«Me han apuntado con una pistola muchas veces en mi vida»

Booker lanza a canasta en un partido del equipo de la Universidad de Colorado, en 2014. / j. b.
Booker lanza a canasta en un partido del equipo de la Universidad de Colorado, en 2014. / j. b.

E. SÁNCHEZ BOLEA

«Justo antes de esta entrevista me han llamado para decirme que esta misma mañana han intentado atracar a mi padre». Askia Booker, o Ski, como le gusta que le llamen, ni tan siquiera balbucea al hablar de cómo es crecer y vivir en uno de los barrios más peligrosos de Estados Unidos, Inglewood. «Es algo normal allí», reconoce resignado. Ubicado en Los Ángeles, allí disputaron durante 32 años sus partidos como locales los míticos Lakers, que en 2000 se llevaron su glamur a la exclusiva avenida Figueroa.

Las estadísticas dicen que es más probable entrar en la cárcel que en la universidad si has crecido en Inglewood. Booker logró una beca deportiva para superar las expectativas, pero no vive ajeno a una realidad en la que «conozco a mucha más gente que ha ido a la cárcel que incluso haya terminado el instituto». En su caso, «gracias a Dios tengo una familia que se preocupa por mí y que me decía lo que estaba bien y lo que no. Pero muchos niños no tienen a su padre y/o a su madre, crecen sin una referencia. Así es como luego te los encuentras con 12 años y en la calle dando tumbos desde primera hora de la mañana con gente con la que no deberían estar». Para él, para todos, el baloncesto es su salvación. «Diría que si en tu tiempo libre no te implicas en un deporte, allí lo más probable es que ese hueco lo llenen las drogas, la violencia, las armas... No debería ser así, pero algunos niños no conocen nada mejor».

Sin embargo, «a veces no tienes elección, o la tienes pero podría costarte la vida a ti o a alguien a quien quieres». ¿Le han apuntado alguna vez con una pistola? «Muchas». Booker guarda silencio durante dos segundos para repetir «sí, muchas»», como si con sus ojos quisiera hacer entender que estamos hablando de una obviedad, de algo que uno sabe que tarde o temprano se encontrará en su vida. «La primera vez que te apuntan te quedas sin saber ni qué pensar, pero es algo que realmente ves a tu alrededor mientras creces, de niño he visto muchas cosas que nadie querría ver nunca».

El drama vive instalado en Inglewood. «La gente se piensa que Los Ángeles es Beverly Hills o Hollywood, pero no es así, y pasa en todas las ciudades grandes, incluso Murcia tiene sus sitios malos, aunque no sean tan malos». El discurso de Booker se agria por momentos, abandonando el estado relajado de la resignación. «Realmente existen muchos colegios allí, el problema no es tanto de educación como de las tentaciones de niños que crecen sin una guía familiar tienen a su alrededor, y que se vuelven vulnerables por la influencia de gente mayor que solo quiere aprovecharse».

Deporte y salida

La historia de la difícil infancia de Booker parece una de tantas que podemos conocer por el cine o las series de televisión, pero que estremece contada en primera persona. Sin embargo, él habla de ello con total naturalidad. Asume que «en la calle puedes perder la vida tan rápido como esto», dice mientras se chasquea los dedos. «Probablemente por eso nunca tengo miedo cuando salgo a jugar al baloncesto».

Para evitar caer en el laberinto de las drogas, la violencia o las malas compañías, su refugio fue el pabellón. «Siempre que veía o vivía algo que no quería, iba allí». Incluso en momentos que nada tienen que ver con la crudeza de las calles. «Vi a mi abuela morir a mi lado, lloré hasta las 7 de la mañana y lo primero que hice al salir de casa fue irme a jugar al baloncesto». El motivo, el que hace caer a otros. Son momentos en que «te sientes con todo el derecho del mundo a estar enfadado y es entonces cuando puedes caer fácilmente en las malas tentaciones que nos rodean». Aprecia el baloncesto como más que un deporte porque «es mi salida. En él podía descargar toda esa ira y al mismo tiempo estar protegido».