Una terapia bañada en oro

Carmen López posa sentada en su silla de ruedas con sus caballos, 'Bribón' (pelirrojo) y 'Batman' (blanco), en el club Maype de Cartagena. / Cedida por Carmen López
Carmen López posa sentada en su silla de ruedas con sus caballos, 'Bribón' (pelirrojo) y 'Batman' (blanco), en el club Maype de Cartagena. / Cedida por Carmen López

Carmen López, de Pozo Estrecho, es campeona de España de doma clásica adaptada tras reponerse de un accidente que la dejó en silla de ruedas hace 12 años

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

A los 12 años conoció la hípica y supo que ese sería su mundo. Para siempre. Pasara lo que pasara. Terminó el instituto y marchó a Barcelona. Quería aprender más. La idea era perfeccionar su estilo y convivir con los mejores jinetes del país. Volvió a Cartagena, pero el plan nunca cambió. Siguió montando. Continuó compitiendo. Con 28 años, de la forma más cruel e inesperada, la vida le golpeó con dureza. Todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Le cayó una puerta encima en un desgraciado accidente que le «reventó» varias vértebras y la dejó postrada en una silla de ruedas. Todo había terminado. Eso parecía.

Carmen López García, cartagenera de Pozo Estrecho, pasó los siguientes diez meses en el hospital nacional de parapléjicos de Toledo, aturdida al principio y absolutamente cambiada al final. El proceso fue duro, en lo anímico y en lo físico, con fuertes dolores que aún hoy, doce años después de aquel fatídico accidente, persisten. Pero ella nunca se rindió. Al revés. Se creció ante la adversidad. «Ya en Toledo, en aquellos meses de rehabilitación, me di cuenta de que estaba cambiando mi forma de ver la vida. Ahora afronto los problemas de otro modo y he aprendido a apreciar las cosas pequeñas», cuenta la galilea, de 40 años. «Cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. Es mi frase favorita», añade.

Nunca se rindió. Y, por supuesto, no abandonó la hípica. Redobló sus esfuerzos, consciente de que hacer lo mismo que antes del accidente le iba a costar el doble. «Me hice juez de doma clásica, primero regional y luego nacional. Además, me saqué el segundo curso de Técnico Deportivo y me especializé en hípica. Tuve que demandar al centro de estudios, ya que no me permitían matricularme. Era la primera vez en España que una persona discapacitada pedía plaza en este Grado. Conseguí que en el BOE se publicara la obligatoriedad de que se reservaran plazas para discapacitados. Y terminé mis estudios», explica con orgullo la amazona cartagenera.

Se abrió camino. Siempre lo ha hecho Carmen. La hípica iba a ser su vida. Lo tuvo claro desde niña. Y nada la iba a apartar de ese mundo. Tanto empeño, por tanto, tuvo recompensa. «Estuve siete años sin montar, pero en 2016 llegué a mi cuadra y pedí un caballo tranquilo para dar un paseo. Me subí a 'Batman', conecté con él desde el primer momento y me lo quedé. Entonces me inscribí en una competición de doma clásica normal, en la que competí con jinetes y amazonas de la categoría absoluta. Fue un día increíble. Muy emocionante. Volví a sentir las sensaciones que tenía antes del accidente», recuerda Carmen.

Modalidad adaptada

A esos momentos de subidón le siguieron otros de bajón. Obviamente, la realidad era (y es) muy cruda. Carmen ya no era (ni es) la amazona que había sido antes de destrozarse varias vértebras. Y no daba el nivel para competir con los mejores. «Tengo una lesión medular, mis piernas no funcionan bien, no tengo sensibilidad y tengo espasticidad. La placa de titanio que tengo en la cadera me dificulta mucho los movimientos. Y encima del caballo, la cadera y las piernas son fundamentales. Y son cosas que yo tengo dañadas. Afortunadamente, conocí la modalidad de doma clásica adaptada, también llamada paraecuestre. Y ahí encontré mi lugar», confiesa.

Vaya si lo hizo. Ha sido campeona de España de esta especialidad en 2018 y 2019 y el próximo 19 de agosto debutará en un Campeonato de Europa. «Se celebra en Rotterdam (Holanda) y voy a representar a España en el individual y por equipos, con otros tres jinetes. Es un premio a la labor de estos dos años, en los que he conseguido ganar la medalla de oro en el Nacional. Estamos por debajo del nivel de países como Holanda, Alemania, Francia o Gran Bretaña, donde se cuida mucho la hípica adaptada. Nosotros vamos con retraso, pero el objetivo es hacer un buen papel e ir acercándonos a su nivel. A Tokio ya no llegamos, pero el reto es pelear por conseguir una plaza en los Juegos Paralímpicos de París 2024», explica la amazona de Pozo Estrecho.

«En la vida tienes que mirar el lado bueno de las cosas. Antes del accidente hubiera sido imposible pensar en que yo podía ir a un Campeonato de Europa. Estamos hablando de que para competir con los mejores en un Nacional necesitas un caballazo de 300.000 euros, algo que de ninguna manera me podía permitir. En la modalidad para discapacitados, el nivel baja y la competencia es menor. Mi caballo es de 5.000 euros. En este escenario, obviamente sí que tengo mis posibilidades», explica Carmen con total sinceridad.

La libertad

Más allá de los resultados y de la opción -cada vez más real- de acudir a unos Juegos Paralímpicos, a ella lo que le motiva a levantarse cada día y superar todos los obstáculos es «la libertad que me da poder subir al caballo. Si antes la hípica ya era mi pasión y mi forma de vida, pues imagínate ahora. Montar es lo más parecido a andar de nuevo. Yo siempre digo que montar a caballo me da lo que la lesión medular que sufro me quita».

Y no es fácil practicar este deporte en sus condiciones. «Yo necesito un mozo para limpiar la cuadra y el caballo. Necesito además un transportista para llevarlo de un sitio a otro. Yo conduzco mi coche, pero el camión no está adaptado para que lo lleve. Para subirme al caballo necesito cierta ayuda. Tardo mucho y lo he de hacer desde una banqueta. No todos los días puedo entrenar. Los cambios de temperatura intensifican mis dolores. Se me encogen las piernas y no puedo subir al caballo. Pero son cosas que he aceptado. Puede más lo positivo», concluye.

«Hay días en los que los dolores no me dejan entrenar»

«En en el hospital de Toledo, tras el accidente, me dijeron que no volvería a andar y que me olvidara de montar a caballo, que eso iba a ser imposible por el grado de daño que tenía en la espalda. Con el paso de los años he andado. No puedo andar mucho, pero lo he conseguido, con y sin muleta. Y, por supuesto, puedo montar. Esto me hace muy feliz», cuenta Carmen López.

No obstante, no todo es perfecto. «Me gustaría poder entrenar más y mejorar mi nivel, pero hay días en los que los dolores no me dejan entrenar. Tengo una serie de limitaciones y soy consciente de la minusvalía que tengo. Pero nunca me rindo», dice.

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