Volvamos a ser quienes fuimos

Francisco J. Abellaneda es el presidente de Hostelor

FRANCISCO JESÚS ABELLANEDA

Sin embargo, el casco histórico de Lorca, que es uno de los arcos con mayor potencial monumental y patrimonial de la Región de Murcia, sufre las consecuencias de la infravivienda y la despoblación local, a lo que se suma el cierre de comercios tradicionales y la creación de inseguridad y devaluación económica.

Es, sin duda, el mayor reto que tienen por delante los gobiernos de Lorca y autonómico: hacer que la Ciudad del Sol vuelva a ser la referencia de comarca que fue, tomando como ejemplo y reflejo la exitosa recuperación de nuestra querida ciudad de Cartagena. Otra vertiente de dicha recuperación pasará por la mejora de la normativa de terrazas que ha mejorado tras tantos años obsoleta, pero entendemos que aún hay recorrido de mejora. Pero más importante aún son las normativas de ruidos y medio ambiente, por las que nos sentimos desprotegidos y clandestinos en el momento en el que ejercemos nuestro trabajo por falta de respaldo jurídico.

No obstante, no quiero poner toda esa responsabilidad de recuperación a los que nos gobiernan, aunque sí es cierto que todo empezará si son ellos quienes encabecen estas importantes tareas y cuentan con nuestra incondicional ayuda. Parte de los méritos para que se produzcan estos cambios pasará por la sensibilización social de nuestros habitantes, haciendo un profundo ejercicio de 'lorquinismo' no solo durante la mejor Semana Santa del mundo, sino también en el resto de los once meses del año, abanderando y respaldando sin fisuras todo lo que huela a Lorca.

Otra necesidad pasa por abrir, tanto la hostelería como el comercio tradicional, todo el año y en los horarios acordes, para que seamos una ciudad de visita abierta los 365 días. De este modo, ambos sectores serán la mejor alianza para atraer más al turismo. Es con todos estos cambios cuando el salto cualitativo será de orgullo general y Lorca volverá a ser referente comarcal y ciudad seductora de atracción para los turistas nacionales.

Me acuerdo también con enorme cariño de las grandes desconocidas de Lorca: sus pueblos. Por un lado, las pedanías altas o Espartaria aún conservan su tradición y legado cultural como sus cuadrillas de cantes y bailes típicos, manteniendo su gastronomía de antaño y su artesanía. Y por otro extremo, las pedanías de playa presumen de sus vírgenes y paradisíacas costas lorquinas donde más de 300 días de sol imperial presiden el año. Si las pusiéramos en valor, frenaríamos la despoblación y situaríamos a Lorca no solo como destino turístico de un día para echar la foto y continuar, sino que nuestros visitantes llegarían para conocer el inigualable casco histórico, su núcleo urbano, sus playas, su naturaleza y tradiciones durante varias jornadas.

En resumen, me siento orgulloso de representar a Hostelor y trabajar por la mejora de nuestra ciudad y, por supuesto, de nuestros grandes emprendedores que arriesgan todo por vocación innata.