La selección femenina empieza el año del cambio en el Cartagonova

Mapi León, rodeada de compañeras, durante el entrenamiento de ayer de la selección española en el Cartagonova. / j. m. rodríguez / agm
Mapi León, rodeada de compañeras, durante el entrenamiento de ayer de la selección española en el Cartagonova. / j. m. rodríguez / agm

Arranca el curso ante Bélgica con la vista puesta en el Mundial del próximo verano, en el que por primera vez se presenta con opciones de triunfar

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

El pasado 8 de marzo pasó a la historia de España como el día en que la mujer dijo definitivamente 'basta'. Fue una jornada marcada por una movilización sin precedentes por la igualdad, con marchas en 120 ciudades, huelga y paros. Fue un grito unánime y masivo (casi un millón de personas se echaron a la calle ese día en todo el país) contra la discriminación, el acoso y la violencia. Se movió el árbol como nunca y se puso encima de la mesa, como nunca antes, el debate de la desigualdad de género en todas sus vertientes (brecha salarial, discriminación o violencia sexual), situando a España a la vanguardia del feminismo mundial. Todo el mundo miró a Madrid.

2018 fue el año del cambio. Y el fútbol, como tantas veces otras veces en la historia de este país, se había adelantado a él. Pasó en el País Vasco, por ejemplo, un año después de la muerte de Franco. En diciembre de 1976, antes del inicio de un derbi en Atocha entre la Real Sociedad y el Athletic, los capitanes Kortabarría e Iríbar saltaron al césped portando una ikurrriña, una bandera que entonces era ilegal y estaba prohibida. Un mes más tarde, la ikurriña fue legalizada.

En el caso del fútbol femenino, todo había estallado al inicio de la campaña 2017-18, unos meses antes de ese histórico 8-M. La firme apuesta de la compañía energética Iberdrola y el apoyo conjunto de LaLiga y la RFEF, que pronto entendieron que había llegado el momento de dejar de mirar hacia otro lado, se han juntado para que en un tiempo récord la Primera División se haya profesionalizado hasta unos niveles francamente inimaginables hace solo un par de años.

Además, la potente irrupción de la televisión -casi todos los partidos se emiten en directo y en abierto- ha hecho que el fútbol femenino esté ya en los niveles de audiencia, por ejemplo, de los mejores encuentos de fútbol sala masculino. Es mucho en muy poco tiempo. Y ahora llega lo mejor. Está a punto de firmarse el primer convenio colectivo en la historia del fútbol femenino nacional, por lo que a partir del próximo 1 de julio no habrá ninguna jugadora en la Liga Iberdrola que cobre menos de 900 euros mensuales, lo que marca el salario mínimo interprofesional. Cada club, además, recibirá una subvención anual de 242.000 euros, para sufragar gastos de viajes y hoteles.

Y también la temporada próxima se crea una categoría intermedia entre Primera y Segunda, la Primera B, que se beneficiará de algunos de los privilegios de los que ya disfrutan los 16 equipos de la Liga Iberdrola. Ahí podría competir por vez primera un club de la Región, el Alhama Féminas. Tiene que terminar esta Liga entre las cuatro primeras clasificadas de su grupo en Segunda. Y, ahora mismo, las alhameñas son terceras.

Prueba exigente

En 2017 empezó todo. 2018 fue el año del despegue del fútbol femenino español, coronado además con dos sensacionales éxitos de dos selecciones inferiores. La sub-17 ganó el Mundial y la sub-19 se llevó el Europeo. Queda pendiente que el cambio se consume también en la selección absoluta y en este 2019 hay una oportunidad preciosa. Del 7 de junio al 7 de julio se celebra el Mundial de Francia, el segundo para el que se clasifica España en toda su historia. En su debut, en 2015 en Canadá, las cosas no funcionaron. Las españolas cayeron en la fase de grupos tras perder contra Brasil y Coreal del Sur y empatar ante Costa Rica. Al regreso a España se desató la tormenta. Las jugadoras, lideradas por Vero Boquete, criticaron públicamente al entonces seleccionador, Ignacio Quereda, quien al final fue cesado tras 27 años en el cargo. Le sustituyó Jorge Vilda, que venía de la sub-19.

Las cosas han mejorado en estos últimos años y España demostró en el amistoso de noviembre ante Alemania (0-0) que está preparada para todo. Su camino al Mundial, a diferencia de hace cuatro años cuando las jugadoras se quejaron de que no disputaron ni un solo amistoso de nivel y en los dos meses previos a la cita de Canadá no jugaron ningún partido, va a ser muy exigente. Empieza hoy en el Cartagonova (19.00 horas) ante Bélgica, una selección que no estará en Francia el próximo verano, pero que «tiene nivel de sobra para estar con las mejores», recordó ayer Jorge Vilda, quien basa su selección en las jugadoras del Barça (diez) y del Atlético de Madrid (seis).

Hoy será titular la centrocampista Alexia Putellas, la única española elegida entre las 100 mejores jugadoras del mundo en 2018. La delantera estará formada por su compañera en el Barça Mariona Caldentey y una de las grandes referentes de este equipo, Amanda Sampedro, del Atlético de Madrid. Es baja de última hora Patricia Guijarro.

Sin televisión y con el palco repleto de autoridades

El España-Bélgica que abre el año para la selección de Jorge Vilda no será televisado. La RFEF no ha llegado a ningún acuerdo con los operadores con los que ha negociado en los últimos días y, por tanto, la única forma de ver el encuentro es ir al Cartagonova. Las entradas cuestan 5 y 10 euros, aunque se siguen repartiendo las 7.500 invitaciones de las que disponen el FC Cartagena y el Ayuntamiento. Los abonados del club y todos los alumnos de colegios e institutos del municipio tienen acceso gratuito al estadio mostrando una de estas invitaciones. El palco estará repleto, con la presencia del presidente de la Comunidad Autónoma, Fernando López Miras, y de varios consejeros del Gobierno regional, así como de la alcaldesa, Ana Belén Castejón. También vienen de Madrid varios vicepresidentes de la RFEF.

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