«Lo que hacen por los niños no tiene precio»

Ginés Orcajada sostiene a Pedro Antonio, minúsvalido, mientras su hermano Diego le hace reír, en un entrenamiento en el pabellón del instituto Mediterráneo. /PABLO SÁNCHEZ / AGM
Ginés Orcajada sostiene a Pedro Antonio, minúsvalido, mientras su hermano Diego le hace reír, en un entrenamiento en el pabellón del instituto Mediterráneo. / PABLO SÁNCHEZ / AGM

El equipo de fútbol sala Luchadores Anónimos surgió hace dos años y ya permite que 22 discapacitados menores de edad hagan deporte

RUBÉN SERRANO CARTAGENA

María Peñafiel vive en Murcia y desprende amor de madre por los cuatro costados. Ha llevado a su hijo a fisioterapeutas, logopedas y a terapias de estimulación, recorriendo España de punta a punta. Pero la solución la encontró hace dos años, al otro lado del Puerto de la Cadena. Concretamente, en el pabellón del instituto Mediterráneo. Allí va ella cada viernes por la tarde, con el pequeño Pedro Antonio, de 13 años y minusválido de nacimiento, para que lo levanten de la silla de ruedas y pueda disfrutar de su gran pasión como «uno más»: el fútbol. «La gente no sabe lo difícil que es encontrar una actividad de ocio para las personas discapacitadas. Es casi imposible. Y menos, con un trato tan personal. No tiene precio lo que hacen con los niños: a mi hijo lo levantan de la silla, lo sujetan de la espalda y se pone a andar para golpear la pelota, porque lo que no mantiene es el equilibrio por sí mismo. Le gusta y le motiva, siempre está deseando que llegue el viernes», relata la madre.

Detrás de la historia de Pedro Antonio, una de las tantas que se ven cada semana en el instituto Mediterráneo, hay unos responsables. Y para conocer esa labor, totalmente altruista y con escasa visibilidad en la ciudad, conviene rebobinar hasta 2016. Ese año, un grupo de seis integradores y educadores sociales funda Luchadores Anónimos, un proyecto altruista cuyo fin es que los chicos y chicas con cualquier tipo de discapacidad, comprendidos entre los 4 y los 18 años, puedan practicar deporte. Con la ayuda del Club de Fútbol Sala Ciudad de Cartagena crearon un equipo.

Éste lo forman 22 integrantes: hay personas con discapacidad auditiva, intelectual, síndrome de Down, autismo, parálisis cerebral, enfermedades raras y movilidad reducida, como es el caso de Pedro Antonio. Entrenan todos los viernes, de seis a ocho de la tarde, en el pabellón del citado instituto. La idea es prácticamente similar a la que desarrolla de manera altruista el CD Primi Sport, limitado a discapacitados intelectuales (de todas las edades) pero con un amplio abanico de modalidades deportivas, además del fútbol sala.

Pedro Antonio tiene 13 años, es minusválido y lo levantan de la silla y sujetan para que pueda entrenar

Deporte sin barreras

Lo que motivó a Luchadores Anónimos a dar el paso fue precisamente el mismo que a los padres de alumnos de Primitiva López para arrancar con el proyecto Primi Sport: la falta de actividades para las personas discapacitadas. «Un día nos juntamos un grupo de amigos, que nos dedicamos a la rama social, y vimos muchas necesidades en estas personas. Ellos, por su discapacidad, no encajan en otros equipos. Vimos la posibilidad de cubrir esas carencias. Hemos sido capaces de ponerlo todo para que puedan jugar. Esto es lo más inclusivo posible, está abierto a todas las discapacidades. No ponemos barreras a nadie», resume el presidente, Ginés Orcajada, que trabaja en la asociación Apices, para enfermos psíquicos, en Santa Ana pueblo.

«La gente no es consciente de la satisfacción que supone para ellos jugar, con camisetas que llevan su nombre. Eso nos refuerza para continuar», indica Orcajada. El proyecto lo mantienen sin ningún tipo de coste para las familias; pueden apuntar a sus hijos totalmente gratis, porque Luchadores Anónimos ha conseguido subsistir gracias a las ayudas municipales, a la colaboración del tejido empresarial y a iniciativas como la Obra Social La Caixa, para la cesión de instalaciones y la compra de material deportivo. «Hemos cubierto el presupuesto y eso es una satisfacción enorme. No nos ha faltado respaldo. Hay familias a las que les cuesta dar el paso y apuntar a sus hijos, por miedo, por la sobreprotección».

Hay chicos con problemas auditivos, autismo y parálisis cerebral: «Es una satisfacción verlos jugar»

De la gomaespuma al balón

La directiva de Luchadores Anónimos echa la vista al año 2016 y recuerda con nostalgia la anécdota del primer día. «El primer entrenamiento con los 22 chicos fue una auténtica locura. Cada uno iba a su bola, no estaban quietos y no nos escuchaban. Empezamos a jugar al fútbol sala con una pelota grande de pilates y luego con otra de gomaespuma, hasta acostumbrarlos al balón reglamentario. Ahora siguen las normas del juego perfectamente. Es un éxito tremendo», resume Orcajada. Con su hermano Diego, monitor del equipo y técnico en animación sociocultural, sacan una sonrisa a los niños como Pedro Antonio. «Les estoy muy agradecida. No me da ninguna pereza venir desde Murcia con tal de ver a mi hijo así. Nunca nadie había hecho algo así», indica Peñafiel, que conoció Luchadores Anónimos en las redes sociales.

Poco a poco están logrando más visibilidad en la ciudad. La semana pasada, sin ir más lejos, organizaron un torneo amistoso en el Pabellón Central contra el equipo de discapacitados del Ciudad de Murcia. Participaron jugadores como Luciano y Fran Amorós y el excapitán del Efesé Juan Carlos Ceballos. «Competir es lo de menos. No es fácil, porque hay muchas discapacidades. Necesitamos ayuda, que la gente se involucre, para ir creciendo poco a poco», sentencia Orcajada.

 

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