De aquellas reforestaciones, estos incendios

JUAN FRANCISCO SARABIAINGENIERO FORESTAL Y BOMBERO DEL CONSORCIO DE EXTINCIÓN DE INCENDIOS Y SALVAMENTO DE LA REGIÓN DE MURCIA

Con la entrada a la Comunidad Económica Europea, en los años 90, se produjo en España una modificación de los paisajes forestales y agrícolas. Se establecieron una serie de subvenciones provenientes de Fondos Europeos destinados al desarrollo rural para llevar a cabo la reforestación de tierras agrícolas y convertirlas en forestales.

En la cuenca mediterránea, esas repoblaciones se hicieron principalmente con pino carrasco ('Pinus halepensis') como especie principal arbolada, con una alta densidad de plantación. Esta especie se caracteriza por ser frugal (se adapta a muchos tipos de suelos y condiciones), necesita poca agua y es de crecimiento relativamente rápido. Otra característica destacable del pino carrasco es que no tira las ramas que se van secando para que formen parte de la mineralización del suelo, sino que las mantiene en el tronco.

El objetivo de aquella política forestal, cumplió su cometido. El monte recuperó el terreno que previamente le había sido arrebatado por la hambruna en la posguerra, y se amplió la superficie forestal de nuestro país. Hoy en día, tenemos una extensa masa forestal que va en aumento, año tras año, con unos montes maduros difíciles de gestionar por lo costoso de su mantenimiento. También el abandono de la vida rural ha eliminado la posibilidad de aprovechar los bosques con prácticas como la recogida de leña y piñas o el pastoreo, que antaño conformaron labores cotidianas en esas zonas. Bajo estas circunstancias, el monte aprovecha para colonizar los huertos que han sido abandonados cerca de las poblaciones rurales, la llamada 'interfaz urbano-forestal'.

Desde los años 90 el monte ha recuperado el terreno que le arrebató la hambruna de la posguerra

Por su parte, el cambio climático también favorece la transformación de nuestros bosques. Las frecuentes sequías provocan que los pinos más débiles adquieran una combinación de plagas que acaba por matarlos, como la procesionaria y el barrenillo del pino.

En nuestro país tenemos uno de los mejores mecanismos de extinción de incendios forestales de toda Europa, y esto nos lleva a la llamada 'Paradoja de la extinción de incendios forestales', que considera que cuantos más conatos de incendio se apagan, más combustible tendremos para el próximo incendio y más grande será.

Cuantos más conatos se apagan, más combustible tendrá el próximo incendio, que será más grande

Todo este conjunto de elementos hace que nuestros montes dispongan de mucho combustible vegetal disponible para arder con cualquier foco de ignición, tanto de origen natural como humano. Y estos incendios son muy difíciles de controlar y de extinguir, debido a la alta energía que son capaces de generar, por lo que provocan los llamados megaincendios o incendios de 6ª generación.

Sería interesante que nuestras políticas forestales se adaptaran a la situación actual mediante la aplicación de una gestión forestal sostenible.

Desde mi punto de vista, una de las soluciones más rentables sería potenciar y promover el consumo de biomasas, combinado con el aprovechamiento de los pastos forestales, ayudando así a clarear nuestros montes y reducir a su vez la combustibilidad y, por tanto, la intensidad de los incendios.

Es necesario que nuestros montes formen mosaicos de vegetación rompiendo su continuidad y uniformidad para dar más oportunidades a los medios de extinción.

Por último, resulta conveniente recomendar a aquellos propietarios que tengan alguna construcción en la 'interfaz urbano-forestal' (franja de 400 metros junto a la zona de monte) que mantengan limpio de combustible vegetal su entorno, con el objeto de poder proteger sus bienes frente a los efectos de un incendio forestal.