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Carlos Molina: «Ojalá algún día pueda volver al Cartagena, pero antes tengo que demostrar que valgo»

Carlos Molina, portero cartagenero que los dos últimos años ha jugado en el Unionistas de Salamanca, posa en el campo de su barrio, Nueva Cartagena. / pablo sánchez / agm
Carlos Molina, portero cartagenero que los dos últimos años ha jugado en el Unionistas de Salamanca, posa en el campo de su barrio, Nueva Cartagena. / pablo sánchez / agm

El guardameta confiesa estar ahora en «el mejor momento» de su carrera tras dos estupendas temporadas en el Unionistas de Salamanca

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Apura Carlos Molina (Cartagena, 1991) sus vacaciones en Islas Menores, a la espera de decidir su nuevo destino. Viene de completar la mejor temporada de su carrera, defendiendo la portería del recién ascendido Unionistas de Salamanca. Y espera cerrar su incorporación a un equipo que este año ha jugado 'playoff' de ascenso en unos días. «Estoy en el mejor momento de mi carrera y ha llegado la hora de dar un salto y competir en un equipo que quiere subir a Segunda», sostiene el guardameta de Nueva Cartagena. Allí, en la terraza de la casa de sus padres, contigua al campo de fútbol del barrio cuya cantina es regentada por su madre, tomamos un refresco de limón y charlamos un rato sobre lo que le ha costado llegar hasta aquí. A los 24 años estuvo a punto de tirar la toalla, dejar el fútbol y centrarse en sacar su oposición de bombero. Sus padres y su pareja (Nuria) lo mantuvieron en pie y pudo resistir. Ahora, recoge los frutos.

-¿Qué tal la experiencia en el Unionistas?

-En Salamanca he estado dos años y puedo decir que han sido, hasta el momento, los mejores de mi carrera. He estado muy bien desde el primer día. Los socios del Salamanca que se ofrecieron a pagar la deuda del histórico UDS Salamanca y que pelearon hasta el final porque no desapareciera no pudieron conseguir su fin. Y tuvieron que fundar el Unionistas. Lo hicieron en memoria de la UDS y es un proyecto sano y muy romántico. Lo llevan los socios y todo se hace votando. Se suben los carnés de abonados para cuadrar el presupuesto y lo gestionan todo ellos. Ha sido muy bonito vivir desde dentro ese club. Cuando se mueve mucho dinero nos olvidamos del fútbol en su esencia. Y el Unionistas, que es fútbol popular al 100%, es otra cosa. Es un equipo para conocerlo y vivirlo de cerca. El primer año, en Tercera, quedamos primeros y ascendimos. Caímos en Don Benito y al final ascendimos en la tercera eliminatoria, marcando un penalti en el minuto 96 contra el Socuéllamos.

-Un recuerdo para toda la vida, por supuesto.

-Aquí lo llevo [enseña un tatuaje que lleva en la pierna]. Fue mi primer ascenso y quedó en mi piel para siempre. Tengo espacio reservado para el ascenso a Segunda, que espero que llegue pronto.

-¿Qué tal este último curso en Segunda B?

-Mejor todavía que el primero. Me he ido encontrando mejor cada semana y he terminado genial. El equipo se ha clasificado para la Copa del Rey y yo me he encontrado muy seguro, con mucha confianza.

-¿Es esto precisamente lo que necesitaba, no? Jugar por fin 37 partidos seguidos en Segunda B, digo.

-Sí. Piensa que antes no pude. En el Real Madrid tenía delante a Pacheco y me lesioné. En el Cartagena me encontré con Juanma y Víctor Ibáñez y también tuve una lesión grave. En La Hoya Lorca tuve delante a Alberto Cifuentes. Tuve que bajar a Tercera, al Imperial. Estaba bien, pero tuve la mala suerte de romperme el radio. Y eché la temporada sin poder jugar. Fui otra vez a La Hoya Lorca y me encontré con Salcedo. Al menos pude jugar tres partidos en Segunda B y lo hice bien. El Eldense se fijó en mí y me contrató.

-Y en Elda conoció lo peor que existe en el fútbol.

-Fue una pena porque todo empezó muy bien, con Fran Yeste como entrenador. Él me dijo una de las mejores frases que jamás me ha dicho un entrenador: «Yo quiero sacar el balón jugado desde atrás, haz lo que quieras». Eso se me quedó grabado y me dio mucha tranquilidad. Me gusta ser un jugador más y tocar la pelota con el pie. Para eso, contar con el respaldo absoluto del entrenador realmente es esencial. Y aprendí mucho ese medio año. Lo jugué todo hasta Navidad (20 partidos), pero llegaron los italianos y tuve que salir de allí rápidamente.

-¿Los conocía?

-Sí, porque el año anterior iba a fichar por el Jumilla y entrando al pueblo me di la vuelta, al llamarme mi representante y decirme que con la directiva que había llegado [la de Nobile Capuani] no íbamos a firmar. Al año siguiente entraron en el Eldense y enseguida yo pedí la baja. Sabíamos lo que iba a pasar y pasó. Llegaron un martes y el domingo pude forzar mi salida y firmé por el Somozas. Estaba en Segunda B, en una situación delicada, casi descendido. Pero yo tenía que salir de Elda y despejar la cabeza. Esa temporada en el Eldense pasaron hasta siete entrenadores y todo fue una auténtica locura. A las dos semanas de estar en Galicia pasó lo del 12-0 contra el Barcelona B [un partido amañado según la Policía]. Y me llamaban periodistas a preguntarme por ese partido y yo les decía que llevaba dos semanas fuera del Eldense. Menos mal que me fui. Con el Somozas lo jugué todo y aprendí muchas cosas, a pesar del descenso a Tercera. Vi que podía competir perfectamente en Segunda B. El Unionistas me fichó ese verano [el de 2017].

-¿Y ahora qué?

-Tengo 28 años y un portero con esta edad es joven. Me encuentro en mi mejor momento y creo que aún tengo cosas en las que puedo mejorar. No me veo estancado. Al revés. Veo que voy a más.

-¿Qué ha cambiado del portero tímido y asustadizo que vimos en el Cartagena en aquel 2012 al de ahora?

-La cabeza. Ahora sé que puedo ser un gran portero de Segunda División B. Todo es cuestión de cabeza y de mentalidad.

-¿Recuerda su único partido con el Cartagena, aquel 3-0 en Cádiz con Pato en el banquillo?

-No lo olvido. Expulsaron a Juanma con 1-0 y yo recibí los otros dos goles. Pagué la novatada. Salí a Carranza como un flan. Campo lleno, debut en Segunda B y con el equipo de mi ciudad. Se juntó todo. No fue un buen debut.

-¿Mantiene la ilusión de volver al Efesé?

-Sí, claro. Como cualquier niño de aquí. Yo he estado en el Cartagena, pero no he podido ayudar al equipo de mi ciudad como me hubiera gustado. No pude competir. No estaba preparado. Siempre hay tiempo para regresar y yo voy hacia arriba. No quiero que suene pretencioso, pero busco retos importantes y sé que lo mejor está por llegar. ¿Volver al Cartagena? Ojalá. Pero creo que antes tengo que demostrar que valgo en un club que luche por el ascenso a Segunda División.

-¿Dónde va a jugar esta próxima temporada?

-No lo sé. Y no quiero saber nada de ofertas ni de negociaciones. Lo dejo todo en manos de mi representante, Pablo Albaladejo, que me cuenta solo lo justo. Confío mucho en él y es un amigo, más que un representante. Quiero jugar en un equipo que luche por el ascenso. Eso sí que lo tenemos claro.

-¿Qué es lo que le sigue sorprendiendo del fútbol, tras pasar por la cantera del Real Madrid y haber estado ya en siete clubes distintos de Segunda B?

-Lo que más me sorprende del fútbol es la capacidad que tiene el aficionado de reponerse a un palo gordo. El mejor ejemplo lo tenemos aquí en Cartagena, donde la gente no tardó ni 24 horas en levantarse del mazazo que supuso caer eliminados en Ponferrada. Esto me parece muy estimulante.

-¿Se ha encontrado con muchos futbolistas que creen ser de Primera estando en Segunda B? ¿Comportamientos poco edificantes?

-Siempre digo que esto va más en la persona que en la categoría en la que juegues. He visto gente que no ha pasado de la Preferente y va dos veces a la semana a la peluquería a cortarse el pelo y a hacerse las cejas; y también he coincidido con jugadores que vienen de Segunda División y son personas totalmente normales.

-¿Qué quiere hacer cuando deje el fútbol?

-Seré bombero. Estoy sacando la oposición. Quiero alargar al máximo mi carrera y llegar al fútbol profesional, pero sé que esto terminará y quiero tener mi trabajo. Hubo una época en Lorca en la que estuve muy mal. Trabajaba, estudiaba y entrenaba. Estuve a punto de dejar el fútbol. Con lo que me pagaban no me daba para vivir. Me obligaron a seguir entre mi familia y el representante y la verdad es que cada año he ido teniendo un contrato mejor.

-¿Ha tenido problemas de impagos?

-Solo en el Real Murcia Imperial. Afortunadamente, tenía dinero ahorrado de mi paso por la cantera del Real Madrid y tiré de eso. Pero se fue todo, claro. En Elda hubo retrasos, pero lo acabé cobrando todo.

-¿Pueden ser amigos el portero titular y el suplente?

-Sí. El año pasado en Salamanca nos íbamos al cine los tres, mi compañero Kevin Alonso, mi novia y yo. Él vivía solo en Salamanca y yo me preocupaba de que estuviera bien, tanto en los entrenamientos como fuera del campo. Siempre digo que es mi hermano pequeño. Hacíamos por estar juntos cada tarde. Yo jugaba y él no. Y nos llevamos de maravilla. Es verdad que también depende de la persona. Yo lo he pasado mal como portero suplente. Tuve una mala experiencia, aunque me hizo aprender. Supe que yo nunca trataría a nadie como esta persona me estaba tratando a mí. Yo era sub 23 y tenía por delante un veterano. No necesitaba ni siquiera que me apoyara, ya que él iba a jugar siempre. Solo quería que me dejara en paz. Pero no. Me machacaba y me faltaba al respeto. Yo, desde entonces, hago justo lo contrario. Me esfuerzo porque el compañero que no juega esté lo mejor posible, dentro de lo duro que es pasar una temporada entera en el banquillo.

-¿Qué tal su experiencia en la cantera del Real Madrid? ¿Es aquello una selva?

-Totalmente. Empezando porque a la cantera del Real Madrid se le llama 'La Fábrica'. Cuando vas a fabricar algo quieres sacar el mayor rendimiento al mínimo coste posible de un producto. El contacto humano en la cantera del Real Madrid es mínimo. O estás muy fuerte de cabeza o lo puedes pasar muy mal allí. Tienen muchos psicólogos en el club pero rara vez son capaces de identificar los problemas que pueden tener los chavales. Entre otras cosas, porque el que tiene un problema psicológico lo suele esconder y nunca pide ayuda.

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