

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

Banco Santander se ha decidido finalmente por mostrar públicamente las cartas de la baraja con las que juega en el caso de la demanda que Andrea Orcel, quien iba a convertirse en consejero delegado de la entidad, ha presentado contra la corporación por su fichaje frustrado, ante las «filtraciones» realizadas por el ejecutivo. En un escrito en el que resume las principales alegaciones para la defensa de sus intereses, el Santander llega a explicar que el banquero de origen italiano llegó a «grabar conversaciones privadas» incluso con la presidenta del banco, Ana Botín.

El banco apunta que esas prácticas se produjeron «sin consentimiento ni conocimiento de sus interlocutores», en lo que consideran que tiene una «dudosa calidad ética y moral para alguien que quería desempeñar de consejero delegado». Esas grabaciones se habrían registrado desde mediados de enero, cuando el Santander ya había anunciado que no contrataría a Orcel al elevarse la factura que tendría que pagar por hacerlo por encima de lo inicialmente estimado. Esos contactos entre Botín y Orcel se realizaron para que, según el banco, el italiano «pudiese retomar su carrera profesional», incluso colaborando con el Santander.

Con estas argumentaciones, las relaciones entre ambas partes se encuentran completamente rotas en un proceso que se inició en septiembre del año pasado, cuando el Santander anunció el fichaje de Orcel como consejero delegado de la corporación y el nombramiento de su actual CEO, José Antonio Álvarez, como presidente de Santander España. De hecho, el escrito de la entidad presentado ante la justicia también indica que Orcel exigió elevar el importe de su contrato en otros tres millones de euros para compensar «una nueva y supuesta pérdida retributiva» por su salida de UBS, al dejar de percibir dividendos e intereses procedentes de la relación profesional que mantenía con la firma de inversiones desde hacía casi una década.

En su relato de los hechos que han acontecido durante estos meses, el Santander explica que el propio Orcel se comprometió a abaratar el coste de su fichaje con la promesa de que conseguiría que el banco suizo en el que trabajaba pagara parte del 'bonus' de 35 millones que le adeudaba por romper su relación con esa firma. Pero el escrito afirma que, a la vista de la actuación, el banquero nunca tuvo intención de que UBS asumiera parte de sus incentivos a largo plazo para que los costes de la contratación por parte del Santander fueran menores a los 35 millones que ese fichaje implicaba; y le ofrecía una prima de fichaje de 17 millones de euros y un sueldo de unos 10 millones al año.

El Santander, al parecer, estaba dispuesto a entregarle acciones de la propia entidad por un importe máximo de 35 millones, cantidad que el banco esperaba que pudiera reducirse en el marco de la negociación con el banco suizo, que según Orcel podría asumir la mitad de ese importe.

Finalmente, el banco consideró «inaceptable» el importe que tendría que desembolsar por traerse a este banquero de inversión a pesar de que reconoce su talento en el mercado internacional; una cifra que ascendería aproximadamente a los 50 millones de euros, apuntan fuentes del sector financiero.

Este conflicto se encuentra ahora en los juzgados después de la demanda interpuesta por Orcel contra el Santander para que le compense por haber frustrado su fichaje, un caso que se extenderá a lo largo de los próximos meses.