La cría de conejos en la Región cae a la mitad por falta de demanda

Un ganadero muestra un ejemplar de su granja de conejos. / YVONNE ITURGÁIZ
Un ganadero muestra un ejemplar de su granja de conejos. / YVONNE ITURGÁIZ

Es la zona productora de España más castigada por una crisis de precios que dura ya cuatro años

Juan Carlos Hernández
JUAN CARLOS HERNÁNDEZ

Fue uno de los emblemas de la ganadería murciana durante décadas, importante actividad económica del Valle del Guadalentín y seña de identidad de la gastronomía regional. Las granjas de conejos arrastran una decadencia que comenzó con la crisis de precios de 2015 y se acentuó con un desplome de la demanda que ha reducido la cría a la mitad. Ni siquiera la venta de sus pieles compensa. Y eso en un momento en el que la ganadería regional vive una 'edad de oro' en el resto de cabañas.

Un total de 62 granjas albergaban antes del verano 67.856 gazapos y hembras reproductoras, de acuerdo con el último censo que maneja el Ministerio de Agricultura, lo que supone un descenso del 56,6% en apenas cuatro años. En primavera de 2015 había 156.571 conejos (hace una década no bajaba de 160.000). A primeros de 2018 aún se criaban 87.953, pero durante ese ejercicio la caída de la demanda interna fue del 16,3% y la ratio de consumo se situó en solo 940 gramos por persona y año (a finales del siglo pasado eran tres kilos), lo que supone trece veces menos que la de carne de pollo, por ejemplo.

LA CABAÑA DE 2019

Castilla y León
1.420.848 gazapos y hembras reproductoras.
Cataluña
1.177.797 conejos.
Galicia
999.971 conejos.
Aragón
569.144 conejos.
Comunidad Valenciana
534.590 conejos.
Castilla-La Mancha
381.099 conejos.
País Vasco
171.011 conejos.
Navarra
162.373 conejos.
Murcia
67.856 conejos.
Andalucía
45.880 conejos.
Resto
201.357 conejos.
Total nacional
5.731.926 gazapos y hembras reproductoras.

El desplome de la cunicultura murciana contrasta con el resto de España, que solo ha sufrido una ligera contracción. Así, de los 6.450.981 conejos criados en 2015 (más de la mitad, en Cataluña, Galicia y Castilla y León) se han pasado a los 5.731.926 de la primavera de este año, un 11,1% menos.

La falta de exportaciones obliga a las 62 granjas existentes a depender de un consumo interno que no deja de decrecer

De hecho, la cabaña ha crecido un 13,2% en Castilla y León, desbancando a Cataluña como mayor zona productora (aunque estos meses está recuperando terreno). También lo ha hecho en Navarra -su producción era idéntica a la murciana-, con un 8,1%, mientras que en Aragón y País Vasco apenas se ha alterado.

Solo Andalucía (-59%) ha sufrido una caída más pronunciada que la de Murcia (-56,6%), si bien su producción previa era muy inferior, con poco más de 110.000 conejos. Por ello, la cunicultura murciana ha sido la más golpeada de España.

Pieles

China estuvo durante años demandando piel de conejo en grandes cantidades. Se llegó a pagar casi 2 euros por pellejo, casi tanto como por la carne. Pero la moda pasó y hoy apenas se cotiza. Se intentó desviar los envíos a Rusia, sin éxito. El resultado es que los mataderos han dejado de percibir ese ingreso pero, en lugar de aumentar el valor de la carne, lo que han hecho es descontárselo a los granjeros para cumplir con las exigencias de precios bajos por parte de las grandes cadenas comerciales, según critican los sindicatos agrarios Coag, Asaja y UPA más las organizaciones sectoriales Conacun y Cuniber.

Murcia generó el año pasado 535.000 kilos de carne, el 10% del total nacional. La cifra más alta de la década se dio en 2016, con 638.000 kilos, ya en plena crisis de precios. El conejo se comercializa en supermercados e hipermercados bajo una horquilla de entre 5,5 y 11,5 euros, dependiendo de si es entero o troceado en partes seleccionadas.

Criar un conejo tiene unos costes de entre 1,75 y 1,85 euros el kilo. Durante el trienio 2015-2017 al ganadero se le pagaba por debajo de esas cifras durante los dos primeros cuatrimestres de cada año, llegando a cotizaciones ruinosas de entre 1,3 y 1,5 euros. En 2018 se movieron entre 1,75 y 2,35 euros. Actualmente se cotiza a 1,95 euros el kilo.

Los mataderos alegan que hay exceso de producción y que, cuando salen excedentes hacia las lonjas, se hunde más el mercado. El problema es que el conejo, llegada su fecha -unos 52 días desde su nacimiento- tiene que ser sacrificado. No se puede retener más en la granja comiendo pienso y haciéndose más grande de lo que el consumidor quiere; sobre todo, en Murcia y resto de Levante, donde se prefieren tamaños más pequeños que en centro y norte de España.

Atraer a los jóvenes

El consumo lleva una década retrocediendo, con un descenso del 42% desde 2008. Solo 16 de cada 100 españoles incluyen carne de conejo en su dieta. También es la gran olvidada en los menús de los restaurantes, si bien resiste en paellas, gazpachos manchegos y guisos castellanos, sin olvidar la hecha al ajillo.

Ya sea por su sabor intenso, por la falta de tiempo para prepararlo o porque más de uno lo asocia a una mascota, el conejo no cuaja en muchos consumidores; sobre todo, en las nuevas generaciones. Tanto es así que el perfil de comprador se reduce a los adultos sin niños, parejas con hijos mayores y jubilados. Los jóvenes independizados no se decantan por esta carne cuando les toca hacer la compra. Lo peor es que no hay válvula de escape. A diferencia de otras regiones, que venden a Portugal, Francia, Italia y Polonia, Murcia no exporta.

Además, las ventas españolas al exterior acumulan cuatro años de caídas (en 2018 fueron 5.373.000 kilos, un 39,5% menos respecto a antes de la crisis de precios), lo que supone más saturación del mercado nacional.

Por ello, la interprofesional del sector Intercun está volcando sus esfuerzos en dar a conocer nuevas recetas para acercar este producto a los hogares. Ha puesto en marcha una campaña de promoción hasta finales de 2020, financiada con fondos europeos (4,8 millones de euros), que incluye 'spots' de televisión, actividades en redes sociales y talleres formativos a profesionales de la hostelería.

Intercun también difunde nuevos formatos de presentación (en forma de salchichas, brochetas, hamburguesas, lomos o muslos, por ejemplo), que están ya disponibles en los supermercados. Más allá de las cualidades de esta carne blanca, tan asociada a la dieta mediterránea, la imaginación puede ser más decisiva.