Con viento de cola

El coronel Andrés Enrique Maldonado. /M. J. PEÑAS
El coronel Andrés Enrique Maldonado. / M. J. PEÑAS

El Torneo de la Base Aérea de Albacete cumple diez años

MARÍA JESÚS PEÑASAlbacete

Ha sido su primer vuelo de bola dentro de una edición del Torneo Open de Golf Base Aérea de Albacete. Aunque si de verdad de horas de vuelo habláramos, la cosa cambiaría. Porque el coronel Andrés Enrique Maldonado García (Lorca, 1964) acumula a lo largo de su carrera profesional en el Ejército del Aire más de 3.500 horas en aviones de combate. Incorporado este año a la vida de la base albaceteña como coronel-jefe del Programa de Liderazgo Táctico (TLP) de Los Llanos, disputó el pasado día 22, junto con otros 247 jugadores, la décima edición de una prueba tremendamente consolidada en el calendario de competición de Las Pinaíllas.

«Yo siempre digo que todos los torneos son importantes, pero si hablamos de la repercusión dentro y fuera de Albacete, y de los ingresos directos que genera para el club, este es el torneo», afirma Eduardo Carrillo, el director gerente del campo manchego. De hecho, la importancia de la competición es evidente, porque la planificación de los trabajos de mantenimiento -pinchados, resiembras...- en la segunda parte del año de Las Pinaíllas está determinada por la celebración de esta prueba. Así que el recorrido siempre llega en excelentes condiciones de juego. Otra cosa fue la colación de banderas (el campo estaba difícil según constataron los jugadores), que corrió a cargo de los dos subtenientes de la base hoy retirados, Pedro Montoya y Luis Óscar Calvo, los primeros organizadores de este evento.

Primer aniversario

Ambos recuerdan perfectamente cómo arrancó la competición en 2009, tras la toma del mando de la base del coronel Francisco J. López Cillero. «No solo la autorizó, si no que vio en la competición una progresión. Algo con poder de repercusión nacional», destaca Calvo. «Le dio valor y confió en ella». De esa progresión da fe el que hoy está a cargo de su organización. Desde 2015 es otro subteniente, Joaquín de la Cruz, perteneciente a la Maestranza Área de la base y Diego Martínez, teniente reserva. Los dos encargados del Comité organizador del torneo. De la Cruz es otro apasionado, como Montoya y Calvo, de este juego que veía por televisión, aunque «tras regalarle un palo mi mujer, comencé a practicarlo». Por supuesto en Las Pinaíllas. «El campo en el que siempre hemos contado con el apoyo de los socios», destaca De la Cruz, que cree que el torneo es además un claro ejemplo «de la buena relación entre esta institución militar y la sociedad de Albacete». El vínculo es evidente y la participación de empresas, enorme. 60 marcas implicadas, desde grandes empresas de la aeronáutica a pequeñas aportaciones de negocios locales, «que son igualmente importantes», asegura De la Cruz.

Durante el torneo aniversario participaron alrededor de unos 40 militares, de los cuales 35 eran de alta graduación, y entre los que finalmente no pudo asistir a este anivesario, el teniente general en la reserva, José Jiménez, quien autorizara aquel 2009 la celebración del torneo, cuando era el jefe del Estado Mayor del Aire. Fue el general Dorronsoro Motta quien, tras los 18 hoyos en juego, se adjudicaría la plaza del mejor clasificado de las Fuerzas Armadas y la de campeón de 2ª caballeros. El jugador Ximo Torres se alzaría con el 'scratch', mientras que Francisco Martínez, Susana Navarro y Pedro García acapararían el primer puesto de 1ª de caballeros, damas y júnior, respectivamente.

Desconexión total

Andrés Maldonado conoció el golf en Zaragoza, cuando fue destinado al Ala15. A pocos metros de la base había un campo de 9 hoyos donde participó en un curso de iniciación. Es 1996 «y en aquel momento aprendí lo básico; el 'grip'». La vida de piloto no le permitió ahondar más allá. Operaciones reales en la antigua Yugoslavia, entrenamientos, desplazamientos o continuos cursos, relegaron los palos. Tuvo que ser en 2009 y destinado a Washington (EE UU) como jefe de la Oficina de Gestión Técnico-Logística, cuando se volviera a reencontrar con ellos. O más bien fue su mujer quien le animó a comprarse unos. «Allí es muy normal que la gente juegue al golf. Fue un amigo quien me llevó a un campo de pares 3, por el que abonamos 12 dólares (10 euros). Aquel día fui muy consciente de que durante dos horas no me había acordado de la vida que llevaba, del intenso tráfico de la ciudad y de mis horarios y, me dije: '¡Esto tiene que ser bueno!'». En los dos años siguientes incorpora el golf a su vida, «y me di cuenta de que no se me daba mal», asegura sonriente.

Este lorquino de nacimiento, fan de Carlota Ciganda y del paso blanco del Cristo del Rescate del que es costalero, a los 17 años entra en la Academia del Aire, porque «siempre me atrajo el espacio». Ha llegado lejos. De teniente en 1988 a responsable del TLP; «aquí vienen a entrenarse los mejores pilotos de la OTAN. (...) Aquí les mostramos una manera de trabajar para hacerles líderes de grupos. Para ello contamos con instructores expertos en operaciones reales». Diez en concreto, de los que Maldonado dice son «la mayor riqueza del programa».

Federado desde 2012, a este coronel el golf le aporta «desconexión. Jugando al golf es la primera vez en mi vida que no me he acordado de ningún problema», y reconoce como parte destacable de este deporte el estado mental que proporciona y las relaciones que ofrece y facilita. «Algo tiene que tener cuando el presidente de los EE UU y el líder de la oposición jugaron al golf en la base de Andrews, en Meryland», recuerda Maldonado, refiriéndose a Obama y Boehner, justo durante el conflicto de la administración demócrata con congresistas republicanos, por la política presupuestaria del gobierno.

Ser piloto le ha ayudado a pegarle bien a la bola. «Pienso en el viento de cara, en el viento de cola. Tienes una brújula en la cabeza permanentemente y aplicas la información que conoces. Cuestiones como la altitud a la que se juega o la temperatura del aire; si es frío o caliente y cómo afecta a la bola, y ejemplifica; «un reactor despega antes con aire más pesado (frío), porque este genera más empuje (hasta un 5% adicional en los motores) y se sube enseguida». Es lo que tiene ser piloto de caza. Su incursión como jugador en Las Pinaíllas, un campo que le parece «espectacular», le colocó en la mitad de la tabla de la 2ª categoría. Partía con la afirmación de que «este año no lo voy a ganar, pero el que viene...».

 

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