Sylvia, la abuela del 'drive' diabólico

Sylvia Ortiz-Repiso, ayer por la tarde en la terraza del Club de Tenis Cartagena. / antonio gil / agm
Sylvia Ortiz-Repiso, ayer por la tarde en la terraza del Club de Tenis Cartagena. / antonio gil / agm

A sus 76 años, la cartagenera sigue jugando, es la socia más antigua del club de Pintor Balaca y la única tenista local que ha ganado la Copa Challenge en 69 ediciones

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

La vida de Sylvia Ortiz-Repiso, cartagenera de 76 años, da para un libro. Pero en este reportaje solo caben 1.100 palabras. Antes de encender la grabadora, ya dispara. «Me quedé embarazada por vez primera con 17 años y con 21 ya tenía cuatro hijos. Con 28, seis. Mi marido era capitán de navío y pasaba muchos meses embarcado. A los seis los he criado sola, pero siempre sacaba tiempo para entrenar y jugar al tenis», cuenta Sylvia, la única tenista local que ha ganado la Copa Challenge de Cartagena en 69 ediciones. El torneo más importante de la ciudad solo se quedó una vez en casa, gracias a su inesperada victoria en la final de 1974 ante Margarita Sánchez-Lafuente. Tenía 32 años.

Se quedó viuda hace más de 30 años. Tiene once nietos y dos bisnietos. No es una abuela con achaques, de las que solo salen de casa para llevar a sus nietos al colegio. Ella, entre otras cosas, juega al tenis. Eso sí, menos de lo que le gustaría. «Mis nietos presumen de abuela y sacan pecho. Dicen que yo no soy vieja, como sus otras abuelas. Dicen que soy antigua. Me han visto jugar alguna vez y saben que estoy en forma. Si me hacen una dejada, corro y llego. Ya no juego como antes y mis golpes son menos potentes, pero hago moverse al rival. Pierdo contra la gente que es más joven que yo, pero te digo que todos sudan para ganarme», cuenta orgullosa la socia más antigua del Club de Tenis Cartagena, que estos días vive su semana grande con la celebración de la 69ª edición de la Copa Challenge-Trofeo Ciudad de Cartagena. «Todos los socios más antiguos que yo han muerto ya. Y durante unos años no me renovaron la licencia federativa, por error. Si me la hubieran renovado, hoy sería la jugadora que más tiempo lleva en activo en toda España», apunta. Está federada desde 1954. Desde que tenía 12 años y jugaba contra adultos.

Ella es una institución en el centenario club de la calle Pintor Balaca. Todo el mundo la conoce, aunque los más jóvenes no tienen ni idea de quién es realmente. «Mi abuelo fue Francisco Holt, un inglés que introdujo el tenis en Cartagena. Él fue el primer presidente del club. Mi suegro, el almirante Rafael Fernández de Bobadilla, fue presidente en dos etapas y le dio un buen empujón. Entonces era un club social, donde se celebraban los cumpleaños y los niños pasábamos tardes enteras, y además era un club de tenis. Hoy es otra cosa. No hay vida social. La gente reserva su pista, juega su partido y se marcha. Antes, en los años 50, 60 y 70 venías al club a ver lo que pasaba y a intentar jugar contra quien fuera, en cuanto se quedara libre una de las tres pistas», relata.

«Mi abuelo fue Francisco Holt, un inglés que trajo el tenis a Cartagena. Fue el primer presidente del club»

Fue una «buena» tenista. «Me quedé embarazada con 17 años porque entonces las cosas eran así. Tuve seis hijos. Recuerdo que en cada embarazo jugué hasta el cuarto mes. Estaba en Cartagena y ni me planteé dedicarme profesionalmente al tenis. Ahora, 60 años después, me queda la duda de saber qué hubiera pasado si hubiera vivido en Madrid o Barcelona. Condiciones tenía. Ganaba a jugadoras mejores que yo y gané torneos en Murcia, Alicante y Valencia. Se puede decir que fui una adelantada a mi tiempo. Entonces se jugaba a pasar y acompañar la bola, esperando el fallo del rival. Yo era muy agresiva, mi 'drive' era muy potente, sacaba fuerte y pegaba buenos trallazos. Me la jugaba. Es lo que en los años 80 empezaron a hacer Steffi Graf y Conchita Martínez. Y lo que hacen actualmente casi todas las jugadoras del circuito femenino», explica Sylvia, cuya hija mayor es Sylvia Fernández de Bobadilla, periodista cartagenera con un cuarto de siglo de trayectoria en TVE.

«Conocí a mi marido en el tenis, le gané una final a mi madre y también he jugado contra mi hijo»

Juega al tenis desde que tiene uso de razón. «Me crié en la finca Casa Blanca, en Los Dolores. Teníamos una pista de tierra en el jardín, de las pocas que había en Cartagena. Jugaban mis padres y jugábamos todos los hermanos. Los viernes por la tarde veníamos al club y se puede decir que el fin de semana lo pasábamos aquí. Casi siempre jugaba contra chicos. A muchos les ganaba. Con 12 años me vio Juan Nepomuceno Domínguez y se puso a entrenarme. Me vio cualidades y mejoré mucho con él. A mi marido también lo conocí aquí [en el club de tenis de la calle Pintor Balaca]. Jugaba con él en dobles mixtos y contra él para mejorar mi nivel. También jugaba contra mi madre, a la que una vez le gané en la final de un torneo. Y he jugado mucho contra mi hijo», resume Sylvia.

Diez años «parada»

Solo dejó el tenis durante diez años, «de los 45 a los 55, más o menos». Su marido murió y tuvo que sacar adelante a seis hijos ella sola. Encontró un trabajo en el Hospital Naval y se puso a estudiar la carrera de Psicología en la UNED. «Era imposible jugar. No tenía tiempo. Pero me arrepiento de haber estado parada. En todos esos años, siempre estaba el tenis en mi mente y siempre pensaba en volver. Y un día, después de diez años, volví al club y lo primero que hice fue apuntarme al torneo Comercial 2-3. Y hasta hoy, que lo sigo jugando. Siempre he sacado un hueco, fuera a las dos de la tarde o a las nueve de la noche», dice.

«Me quedé embarazada con 17 años y a los 21 tenía cuatro hijos. Jugaba hasta el cuarto mes de gestación»

Los tiempos han cambiado mucho y se alegra de que el deporte femenino sea «cada vez más visible». Aunque aclara que el tenis «siempre ha sido distinto a otros deportes» y que ella «jamás» vio «comportamientos machistas». Ya en los años 60, «éramos bastantes chicas jugando y entrenábamos con chicos», destaca. «Se jugaban mixtos y había cuadros femeninos en todos los torneos, aquí en la Región, en Valencia y en Barcelona. He jugado en muchas ciudades y nunca he visto que se discriminara a la mujer en este deporte», añade.

«Santana hizo la mili aquí y por las tardes jugaba con Cuqui»

La mayoría de los recuerdos de su vida están entre las cuatro paredes del Club de Tenis Cartagena, que fue construido en 1925 siendo su abuelo presidente. «Toda nuestra vida giraba alrededor del club. Jugábamos al tenis y también al tenis de mesa, arriba en la terraza. Y bailábamos junto a un tocadiscos que había en el salón social. Éramos como una familia y es verdad que todos nos conocíamos y que no solía entrar gente de fuera. Esta era nuestra segunda casa. Hoy, obviamente, todo es diferente», indica Sylvia Ortiz-Repiso, quien no quiere «hacerse a la idea» de que alguna vez «me haré tan mayor que tendré que dejar de jugar».

Hay un recuerdo que tiene grabado a fuego en su mente: el del mítico Manolo Santana jugando cada tarde en las pistas del club cartagenero. «Hizo la mili aquí. Al menos, la instrucción. Y cuando salía del cuartel se entrenaba en el club. Lo recuerdo como si fuera hoy jugando con Cuqui [Fernando Mellado, hijo del conserje de toda la vida y que acabó siendo uno de los mejores tenistas locales de la historia]».