Nico Almagro, último capítulo

Nicolás Almagro, el jueves, tras un entrenamiento. / Pablo Sánchez / AGM
Nicolás Almagro, el jueves, tras un entrenamiento. / Pablo Sánchez / AGM

El tenista pondrá fin a su carrera profesional en el ATP Challenger Murcia Open que arranca mañana | «Si hago balance de lo que he conseguido en mi vida deportiva, ¿qué más puedo pedir?», dice el mejor jugador de la historia del tenis regional

Paco Lastra
PACO LASTRA

«Regresa el tenis profesional a las pistas de nuestro centenario club y estamos tan orgullosos como contentos de que eso sea así. Es la mejor forma de celebrar un aniversario y seguro que nos vamos a divertir con el tenis de alta calidad que despliegan los jugadores», dijo el pasado lunes la consejera Adela Martínez-Cachá, refiriéndose a la celebración del primer ATP Challenger Murcia Open, que se celebra a partir de mañana, y hasta el domingo 14, con motivo del centenario del Murcia Club de Tenis. Pero no será la disputa de este torneo la única noticia que acaparará la atención de los amantes de la raqueta.En la arcilla del centenario club de tenis murciano pondrá fin a su carrera profesional el mejor jugador que ha tenido el tenis regional en su historia. Con trece títulos ATP en sus vitrinas, y tras haber estado en el top 10 de la ATP (2011) y haber aguantado entre los quince mejores del mundo durante cuatro años (2010-2013), Nicolás Almagro (33 años) dirá adiós ante su público.

Atrás va a dejar una exitosa carrera que llegó a su punto álgido en 2011, año en el que alcanzó su mejor puesto en la ATP con una marca personal de tres títulos ATP World Tour (Brasil, Buenos Aires y Niza) en cinco finales, todas sobre arcilla.

En 2012 mantuvo alto el listón. Fue el tercer mejor tenista español entre los mejores del mundo, por detrás de Nadal y David Ferrer. Acabó en el top 15 por tercer año consecutivo y destacó el mejor registro de triunfos de su carrera, con 58, dos títulos ATP y una marca de 5-2 en la Copa Davis, donde lideró a España en la final contra la República Checa. En 2013 mantuvo el tipo y en 2014 empezó su calvario. Cayó en la final de Houston ante Verdasco y se retiró en la primera ronda de Roland Garros para luego someterse a una operación en el pie que lo tuvo fuera de las pistas el resto de la temporada.

En 2016 recuperó su nivel. Ganó en Estoril y llegó a la final en Buenos Aires. Pero la rodilla le jugó una mala pasada en 2017. En Roma, dos semanas antes de Roland Garros, recibió un primer aviso cuanto tuvo que abandonar el torneo italiano en la segunda ronda. En París, tras un servicio del argentino Del Potro, se echó las manos a la cabeza, se agachó y cayó desplomado a la arena. Nico recayó y abandonó Roland Garros entre lágrimas.

Empezó su cuesta abajo en la alta competición. «Las lesiones son parte del juego e influyen en cualquier deportista profesional, es lo que hay que saber aceptar y saber llevar, pero es verdad que he tenido una serie de lesiones un tanto peculiares, como una fascistis plantar, que no es muy común en un tenista, me rompí el escafoides en una caída y después vinieron las de la rodilla, que fueron más graves, hace dos años. Han sido cuatro operaciones y cuando te pasa esto, o te haces más fuerte o al final no puedes salir».

Nicolás Almagro pudo salir, como él mismo dice, gracias «a un ángel de la guarda», en referencia al doctor Paco Martínez, «que siempre ha sido responsable de mi cuerpo. Puedo decir que no ha habido nadie mejor para ocuparse de todo lo que me ha ocurrido».

Pero si 2017 fue un año negro para Nicolás Almagro en la pista, también fue un curso en el que, de alguna manera, cambiaron sus prioridades. «El matrimonio sí que me cambió, pero lo que más lo hizo fue el nacimiento de Nico, mi hijo. Entonces hubo un antes y un después. Ha sido el momento más feliz de mi vida, no hay nada comparable. El día que vi por primera vez la carita del pequeñajo me di cuenta de las cosas que realmente tienen importancia en la vida. Estoy centrado en intentar pasar el máximo tiempo posible junto a él, porque el tiempo pasa muy rápido y no me quiero perder nada».

Rafi, su mujer, también ha sido un gran apoyo. «No hay mejor compañera de viaje que ella. He tenido la suerte de formar una familia increíble. No he conocido a una persona más positiva. Gracias a ella he logrado mi mayor triunfo, que es mi hijo, y ojalá que podamos tener muchos más».

Exhibiciones y torneos

Más relajado, y a punto de anunciar su retirada, Almagro hace sus planes. Seguirá ligado al tenis con exhibiciones y en torneos de veteranos. Cuando se le pregunta por su pasado deportivo no se esconde. A la pregunta de qué torneo le gustaría haber ganado, responde que ha hecho realidad casi todos sus sueños. «Me pongo a hacer balance de lo que ha ocurrido en mi carrera deportiva y a pensar en los trece títulos ATP, en las diez finales, un título de dobles, he participado en Juegos Olímpicos, gané un diploma olímpico en Londres, todo los Grand Slam, campeón de la Copa Davis... Bueno, ¿qué más puedo pedir?»

Nico Almagro ha tenido la suerte, o la desgracia, según se mire, de haber sido uno de los protagonistas de la etapa dorada del tenis mundial. Al repecto dice que «estaban Federer, Nadal, Murray y Djokovic, que eran intocables, formaban un grupo al que no se podía acceder. El resto estaba por detrás, dando tumbos. No obstante, si le hubieran dicho a alguien de mi entorno lo que iba a conseguir, ya digo que habrían firmado la mitad de la mitad de la mitad».

En ese entorno, además de su familia, han tenido un papel clave sus entrenadores. «He tenido a los mejores en todas las etapas de mi carrera. Empecé con Antonio González Palencia, quien fue algo más que un entrenador, fue como un padre. Me inculcó su manera de pensar, hasta sus gustos musicales, recuerdo que escuchábamos mucho a Juan Luis Guerra en el coche y ahora el artista dominicano forma parte de mi vida. Pero Antonio tuvo una enfermedad y me replanteé ciertas cosas y me tuve que ir a Barcelona y allí decidí ponerme en manos de José Perlas, un entrenador consolidado a nivel mundial. Era consciente de que no iba a ser fácil, pero tenía que profesionalizar mi vida para dar un paso adelante y con él conseguí ponerme en el top 10. Fue una etapa en la que aprendí mucho. Su forma de trabajar fue la que más me ha influido. El que me hizo darme cuenta de que en el circuito hay que ser muy profesional porque el tren pasa muy rápido».

Pese a todo lo conseguido junto a Perlas, Almagro decidió cambiar para ponerse en manos de Ferrero, en su academia de Villena, más cerca de casa. Fue una etapa que Nico califica de «bonita», aunque las lesiones volvieron a cruzarse en su camino. «Tuve un pequeño parón por una fascitis plantar, pero logré mantenerme entre los quince primeros durante mucho tiempo. El lugar era el idóneo para trabajar y estar centrado en el tenis. Fue bonito vivirlo».

Hasta que Almagró decidió un cuarto y último cambio. «Cuando me casé pensé que lo mejor era venirme a Murcia y decidí traerme al entrenador argentino Mariano Monachesi. Sabía que era la persona ideal para sacar lo mejor de mí en los últimos años de mi carrera y así fue, gané mi último título junto a él, en Estoril, y al final, las lesiones de la rodilla hicieron que nos tuviéramos que separar. Tuve que dar un paso al frente y plantearme las cosas y he acabado en el Murcia Club de Tenis con Juancho y con Rubén Ramírez, porque no sabía al cien por cien si iba a poder. Ahora me encuentro bien para disfrutar el Challenger y para allá que voy, a muerte».

Carlos Alcaraz, el futuro

El tenis regional ha encontrado en Carlos Alcaraz a su nuevo ídolo. «Es un chico que tiene una vida por delante bastante positiva. La vida del tenista es francamente compleja y hay que tener los pies en la tierra en todo momento, pero está haciendo cosas muy rápido y muy buenas, así que tiene todos los mimbres para ser un grande de este deporte. Me consta que está muy bien asesorado. Hay que ir paso a paso y ojalá que sea el presente y el futuro del tenis mundial, porque del murciano está claro que lo es». Por cierto, ya se saben los rivales de Almagro y Alcaraz en el ATP de Murcia, que debutarán ante Vilella y Sakharov.

El tenis va a echar de menos a Almagro. Su técnica y su entrega en la pista, así como su revés a una mano -hay quien ha llegado a compararlo con el de Federer- siempre estarán en el recuerdo de los buenos aficionados. Su vida, a partir de ahora, será más tranquila y relajada, pero seguro que seguirá ligado al tenis y, haga lo que haga, dejará su sello.

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