Destino: Estados Unidos

Maite García y Rubén Ruiz, su profesor. / maría jesús peñas
Maite García y Rubén Ruiz, su profesor. / maría jesús peñas

El golf le ha dado la oportunidad a la pinatarense Maite García de estudiar fuera, tras años de trabajo en los que el 'pro' Rubén Ruiz ha seguido todos sus pasos

MARÍA JESÚS PEÑAS MURCIA.

Teresa hizo las maletas y el pasado 12 de agosto cogió un avión rumbo a Louisiana. Quedaba confirmado. Una García Martínez desembarcaba tras 22 horas de vuelo, en los Estados Unidos. Y lo hacía becada por la McNeese State Univesity, para cursar estudios en Business Management and Human Resources (Administración de Empresas y Recursos Humanos). Una puerta universitaria que se le ha abierto gracias al deporte que ama desde pequeña: el golf. Está orgullosa de lo conseguido. No es la única. Sus padres -Rosa y Alberto- y sus abuelos Pepe y Teresa, con los que se ha criado, mucho más.

Teresa García Martínez (San Pedro del Pinatar, 2000) es una joven de 17 años -este 14 de septiembre, cumple 18-, nacida en un pueblo costero murciano del que también dice sentirse muy orgullosa. Y del colegio donde ha cursado todos sus estudios hasta este año, el San Pedro Apóstol, «que es como mi segunda casa», afirma. Pero ahora todo es completamente nuevo. Incluidas las advertencias que ha recibido: '¡Cuidado con los jugadores de fútbol americano!'.

Sonríe sosegada ante el futuro que se le presenta. Su timidez inicial es su primera carta de presentación. Más allá, una mujer de carácter suave y paciente, sensitiva y observadora; de lo más perfeccionista en todo lo que se plantea y un tanto supersticiosa. La segunda, su bolsa de palos con la bandera de la Región de Murcia que siempre la acompaña. Y es que como ella misma resalta: «Soy muy de mi tierra y fiel a mis raíces».

«Soy una chica sencilla, de pueblo, a la que siempre le ha gustado el deporte. Con el golf fue darle a la bola y me enganché»

«Ella cree en mí»

«En mi primer día de golf tuve la sensación de que había que concentrarse mucho». Es lo recuerda Maite (como la llaman casi todos) de aquella primera experiencia ligada al deporte de los palos. «Tuve entre las manos un hierro 7 y tenía que meter la bola en un arito que estaba a cierta distancia». Aquella toma de contacto surgió a raíz de que su padre comentara en casa que se había abierto una escuela en Lo Romero Golf (Pilar de la Horadada). Tras testar la instalación, sus padres la animaron a que asistiera a clase. «Siempre me ha gustado el deporte. Desde pequeña he practicado tenis, atletismo, natación, fútbol sala... En el caso del golf fue darle a la bola y me enganché». Maite ya no se separaría de este deporte, aunque ha habido también momentos malos en los que ha desfallecido y pensando en abandonar. Aunque no le ha sido posible con el empuje y energía de su madre Rosa, de la que dice «la debo todo. ¡Por supuesto también a mi padre!, pero reconozco que sufro de 'mamitis'», admite abiertamebte la pinatarense, que se emociona al declarar sobre su madre: «Le debo lo que soy. Ella cree en mí. Por eso soy capaz de dar este salto».

Sería en Lo Romero donde conocería al profesional Rubén Ruiz, quien fue entonces su profesor durante dos años. Tiempo después Ruiz decide seguir dando clases en el campo murciano de La Serena (Los Alcázares) y allí vuelven a coincidir alumna y docente. El reencuentro no pudo ser más fructífico. «Empecé a venir asiduamente. Primero en grupo y luego salté a las clases individuales». El docente recuerda aquel primer hándicap alto de Maite, «pero sobre todo su personalidad. Recuerdo perfectamente la vez que se dirigió al padre de un compañero de partida para felicitarle por la actuación de su hijo. Esa es Maite». El profesor lo tuvo claro desde el principio con ella. «Vi su potencial y por ello nuestro primer objetivo fue pasar de la 'Prehistoria a la Edad Moderna'», dice riéndose al hacer la comparativa. «Es decir, de las clases en el club a entrar en la Escuela de Golf de la federación murciana. Otro mundo. Muchas pruebas, facilidades, viajes, pertenecer al equipo que representa a la Región. Lo dicho. Otro mundo».

Maite García entra en la escuela federativa en el 2013 y ya permanecería ligada a ella hasta este 2018. «Es curioso. En realidad no recuerdo haber dado un paso al frente para decir 'quiero jugar al golf', pero lo llevo haciendo prácticamente toda mi vida». Una vida sin lujos. «Soy hija de una familia humilde y muy trabajadora», y se reconoce como «una chica sencilla, de pueblo». Una joven feliz que sabía que con el tiempo «me dedicaría a algo relacionado con el deporte».

Ir golpe a golpe

Michael Fluty es su entrenador americano. Un hombre de 70 años «que me hará trabajar mucho. Algo que no me asusta». Entre las pretensiones de esta murciana no está llegar a ser profesional de golf, sino terminar sus estudios mientras pertenece a un equipo donde dar su mejor juego. El de la universidad está compuesto por 11 jugadoras, pero solo cinco saldrán a disputar partidos.Y ella quiere estar en ese quinteto de elegidas. De hecho tras las tres primeras pruebas que las han hecho, la española lídera el grupo de elegidas para disputar el primer torneo del calendario universitario.

Se sabe una mujer tímida. «No hablo mucho, pero sí observo y analizo todo lo que veo (...). Con el tiempo he ido ganando en seguridad. El golf también me ha ayudado en ello». Su práctica le ha permitido viajar, conocer a otras personas y con este salto al mundo universitario, «despegarme de mi madre; ¡será la primera vez! Si todo va bien dispondré de cuatro años de estancia y si no me acomodo, volveré sin problemas». Está mentalizada para todo apoyada desde casa. «Como dice mi madre '¡el Scape va a echar fuego'!».

Maite piensa aplicar a la vida lo aprendido en golf. «Iré golpe a golpe. Parece más o menos obvio, pero a veces se nos olvida. En el campo estás pensando en que en el 16 tienes que hacer 'birdie', cuando aún te queda por concluir el 15. Además siempre hay un mal golpe en la mejor vuelta. Eso no se puede borrar, pero sí olvidarlo y seguir hacia adelante». Con esta filosofía la pinatarense se enfrenta con relativa tranquilidad a esta nueva tarjeta por jugar, porque además sabe que «si me agobio, ahí está mi madre. Mi gran apoyo».

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