Sito Alonso: «La ambición y sacar una lectura positiva de este año será crucial para renovar»

Sito Alonso, el martes, en Alfonso X. / guillermo carrión / agm
Sito Alonso, el martes, en Alfonso X. / guillermo carrión / agm

«En este club hay unos valores intrínsecos muy por encima de cualquier aspecto material», afirma el entrenador del UCAM CB

EMILIO SÁNCHEZ-BOLEA MURCIA

Murcia entera cruza los dedos por una renovación que podría darse mientras se lee esta entrevista. Sito Alonso es el técnico milagro que cambió por completo la cara de un UCAM que asumió en descenso y al que ha salvado haciendo un atractivo baloncesto que ha devuelto la sonrisa a sus jugadores y al Palacio. Pero el efecto positivo de su llegada ha sido mutuo. Sito llegó a Murcia después de la «amargura» que sintió en Zagreb, ciudad donde descansa para siempre su ídolo Drazen Petrovic –«en mi habitación no había un hueco libre en la pared, todo eran posters suyos»-, una experiencia que, sumada a su salida el año pasado de Barcelona, le ha llevado a disfrutar del baloncesto en Murcia, a volver a «sentirme entrenador».

- Se le ve muy relajado. Ha logrado la permanencia y a nivel profesional ha salido airoso.

Sí. Muchas veces la relajación viene cuando ves relajados a los demás. Cuando vine aquí, un sector grande de la gente en la que confío, no es que me recomendara no venir, pero me advertía de que era un reto de una dificultad importante: un equipo en dinámica complicada, con un calendario que traía rivales muy fuertes a casa y los del mismo nivel fuera… No veían una salida fácil. En ese momento yo no tenía ninguna necesidad de entrenar, venía de una experiencia muy corta en el Cedevita por razones extradeportivas, pero me apetecía mucho. Sobre todo, por conocer el UCAM desde dentro, para cambiar la idea que tiene mucha gente sobre el club. Y la verdad es que cuando llegué vi que no iba a ser fácil, porque veía a los jugadores pesimistas, desanimados, con algunas lógicas rupturas entre ellos cuando se está en una racha así, etc., pero también vi una predisposición grande por creer que se podía sacar. Incluso en un momento determinado de este periplo de cuatro meses pensaba que se podía llegar más arriba, pero cuando ganamos al Estudiantes sufrimos una pequeña relajación, un error cometido entre todos que luego hemos podido subsanar. Estoy relajado por un tema de felicidad, no de relax, porque no te queda otra que ser feliz cuando has visto que todo el mundo ha empujado por lograr un objetivo que era importante para ellos.

- Lo estaba comentando usted mismo, que venir a Murcia era un desafío muy importante. Una vez que se sale de 'la rueda' de entrenadores es muy difícil volver, y después de las malas salidas de Barcelona y Zagreb, un descenso en el UCAM habría dejado su carrera muy tocada.

Obviamente, y es algo que pensé. Era una posibilidad. Descienden dos equipos y uno de los candidatos cuando yo vine, con un peso importante por la dinámica que llevaba, era el UCAM. Ahí me ha ayudado la experiencia de haber entrenado al Gipuzkoa, porque hay veces que sales momentáneamente del descenso pero tienes que estar preparado para volver, que es algo que nos ha pasado este año. Desde luego que era un riesgo muy grande, pero no me gusta mucho creer en eso de las ruedas. A mí me gusta entrenar, y es verdad que en el último año y medio lo he pasado mal, con una experiencia que a todo el mundo le gustaría vivir como es entrenar al Barça. Allí fui muy feliz con la contratación y por conocer un club de máximo nivel, pero me llevé una decepción muy grande por todas las cosas que me sucedieron. Esa percepción de poder fracasar es la que te invita luego a fracasar. Simplemente tuve la ilusión de venir a ayudar a la gente que estaba aquí y a ayudarme a mí mismo, porque necesitaba encontrarme otra vez con personas que creyeran en valores como el esfuerzo y el trabajo para conseguir un éxito, y lo he encontrado. Puede que salga reforzado a nivel laboral, pero sobre todo a nivel personal.

- Tenía muy claro justo después del partido del pasado domingo que debían sentarse directiva y usted a hablar de futuro esta misma semana. ¿No hay tiempo que perder?

Claro que no, por muchas razones. La primera, porque yo tengo muchas ganas de volver a entrenar en un proyecto donde la gente se sienta identificada, y la segunda, porque cuando has tenido una mala experiencia tienes que tener un ánimo de revancha inmediato, sin prisa pero sin pausa, para poder tener el mejor equipo posible que te lleve a donde quieres. Y cuanto antes tengas al entrenador, más fácil te será definir la estructura del equipo. Yo no quiero molestarme a mí mismo no teniendo una situación clara, ni molestar a un club que para mí ha sido muy importante, y quiero ayudarle a que las cosas le salgan bien. Conmigo, o sin mí.

- El club ha dejado claro que es el entrenador perfecto para su proyecto. ¿Qué necesita Sito para dejarse convencer por el UCAM o por quien llame a su puerta?

Varias cosas muy sencillas de decir, pero difíciles de hacer. Primero, la ambición: tener alrededor gente con mi misma ambición, y eso no quiere decir solo ganar, porque ganar es el punto final, aquí hablamos de las cosas que tienes que hacer en medio para conseguir ganar, y eso supone un esfuerzo por parte de todos. La ambición marca el proyecto y, el trabajo, la línea para conseguirlo. Cuando la gente de arriba no tiene esa misma ambición, y en este caso creo que sí la tienen, no respaldan cosas de trabajo que son fundamentales para un entrenador. Segundo, tener una lectura positiva de lo que ha pasado este año, que no sea un poso negativo para los que integremos la próxima temporada, porque lo que nos va a llevar a donde queremos llegar es reconocer nuestros errores y trabajar desde la positividad para subsanarlos. Solo eso, el resto es secundario.

Peligro de venir al UCAM: «Era consciente del riesgo, pero vine con la ilusión de ayudar a los demás y ayudarme a mí mismo después de un mal año y medio»

- De dinero también habrá que hablar.

No, no. En este caso el dinero que yo gane aquí no tiene ninguna relevancia. Ninguna. No me importa en absoluto. Cuando vienes de un año y medio en el que no te has sentido entrenador, cuando has sentido que las cosas que tú verdaderamente sientes no las puedes transmitir, de no tener ese sentimiento de cercanía con el equipo en todo momento, hay cosas que pasan a otro nivel. Todo el mundo tiene que ganar dinero por el trabajo que realiza, pero no va a ser la razón para quedarme o no. Sé dónde estoy, y en este club hay unos valores intrínsecos mucho más importantes que lo que podamos plantear a nivel material. Siempre he pensado que lo que puedo necesitar es encontrar un proyecto muy grande o que el que tenga pueda hacerlo grande con la gente que trabaja a mi lado. Y yo estoy en esa segunda parte.

- ¿No ha tenido ningún problema para desarrollar su trabajo? ¿Ni siquiera en el tiempo que pasa entre que se lesiona Tumba y llega Hunt?

No. Cero. El entrenador tiene problemas para desarrollar su trabajo cuando se siente solo o cuando las decisiones importantes solo las ve él y no siente el apoyo del club. Si lo tiene, es mucho más fácil aguantar hasta que llegue uno bueno la presión de tener que fichar. Para mí al principio habría sido muy fácil echar a cualquier jugador porque el club me dio todas las facilidades, pero dije que confiáramos, porque estaba seguro de que nos darían un rendimiento inmediato aprovechando el parón de la Copa del Rey. O cuando perdimos en casa contra el Gipuzkoa, si las personas más importantes del club hubieran dejado de creer, habría sido un problema grandísimo. Pero en todo momento he sentido el apoyo de gente con fuerza para luchar contra la adversidad, y eso es lo que da valor verdadero a la profesión de entrenador, tener apoyo constante de la gente que está alrededor.

Askia Booker: «No digo que sea un genio, pero, como los genios, necesita tener la seguridad de que le dejan desplegar su talento»

- Un reto seguro que fue la gestión de la eliminación de la Champions.

Me dolió muchísimo. Tenía puestas grandes ilusiones en poder llegar a una nueva 'Final Four'. Es verdad que el equipo que nos tocó venía en una dinámica muy positiva y con una manera de jugar diferente a lo que estamos acostumbrados. No iba a ser fácil, pero la eliminatoria se decide, para mí, en tres minutos. En el último minuto y medio del primer partido y en otro minuto y medio del segundo cuando, cuando tras ir nueve puntos arriba salen de un tiempo muerto con tres acciones de mucho acierto de ellos y muy mala fortuna nuestra, fallando tres tiros liberados que nos llevan de ir nueve arriba a solo tres a 1:15 del final. Pero me siento orgulloso de la reacción posterior del equipo para centrarse en lograr la permanencia, que, siendo sinceros, era más importante que la 'Final Four', porque imagínate llegar hasta allí y bajar a la LEB. Pero mi intención por supuesto que fue ser campeón de la Champions.

- Desde que entrena al UCAM he podido entrevistar a dos jugadores suyos, Askia Booker y Milton Doyle. Los dos se deshicieron en elogios hacia usted antes de incluso ser preguntados por su entrenador.

Es importante que los jugadores puedan tener buenas palabras hacia su entrenador, pero no lo más. El entrenador está al servicio de sus jugadores, y estos dos son jugadores especiales que necesitan desarrollar su talento con libertad, que viene condicionada por la presión que el entrenador pueda ejercer sobre ellos en un momento determinado, por la misma presión que recibe él por la situación del equipo. Los genios, y no estoy diciendo que él lo sea, pero con Booker pasa así, necesitan tener la seguridad del que le deja hacer las cosas, porque son inseguros en cuanto a lo que puedan pensar los demás a la hora de desarrollar su talento. Me alegro de que los dos se hayan sentido cómodos.

Estilo de juego: «Hemos alcanzado momentos brillantes de baloncesto colectivo con Booker anotando y los demás trabajando para él»

- Algo que a Booker le ha pasado factura es la percepción más clásica que tenemos aquí en cuanto a las posiciones en el juego, que han cambiado mucho. Se puede ser base sin ser un director de juego, sino un generador de ventajas, como es su caso.

Estoy de acuerdo. La posición de base es la que creo que más ha evolucionado en los últimos años. Es una parte fundamental del equipo enfocada en quizás tres vertientes: la del director de juego total, donde ya quedan muy pocos; la alternativa de saber cuándo tienes que, por ejemplo, hacer seis tiros seguidos y cuándo pasar diez minutos sin lanzar; y el caso de jugadores como Shane Larkin, Mike James, Nico Laprovittola, etc. Hay muchos de este tipo. Ellos, cuando se sienten más cómodos en la cancha, es cuando encuentran a su lado alguien que sea capaz de dirigir al equipo. Aquí, Mitrovic ha sido en muchos partidos un jugador importante para Booker, porque era capaz de asistir o hacer una función de base. Esto forma parte de un baloncesto más moderno, donde la transición y la llegada en carrera son más importantes, estableciendo conexiones necesarias con quien lleva el balón y jugar sin que este tenga que marcar un sistema, y es cuando más importante es este jugador: a campo abierto y cuando las defensas no están estructuradas, lo que pasa es que eso tiene un riesgo muy grande, que a veces ni el entrenador tiene el control de lo que está pasando. Si el entrenador es alguien de mucho ego, tendrá dificultades para admitirlo, y tienes que acostumbrarte a que veces haya cosas que salen muy bien, y otras que haya un pequeño 'desorden organizado'.

- ¿Cómo acepta el grupo que entregue las llaves de la ofensiva a Booker de una manera tan clara?

Es el tema más difícil como entrenador, hacer entender a la gente que un jugador que en ese momento estaba muy cuestionado, y del que cada decisión que tomaba estaba mirada con lupa, se iba a convertir en un jugador determinante. Tienes que ser claro con los jugadores. Y, o creíamos en Booker, o le teníamos que echar. Él había demostrado en diferentes partidos que tenía una capacidad anotadora que era la que le hacía el jugador que habíamos fichado, y ese no era un director. Explicándoselo al equipo, ellos lo entendieron. El buscar esa combinación de anotación con que los jugadores comprendieran su rol, era explicar a los demás el rol que tenían, y eso es muy importante. Y también han entendido todos que en partidos que Booker ha estado muy cubierto, ha sido capaz de compartir el balón de manera muy inteligente. Cada uno tiene que hacer lo que mejor sabe hacer, suele ser un error para el rendimiento del equipo querer hacer más de lo que uno sabe, y una vez comprendido esto creo que se han alcanzado momentos de un baloncesto colectivo brillante, porque también es colectivo tener a Booker anotando y los demás trabajando para él.

Mensaje positivo: «Cuando más he rendido como entrenador ha sido cuando más feliz he sido, y este año ha sido así»

- Hay dos partidos que casi se puede decir que los gana él. En Manresa les remontan hasta ponerse por delante en el último cuarto, momento en que Booker mete 13 puntos seguidos. Y en Badalona, después de una ventaja de 24 puntos menguar a 3 en el último cuarto, mete 11 de los siguientes 12.

En la situación ofensiva estoy muy de acuerdo. En el de Manresa especialmente hay también cinco puntos absolutamente determinantes de Doyle, pero Booker, lo que ha demostrado sobre todo, es que no se esconde. Y el jugador que no se esconde tiene ser querido. Porque la responsabilidad de que un equipo baje es muy difícil de asumir, y él en Badalona pedía el balón como si le fuera la vida en ello. Estoy muy contento por ver eso y porque las defensas de Cate y Kloof por las que vienen precedidas esas canastas, que son más difíciles de ver, son excelentes. Es una labor de equipo, pero esa responsabilidad él no la ha negado nunca. Contra el Unicaja su partido estaba siendo desastroso desde la línea de tres puntos, pero va y mete seis penetraciones seguidas. Pero hay más jugadores que han sido vitales para la permanencia: Rojas con ese balón que luego da la falta de Salin y nos permite tener balón para ganar contra el Unicaja, el rebote-canasta de Radoncic, el triple de Kloof contra el Gipuzkoa, el nivel de NBA con que abre Soko el partido de Manresa… Cuando puedes destacar a tanta gente es que el equipo funciona, y eso es lo que más me gusta.

- ¿Habría cambiado el modelo de juego de haber estado usted aquí desde el principio? Sobre todo por la entrega total a Booker, de quien estamos inevitablemente mucho porque su éxito ha sido el suyo, y viceversa.

Nunca se sabe, pero es verdad que Booker, desde que le vi el año pasado en el Betis, me impactó. Vi también el tipo de jugador que era en cuanto a la libertad que debía tener, pero yo es que soy una persona muy respetuosa con mis compañeros, y el trabajo en Europa de Javi Juárez fue tremendo. La Liga Endesa es una competición muy exigente donde ser entrenador de primer año tiene unas dificultades muy grandes, y cuando las cosas se empiezan a torcer y la presión aumenta, esas experiencias que no has vivido con anterioridad cuesta asimilarlas de manera rápida. Y lo sé porque a mí me pasó cuando debuté en su día en el Joventut. Cada uno tiene su filosofía, la mía está más cercana a defender casi atacando al contrario, que a lo que luego hemos tenido que ajustar para que nuestro único objetivo no fuera crecer solo como equipo, sino hacerlo ganando, porque la urgencia era inmediata. Todo puede cambiar en función de la presión que tengas, pero estoy contento sobre todo por la felicidad de la gente a mi alrededor, sobre todo el día que ganamos al Unicaja.

- Milton Doyle dice que eres un 'entrenador de jugadores', término que en España no usamos pero sí emplean mucho en Estados Unidos.

No siempre me ha salido bien, no con todos los jugadores tienes una conexión especial. Con Larkin me salió perfecto, pero con Thomas Heurtel, y no pasa nada por decirlo, mi objetivo fundamental era ese y no funcionó. Mi objetivo siempre ha sido que el jugador de talento no encuentre ninguna atadura, porque su propio talento es mucho más importante que la táctica. Y si el jugador siente eso te va a rendir a un nivel increíble, respetando unos patrones tácticos que tú consideres importantes para el funcionamiento grupal. El acierto depende de la precisión, y si no estás tranquilo con lo que haces no vas a ser preciso. Pero como cualquier persona en cualquier trabajo en esta vida.

- Un gusto por explotar el talento individual que le viene de lejos, porque con 29 años ya era asistente de Aíto García Reneses en el Joventut y uno de sus cometidos era el desarrollo técnico de los jugadores salidos de una de las mejores canteras de Europa.

Teníamos un grupo de trabajo con el que pasábamos muchas horas a la semana: Ricky Rubio, Pau Ribas, los hermanos Tomàs, Josep Franch, Nacho Llovet, Albert Ventura, Christian Eyenga, Henk Norel… muchísimos jugadores. Rudy Fernández, aunque en menor medida porque lleva el talento en las venas, y lo que a otros les costaba una hora y media, a él un minuto. Disfrutaba mucho haciendo eso porque la técnica forma parte de un trabajo que da la posibilidad al entrenador de sentirse identificado con la mejora de un joven, y aprender tú del joven y que él pueda escucharte, es algo que me encanta. La técnica individual es lo más bonito de enseñar.

- La última vez que el UCAM cambió de entrenador a mitad de temporada llegó Fotis Katsikaris, que ya había estado la campaña anterior. A diferencia de en su primera etapa, Katsikaris se mostró muy cercano. Y decía que aquella vez el equipo necesitaba más su sonrisa. ¿Es el mismo planteamiento que hizo usted? Porque la fama que tenía antes de llegar aquí era de entrenador hermético y muy exigente, y en cambio siempre le hemos visto muy positivo y abierto.

Cuando más he rendido como entrenador ha sido cuando más feliz he sido. La exigencia no va reñida con la sonrisa, y reconozco que el equipo ha trabajado excelente. Como este trabajo ha sido así, mi sonrisa era permanente y la creencia de poder salvarnos, también. Cuando tienes un equipo que piensas que te sigue, la felicidad es absoluta. Obviamente, a mi llegada yo quería que entendieran que tenían que ser más felices de lo que lo estaban siendo, principalmente porque estaban obsesionándose en hacer cosas que no eran capaces, y esa frustración les convertía en huraños. Con esa negatividad no íbamos a conseguir nada. El equipo creyó y nos hemos ido contagiando unos a otros, y sin eso hubiera sido imposible salvarnos. Todos tenemos que hacer un esfuerzo para hacer feliz al de al lado, y así es como hemos terminado siendo todos más felices de lo que lo éramos antes de llegar aquí.