«Los tres somos un equipo»

Su gorra y su diploma. Ángel Pérez posa feliz con su diploma como quinto mejor de España y su gorra de la suerte. / Mª J. PEÑAS
Su gorra y su diploma. Ángel Pérez posa feliz con su diploma como quinto mejor de España y su gorra de la suerte. / Mª J. PEÑAS

Ángel Pérez consigue posicionarse como el quinto mejor Infantil de España, en la prueba reina de la Federación Nacional

Mª JESÚS PEÑAS MURCIA .

Le trajo suerte. Una gorra roja que le ajusta a la perfección y que lleva estampada las firmas de Jon Rahm y Martin Kaymer. Se la compró en su club de golf, el de Hacienda del Álamo, y viajó con él hasta el Andalucía Valderrama Masters del año pasado, donde vio a los profesionales a los que anhela imitar. Porque Ángel Pérez Ruiz (Mazarrón, 2004) quiere se profesional. Así que como hacen muchos de los golfistas del tour, tiró de ritual y se enfundó esa gorra roja tan especial, para disputar el Campeonato de España Infantil, Alevín y Benjamín Reale 2018, que como viene siendo habitual, se disputa cada dos años en el complejo murciano de La Manga Club (Los Belones - Cartagena).

Fueron tres días intensos. Del 26 al 28 del pasado junio. 54 hoyos en modalidad 'stroke' play (por golpes), acompañado a 50 metros de distancia -la organización no permite que se esté más cerca del jugador mientras compite-, por su maestro de golf Antonio Parrón y su padre Francisco Ángel Pérez. Las dos personas en las que más confía. Sus dos pilares. Porque «los tres somos un equipo», afirma rotundamente a pesar de su juventud.

Los adultos se han repartido las tareas. De su padre recibe todo el apoyo mental necesario y Parrón lo alecciona técnicamente. De este último su alumno opina que «de él me gusta la forma en la que simplifica el golf, y cómo es como persona. Su humildad (...). Le puedo llamar a cualquier hora para cualquier pequeño detalle, y siempre me coge el teléfono. Él tiene realmente interés por mí». Ángel sabe que en Parrón tiene a un gran profesional a su lado. «Eso me lo dijo Kiko Luna», afirma Pérez al recordar su paso por el Centro Nacional para chequear su 'swing'. Aunque la trayectoria de su maestro ya avala por sí misma cualquier opinión a ese respecto. Alumnos del maestro Parrón han sido Belén Buendía (subcampeona de España, en Sotogrande); María Parrón (campeona de España, en La Pedraza) o Paloma Fernández (subcampeona de España, en La Manga Club); y tanto María Parrón como Emilio Meseguer, Mariano Peñalver o Patricia Garre (campeona del Puntuable Nacional Femenino 2016), han sido seleccionados para estudiar en la Escuela Nacional Blume.

De su padre: «Es el que se encarga del departamento mental» De su profesor: «Me gusta la forma en la que simplifica el golf y cómo es como persona»

Padre, maestro y Rotella

«Comencé nervioso», recuerda el joven golfista. Fue visible. Aquel temblor de su mano, la que mantuvo extendida por unos segundos tras dar el primer golpe en el 'tee' del 1 durante la primera jornada en el campo Sur, lo atestiguó. Algo normal en alta competición. En la prueba estaban los mejores de toda España, firmes candidatos a ser grandes jugadores. Y él estaba también allí. Tenía mucho que demostrarse como golfista.

Es un buen estudiante. No le ha quedado ninguna asignatura de 2º de la ESO, pero no sabe aún muy bien por dónde se decantará su futuro laboral. «Quizás algo relacionado con el negocio familiar -sería la quinta generación de profesionales en joyería artística-, o con la psicología deportiva que tanto me gusta». De hecho, sus libros de cabecera desde hace unos meses son los del psicólogo deportivo del equipo americano de la Ryder Cup, Bob Rotella. Su lectura, aconsejada por su profesor, le ayudó a afrontar las dos siguientes jornadas de golf tras haber comenzado de manera muy discreta su actuación. «Apliqué lo aprendido de Rotella: Mantenerme en el presente. Golpe a golpe y no pensar en el próximo 'birdie' o en el anterior 'bogey'. Estar siempre en el presente». Parece obvio, pero el jugador sabe que la cabeza puede ser su peor enemigo; que los pensamientos pueden distorsionar la imagen creada de uno mismo. Aquella que le proporciona confianza. Ángel supo hacerlo y consiguió que todo fluyera a lo largo de, sobre todo, sus últimos 18 hoyos. «Estaba tan concentrado que no pensaba en nada que no fuera lo que estaba haciendo». El nivel de juego cosechado le alzó hasta la 5ª plaza de su categoría, la infantil, colocándolo en el top8 de la prueba y consiguiendo por tanto, uno de los ocho codiciados diplomas federativos.

Aunque en honor a la verdad, si Ángel está en el golf, es por su madre Mari Trini. Fue ella la que insistió a su marido para que este llevará al niño con él, cuando iba a tirar bolas ya fuera en Hacienda del Álamo o en Alhama Signature. «Es cierto, confiesa el progenitor. Yo quería ir solo -se ríe recordándolo- y le decía a mi hijo, 'si esto a ti no te va a gustar'». Pero le gustó. Su padre se dio cuenta enseguida. «Le dije que si daba bien tres bolas, le compraba un hierro 7». Días después el vástago de la familia se encontró con el palo prometido. Tendría unos 5 años de edad, hoy, 14. Durante este tiempo, un escalón tras otro. Sus primeras clases con Fredy Borras en Hacienda -«quien me incorporo al poco tiempo al 2º grupo que llevaba de más avanzados»- recuerda Ángel; sus primeros palos de Inesis, luego llegarían unos Ping; su clases con Álvaro Herrero, las de Manolo Guirao y la Escuela de Golf de la federación murciana; los buenos resultados y las frustraciones. Si. Esas que también acompañan al jugador y que le hacen pronunciar frases como: «No es justo después de tanto trabajo», que exclamaría Ángel Pérez tras una competición reciente. Su padre le contestó: «Ten paciencia, todo llega». Y ha llegado.

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