Un veterano de guerra al frente del 'Medi'

Luis Buendía, ayer, en la grada del campo de la Urbanización Mediterráneo. / pablo sánchez / agm
Luis Buendía, ayer, en la grada del campo de la Urbanización Mediterráneo. / pablo sánchez / agm

Luis Buendía es el presidente más longevo del fútbol base cartagenero, con 28 años al mando del CD Mediterráneo

RUBÉN SERRANO

Es un tipo bonachón. No tiene pelos en la lengua. Habla claro y sin rodeos. Reniega de las moderneces y entiende que el fútbol base debe tener una labor social: la de sacar a los niños de la calle, para enseñarles en el verde valores como el respeto y el compañerismo. Un fin social. Lo hace desde su coqueto despacho del campo de la Urbanización Mediterráneo. Tiene una empresa de montaje y soldadura en el polígono industrial Cabezo Beaza y mata el tiempo libre al frente del Club Deportivo Mediterráneo. Luis Buendía Rivero (Cartagena, 1956) es el presidente más longevo del fútbol base cartagenero: entró a echar un cable desde los primeros pasos de la entidad, hace 34 años, y ocupa el cargo desde hace 28. «Mi suegro, Francisco Castellano, fue el primer presidente. Él fue el que me metió en este berenjenal. Empecé con 25 años, cuando era un crío, y le quité mucho tiempo a mi mujer y a mis hijos, sin llevarlos a los caballitos, por echar un cable en el barrio. Esto ya es una droga y no lo puedo dejar» , reconoce.

Y menos ahora, cuando la directiva del club vive uno de los «mejores momentos de su historia», asegura. El club se fundó en septiembre de 1986. «Mi suegro estaba metido en la asociación de vecinos, había un grupo de 14 chavales que jugaban a la pelota en la calle y, por hacer una labor social, para que pudieran competir, nos federamos. Empezamos con un equipo de alevines». Ahora, el CD Mediterráneo acoge en sus instalaciones a 400 chavales, en 26 equipos, desde Biberón hasta Juveniles. Y su campo de fútbol, situado en la calle Rubí, cuenta con dos superficies de césped artificial, de fútbol 11 y 5. Fue una de las primeras instalaciones en tenerlo.

Pero bien sabe Buendía que los inicios no fueron sencillos. «El fútbol solo trae sinsabores. Y alegrías, las mínimas, con alguna victoria, una permanencia o un ascenso. Siempre hay alguna historia o alguna queja. Pero con la experiencia, lo llevas bien. He pensado en dejarlo muchas veces, pero soy un hombre activo y se me caería la casa encima. Ya me he perdido parte de la infancia de mis hijos, que ahora son mayores, y con el césped artificial nos toca disfrutar. Hemos estado 28 años en un campo de tierra. En septiembre, en el primer entrenamiento, compraba escobas de esparto, y con el legón quitábamos los matorrales y las piedras acumuladas durante los meses de verano. Los sábados, tu día libre, te despertabas a las 7 de la mañana para marcar el campo. Todos, por amor al arte. ¿Qué necesidad he tenido de hacer todo eso, sin llevarme ni una peseta? Lo tengo como una afición y ya no lo puedo dejar. Eso es amor por el fútbol base. Ahora, los clubes modernos, no sienten eso y solo buscan hacer negocio», subraya el también vicepresidente de la Asociación de Clubes de Fútbol de Cartagena y Comarca (AFCT).

«Mi suegro me metió en este berenjenal con 25 años. Es como una droga y no lo puedo dejar»

Lotería y cantina

Actualmente, los equipos mejores posicionados son el Alevín e Infantil, que compiten en Autonómica. El Juvenil lo hace en Primera. Estuvo varios años en Nacional. «Pero con tantos equipos de fútbol en Cartagena, mantener una base y hacer un equipo competitivo cuesta mucho», sostiene. El club tiene un presupuesto de 50.000 euros, que obtienen a través de las cuotas de los niños, la ayuda municipal, la asociación vecinal, la venta de lotería y la explotación de la cantina, gestionada por voluntarios «que tienen sus trabajos de lunes a viernes y vienen los sábados a echar una mano». «El campo de fútbol 5 lo pagamos nosotros, sacamos un préstamo, y solo cobran los entrenadores». Entre técnicos y colaboradores, hay medio centenar de personas en el día a día.

«Ahora no hay amor y los clubes modernos solo buscan hacer negocio»

«No podemos gastar más de lo que ingresamos. No puedo pagarle 500 euros a un entrenador sabiendo que luego no voy a poder pagarle en febrero. Si les interesa, es lo que podemos ofrecer. Soy incapaz de coger una peseta de la caja. Si yo volviera a involucrarme en otro club, lo haría cobrando. Ni loco hago esto. Solo lo hago en el Mediterráneo, por el barrio y los chicos», explica Buendía. «He entrado en una dinámica, en la que esto me engancha».

Gracias a su cargo en la AFCT, Buendía mantiene relación con Paco Belmonte y Manuel Sánchez Breis. «Son personas llanas, cercanas, con las que puedes hablar tranquilamente. Es fácil llegar a ellos. Periódicamente, con el convenio con el Efesé, nos reunimos y comentamos cosas del fútbol base».

«El padre que piense que su hijo va a ser futbolista aquí, se equivoca. Aquí reciben valores vitales para el día de mañana»

Desde su experiencia, como uno de los 'abuelos' del fútbol base, entiende que clubes como el que preside tienen que hacer una función de integración. «Lo bonito de todo es recoger a los niños de la calle, que reciban valores y conozcan a más gente, que serán los amigos con los que luego salgan a divertirse, al cine y a la discoteca. El que piense que su hijo en el Mediterráneo va a ser futbolista, está equivocado. Lo he dicho muchas veces a los padres. Queremos que los críos reciban una educación deportiva, que les va a servir para el día de mañana. Esa labor de los clubes de barrio no se valora y tiene cero coste a la Administración. Deberían ayudar más a que esto no desaparezca».

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