Las pequeñas empresas afrontan con desconcierto el control horario

Una dependienta apunta su hora de entrada y salida de su puesto de trabajo. / vicente vicÉns / agm
Una dependienta apunta su hora de entrada y salida de su puesto de trabajo. / vicente vicÉns / agm

Los empleados del comercio minorista se consideran los más perjudicados por la entrada en vigor de la nueva normativa

Marta Semitiel
MARTA SEMITIEL

A la hora del café, la conversación era recurrente en los bares, tanto entre trabajadores como entre empresarios. Detrás de las barras, los empleados se quejaban ayer del «lío» que supone tener que apuntar las horas de entrada y de salida, y los jefes se preguntaban entre sí para saber cómo lo había empezado a hacer el vecino. La entrada en vigor del Real Decreto Ley 8/2019 ha pillado en paños menores a la mayoría de pequeños comercios y también a algunos bares del centro de Murcia. Como al de Pedro José Sánchez, el Café Bar Terraza Gran Vía, que confesó ayer a 'La Verdad' que todavía no tiene claro cómo hay que llevar a cabo ese control horario. «Mañana tengo que ir al asesor para que me lo explique», decía. El sector de la restauración será uno de los más vigilados con el cambio de la normativa, pero él supone que «todo esto lo hacen, sobre todo, para controlar si realmente los extras y los que están contratados a jornada parcial hacen sus horas o echan todo el día».

También estaba pendiente de hablar con su asesor fiscal Marisa Cano, presidenta de la Asociación de Comerciantes de Platería y Trapería. «Supongo que cada asesor dará a sus clientes un documento para que registremos a mano la entrada y la salida. No creo que esto nos perjudique, es otra cosa más que añaden al pequeño comercio, de todas las que ya llevamos». Pocas eran las tiendas del centro de la ciudad que ayer ya contaban con uno de esos folios de registro horario, pero en las que sí lo tenían, los empleados se mostraban molestos «por tener que volver a un sistema arcaico. Yo ya ticaba en el comercio de cara al público en el año 1978. Esto es volver al pasado, porque para nosotros no tiene ninguna utilidad, es absurdo», decía el dependiente Jesús Pérez Riquelme.

En otra de las tiendas del centro, una dependienta mostraba con indignación la ficha en la que, desde hace un par de días, registra su hora de entrada y de salida. «Es una inutilidad, porque en los pequeños comercios no hacemos horas extra. Esto para lo único que sirve es para que la Administración se ahorre inspectores, para hacernos perder el tiempo y para hacer que los jefes se laven las manos de cara a una inspección, porque el hecho de que yo un día salga quince minutos después, porque tengo un cliente en la tienda y por lo que sea cierro más tarde, no son horas extra», decía con impotencia.Para los pequeños empresarios, la normativa ha entrado en vigor con muchas lagunas para cumplirla. «Todos tienen una sensación de desconcierto muy grande», reconoció Andrés Sánchez, secretario general de la Federación Regional de Empresarios del Metal de Murcia (Fremm). Esta entidad realizó hace unos días una jornada para informar a más de 300 empresarios, pero aún así, siguen teniendo dudas, «porque hay cosas que la ley no aclara por completo».

Varios dependientes ven como «una pérdida de tiempo» rellenar la ficha cada vez que entran y salen

Urge un reglamento

La más común es qué hacer con aquellos trabajadores que echan su jornada en la calle. Los comerciales, los técnicos electricistas, los instaladores y un largo etcétera. «Si no es con una aplicación móvil, en las que las empresas tienen que realizar una inversión con la que no contaban, a ver cómo se hace».

Qué hacer con los trabajadores que están fuera de la filial es lo que más preocupa a la patronal

Sobre estas aplicaciones, el coordinador general de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Paco Casado, aseguró que la mayoría de pequeñas empresas no se pueden permitir instalar medios telemáticos y por eso cree que «se tirará de papel y boli, o, como mucho, de un 'excel'». Él también confirmaba esa sensación de desconcierto y la «incertidumbre» de no saber qué hacer con los empleados que trabajan fuera. Ambos representantes aseguraron que urge un reglamento que dé «seguridad jurídica» a las empresas y que aclare todas las dudas. Pero además, desde ATA apuntaban también a que hay «una sensación de cabreo generalizado en la pequeña empresa». Algunos empresarios sienten la normativa como una carga más de trabajo administrativo. Además, este registro del control horario «generará desconfianza entre el trabajador y el empresario. Esto es como volver a la caverna de la sirena, cuando toca la bocina, van todos para adentro».

El secretario general de Fremm apunta además hacia una posible violación de la protección de datos de los trabajadores si la ley no se regula para protegerlos. Por ejemplo, una de las cuestiones que se plantean algunos empresarios para realizar el control horario de sus trabajadores que están en la calle es si ponerles un dispositivo GPS para saber dónde están o cómo llevan su jornada, «pero claro, eso podría considerarse como una vulneración a su privacidad».

¿Se libran o se pagan?

Otra duda que no saben responder los autónomos es qué hacer con esas horas extras de sus empleados, cuando realicen el balance de final de mes. ¿Se libran o se pagan? Entre las empresas grandes que sí realizan el registro horario, la respuesta es diversa.

En algunas compensan con días libres a los trabajadores y en otras pagan religiosamente hasta el último céntimo de euro. «Pero vamos, aunque ahora haya salido esto de fichar, el que siempre ha pagado las horas extra, las seguirá pagando. Y el que no, no», apunta otra dependienta del centro de la ciudad.

Son las compañías grandes las que llevan años realizando un registro de control horario. Por ejemplo, en los almacenes BricoFermín; en la heladería Sirvent o en la cadena de cosméticos Marvimundo hace años que sus empleados utilizan un sistema digital en el que fichan mediante un registro de su huella digital. Un método que acaban de implantar, con la aprobación de la normativa, en otros centros de trabajo, como en la empresa Óptima Ingeniería, ubicada en el parque tecnológico de Fuente Álamo.

Hace un mes que en esta empresa compraron un dispositivo en el que han registrado las huellas dactilares y los datos de cada trabajador. Ellos mismos lo programaron para hacerlo coincidir con los horarios de la jornada. «Nosotros ya lo controlábamos de forma manual, enviando un 'email' al llegar al puesto de trabajo», explica el gerente de la empresa, Juan Guillén. La suya es la sensación que comparten todas las empresas con más de diez trabajadores: «A nosotros ni nos perjudica ni nos beneficia. Seguimos como siempre».

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