«La cultura del vino va unida al paisaje, a las señas de identidad y al patrimonio natural»

Francisco Carreño, durante un evento. / FECOAM
Francisco Carreño, durante un evento. / FECOAM

Francisco Carreño Sandoval. Presidente de la Denominación de Origen Protegida Vinos de Bullas

CRISTINA HEREDIA

Francisco Carreño Sandoval es el presidente de la Denominación de Origen Protegida Vinos de Bullas. Fue elegido como tal en julio del 2011 tras las elecciones al Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Bullas, siendo renovado en su cargo en julio del 2015.

-¿Cómo valora estos 25 años desde la concesión de la DO a Bullas?

-A pesar de que el tiempo transcurrido es relativamente corto respecto a otras denominaciones de origen más consolidadas, la DO Bullas ha conseguido en su conmemoración de plata cumplir satisfactoriamente uno de los dos grandes objetivos de estas figuras, la calidad y trazabilidad del producto. El amplio espacio de la DO Bullas era desde tiempos muy pretéritos tierras de viñedos, etapa que ha durado muchas centurias hasta cubrir en esta segunda etapa un cuarto de siglo, un sueño que el tiempo ha demostrado que era posible alcanzar, la elaboración de vinos de calidad reconocidos mundialmente. Queda una tercera etapa pendiente que reclama conseguir los mismos hitos con el segundo objetivo de la DO, la promoción, para que la demanda de nuestros vinos en cantidad y precio haga posible mantener y potenciar un patrimonio que desborda lo puramente productivo y lo liga a otros bienes y servicios, tangibles e intangibles, que en el caso de nuestra DO cumplen un papel de extraordinario valor. La lucha contra la erosión, su contribución positiva al ciclo del agua, el efecto sumidero con la fijación de CO2, la gestión de la biodiversidad y el efecto mosaico en el territorio para prevenir la continuidad en caso de incendios, son algunas de estas funciones básicas.

«La DO Bullas ha conseguido en 25 años cumplir con los objetivos de calidad y trazabilidad del producto»

-¿Cuáles son los problemas que afronta la DO en la actualidad?

-Mucho se habla de cambio climático o del problema de despoblación. ¿Qué sería del territorio de la DO Bullas sin esta figura y de sus paisajes sin viñedos? Estamos en una etapa compleja, como muchas otras que se han pasado, posiblemente entonces con menos medios pero seguro que con mayor determinación y compromiso. Si no, ¿cómo sería posible haber llegado a nuestros días? La superficie de viñedo disminuye por varias razones: escasa remuneración de la materia prima, aunque en los últimos años haya aumentado, o los cultivos sustitutivos que deslumbran coyunturalmente pero que no tienen orden de magnitud con lo que supone el cultivo del viñedo en nuestra zona. En definitiva, falta de renovación en el compromiso que sí demostraron las generaciones anteriores sin cuya determinación no hubiésemos llegado a nuestros días.

-¿Qué beneficios ha generado en el Noroeste contar con una DO para sus vinos?

-Son evidentes las ventajas que se derivan cuando se apuesta con fe en desarrollar lo propio, tu tierra, tus productos autóctonos. Seguro que los padres de la DO, al igual que ha sucedido en otras muchas iniciativas, nunca pensaron en la multitud de efectos colaterales beneficiosos que traería luchar por esta figura de calidad porque no se lo podían imaginar y, sin embargo, han ido apareciendo. Por ello es de justicia reconocer esa determinación en desarrollar algo con verdad porque seguro que traerá resultados. Ojalá sirviera de ejemplo para otras iniciativas en el territorio. Lamentablemente, esta manera de proceder va desapareciendo y se diluye el compromiso intergeneracional que se cultivaba antaño. Sin la DO Bullas no se hubiera creado la Ruta del Vino de Bullas, que supone una herramienta que amplía las bondades del territorio y la marca protegida. Vinculada estrechamente a nuestra figura, abre una amplia gama de posibilidades con el desarrollo del enoturismo, dar a conocer en definitiva la labor realizada con la apuesta por un producto endógeno de calidad ligado a un paisaje, a un patrimonio cultural a través de fiestas, folclore y de un patrimonio natural de primera magnitud a lo largo de todo el año. O el desarrollo de proyectos europeos que han hecho posible alcanzar otras metas, dar a conocer la DO, conectar proyectos para los temas de interés que van cobrando relevancia social, adaptación y mitigación del viñedo al cambio climático, buenas prácticas para desarrollar el efecto sumidero del carbono y otros muchos proyectos.

-¿Cuáles son los retos más inmediatos para la DO Bullas?

-A pesar de la fragilidad de una DO de nuestras características, débil estructura de recursos humanos y materiales en términos relativos comparando con otras figuras similares españolas, existen multitud de herramientas que debemos usar para cumplir los fines socioeconómicos y medioambientales que alimenta la DO Bullas. Sin género de dudas tenemos que aprovechar, esta vez debe ir en serio, la elaboración de la Estrategia de Desarrollo Local Participativo para la nueva programación del Programa de Desarrollo Rural y fijar como uno de esos ejes estratégicos, el mundo del vino en una comarca donde el territorio del Grupo de Acción Local (GAL) Integral coincide prácticamente con el territorio de la DO Bullas. En esta estrategia debemos incluir de manera integral a todas las facetas de la vitivinicultura de nuestro territorio. Cuando se siembra, se recoge. Hace unos días se produjo un hito en el avance de la DO, el convenio de colaboración con el Bando de los Caballos del Vino de las fiestas de Caravaca de la Cruz para potenciar la imagen de ambas entidades entrelazando nuestras actividades. Seguro que va a generar proyectos interesantes.