Flores, debutante a los 50

Jaime Flores, en el pabellón de Algemesí (Valencia) antes de un entrenamiento. / lv
Jaime Flores, en el pabellón de Algemesí (Valencia) antes de un entrenamiento. / lv

El portero cartagenero vuelve al balonmano con el Algemesí 12 años después de retirarse, «con ganas renovadas y las fuerzas intactas», a pesar de sus 50 años

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Lleva toda la vida haciendo deporte y no piensa dejarlo. «Tengo las fuerzas intactas, sigo manteniendo el cosquilleo de la competición y estoy con ganas renovadas», cuenta Jaime Flores, cartagenero de 50 años que hace unas semanas hizo historia en el balonmano español, al convertirse en el jugador de mayor edad que disputa un partido de categoría nacional. Lo hizo poniéndose bajo los palos del Viscoconfort Maristas Algemesí, que compite en la tercera categoría nacional y está peleando por subir a la segunda, la División de Honor Plata.

¿Qué hace un cartagenero de 50 años defendiendo la portería de un equipo valenciano? «Yo estudié en Maristas y con Felipe Faura como profesor no podía ser otra cosa que jugador de balonmano. Jugué hasta los 38 años en varios equipos de Cataluña, donde viví hasta 2014, año en el que me divorcié y volví a Cartagena», responde. Su techo fue el Sant Esteve Sesrovires, en División de Honor Plata. «A finales de 2016 empecé a trabajar como director financiero de un conglomerado de pequeñas empresas familiares, Mecanizados Garrigues, MC Medes y The One Brave. La sede está en Carlet (Valencia). Y al alquilar el piso, la casera me dijo que en Algemesí había un club muy bueno de balonmano. Y empecé a jugar con el equipo de veteranos», explica.

Tal era su nivel que el cuerpo técnico del primer equipo, encabezado por Miguel Ángel Moriana, le pidió que acudiera a los entrenamientos, para hacer de tercer portero. Y en Navidad le hicieron ficha, «porque Salva Sales y Jorge Gómez, los dos porteros, tienen problemas de compatibilidad laboral y en caso de lesión era buena idea tener las espaldas cubiertas». Flores ya es uno más, en los entrenamientos y los viajes. «A veces me pongo a mirar a todos mis compañeros y caigo en la cuenta de que todos podrían ser mis hijos. Es increíble», confiesa.

Su recompensa llegó en el reciente partido ante el San Lorenzo de Murcia. Su equipo ganaba de diez, entró en el último minuto y en su única intervención salvó el gol con la cara. «Me llevé un buen pelotazo, uno de los que mejor me han sabido en toda mi vida», admite. «El portero de balonmano no puede asustarse por los moratones o los golpes que se lleve en la cara. Yo los disfruto. Es nuestro día a día. Y si el balón te da en la cara es una buena noticia. Significa que has evitado un gol. ¿Estamos locos los porteros? Sí, desde luego», cuenta divertido. Se da la circunstancia de que el San Lorenzo de Murcia está entrenado por el cartagenero Carlos Andújar, «un amigo de toda la vida», asegura Flores. Su equipo ganó el sábado al Almoradí, ha terminado campeón y va a jugar la fase de ascenso a División de Honor Plata.

Atleta de élite

No se entiende su vida sin el deporte de élite. «Desde muy pequeño se me dio bien y me centré en el balonmano y luego en el atletismo. Lo que pasa es que me lesioné de gravedad con 20 años y me vi obligado a dejar el atletismo. Sí que pude engancharme de nuevo al balonmano y siempre he estado a buen nivel», recuerda. Destacó en salto de altura en sus años de cadete. Llegó a tener la cuarta mejor marca nacional en su época. Se pasó al decatlón y entrenó junto junto al subcampeón olímpico Antonio Peñalver. En 1987 fue quinto en el campeonato de España de pruebas combinadas.

¿Por qué sigue? «Lo primero porque me encuentro bien y me hace feliz. Si viera que hago el ridículo en la pista, no saldría. Levanto más las piernas ahora que cuando era joven. Luego, también lo hago por mis tres hijos, Miguel, Belén y Lucía, que los tengo lejos, no los veo mucho y son muy deportistas. Quiero que estén orgullosos de su padre y ahora tienen la oportunidad de verme bajo palos. No sé qué pasará el año que viene, pero me gustaría continuar. Si ascendemos será difícil, ya que Plata es otra cosa. Eso lo asumo. No pasa nada. Porque además tengo claro que cuando se acabe el balonmano voy a volver al atletismo. Me veo bien y creo que todavía puedo hacer marcas interesantes y luchar por medallas en campeonatos de veteranos», anuncia Jaime Flores, sampedrista, amante de la Semana Santa (sale de portapasos en todas las procesiones) y «cartagenero por los cuatro costados».