Monos desde los tres años en el armario de Ana

Ana Carrasco, con nueve años. /LV
Ana Carrasco, con nueve años. / LV

Su padre le regaló una Polini con más pinta de juguete que de moto; 18 años más tarde, la ceheginera se ha convertido en la primera mujer en ganar un Campeonato del Mundo de motoclismo

LA VERDAD

«Me gustaría ganar un Mundial. En unos años espero codearme con los primeros». Ana Carrasco tenía ya muy claro cuál era su objetivo cuando allá por 2013, y con tan solo 16 años, debutaba en el Campeonato del Mundo de Moto3. Es cierto que, hace casi tres años, la piloto ceheginera se vio forzada a cambiar de modalidad, lastrada por una lesión de clavícula que le impidió cuajar un buen curso. Pero es en la competición de Supersport 300 donde Carrasco ha encontrado su hábitat natural, hasta el punto entrar por la puerta grande en la historia del motociclismo, en particular, y del deporte, en general.

Nacida en 1997 en el Noroeste de la Región, la flamante campeona del mundo se subió con apenas tres años al mundo de las dos ruedas, cuando su padre, Alfonso, le compró una Polini roja, con un objetivo más lúdico que vocacional y se enfundó sus primeros monos. «Empecé muy joven. Mi familia está muy relacionada con el motociclismo. Mi padre es mecánico y ha estado en competición con varios equipos. Desde que nací ya había motos a mi alrededor y una moto justamente fue mi primer regalo».

También fue su progenitor, al que debe todo lo que sabe sobre esta disciplina, quien la llevó a entrenar a Alicante en sus inicios. Nadie más que él se asustó aquel día, hace muchos años, en el que llevó a la pequeña al Campeonato de España a Albacete y ella, que casi no llegaba a la moto, le pidió que hablara con los comisarios para que le dejaran dar unas vueltas. Lo consiguió, «pero aquellas minimotos iban tan lentas que los minutos pasaron y mi padre empezó a impacientarse. Al final, mucho rato después, me vio asomar en la recta y se tranquilizó, pero se llevó un buen susto».

Desde aquellos tiempos, la murciana no se ha bajado prácticamente de la moto, a la que siempre se sube con la pierna derecha. También empieza siempre por el guante derecho. Son las dos manías de una piloto ambiciosa y tenaz que asegura no tener miedo, pese a haber visto morir en la pista, allá por 2003, a Daijiro Kato, su piloto favorito. Su trayectoria, que abarca más de tres lustros corriendo, uno de manera profesional, le ha llevado a ir derribando barreras, una detrás de otra, en una disciplina abrumadoramente masculina. «Al principio, cuando empecé, era más extraño para la gente. Conforme va pasando el tiempo la gente y, sobre todo los hombres, se van acostumbrando, pero al final una mujer es capaz de hacer lo mismo que un hombre. Es difícil al principio, pero vamos abriendo la puerta para que en el futuro otras mujeres puedan estar en este deporte», confesaba hace pocas fechas.

Así, fue la primera española en puntuar en el Campeonato del Mundo de la categoría de Moto3, al lograrlo en octubre de 2013, año de su debut, en el Gran Premio de Malasia. Hace poco más de un año, se convirtió en la primera mujer en ganar una prueba del Mundial de Supersport 300, justo en la misma temporada en la que se estrenaba en esta competición. Tan solo un curso después, el circuito de Magny-Cours, ha visto como se cerraba el círculo y Ana se convertía, no sin cierto suspense, en la primera fémina campeona del mundo de motociclismo. La niña que colonizaba con trofeos, cascos y monos la casa familiar de Cehegín se ha ganado el respeto y la admiración de todo el 'paddock' y un lugar en los libros de historia. Objetivo conseguido. Ahora toca fijarse unos cuantos más...