Eva Navarro, pasión por el fútbol

Eva Navarro con su madre, también llamada Eva, en el salón de casa. /Vicente Vicéns / AGM
Eva Navarro con su madre, también llamada Eva, en el salón de casa. / Vicente Vicéns / AGM

Con cinco años iba ya con un balón al lado y para su comunión pidió una pelota. Su amor por el balompié la ha llevado a lo más alto y el mismo Bayern intentó ficharla: «Queremos a la Messi de España», dijeron

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANERO

La familia de Eva Navarro recibió infinidad de llamadas el verano pasado, pero una captó su atención. Decían que eran del Bayern, pero no preguntaban por Eva. «¿Ah, no, y por quién entonces?», inquirió la familia. «Pues... a quien queremos fichar es a la Messi de España», les dijeron tras ver la diablura de gol que marcó justamente a Alemania. Esta es la historia de cómo Eva María Navarro García, aquella chica de Yecla que iba a ver jugar a su hermano sin dejar de dar patadas a un balón por la calle, el autobús o donde fuera; aquella niña que pidió una pelota para su primera comunión, alimentada por una pasión indeclinable llamada fútbol, es hoy, a sus 17 años, campeona de Europa y reciente campeona del mundo sub-17. Es la historia de la Messi de España, que un día prometió a sus padres un coche con sus primeros ahorros para que cambiaran el viejo y kilometreado Audi con el que tantas y tantas veces la llevaron a entrenar.

Fue Álvaro, su hermano mayor y futbolista como ella, el primer espejo en quien mirarse. Eva iba a verlo y lo hacía con un balón al lado. Si subía al autobús, llevaba el balón al lado; si caminaba por la acera, llevaba el balón al lado, inventando rivales a propósito. Era Eva contra todos. Fueron con su hermano los primeros piques, cuando aprovechaban una marquesina cerca de casa para fabular porterías y ver quién marcaba más goles. Y fue su hermano quien usó los ladrillos de la empresa de construcción de su abuelo para levantar rimeros y crear circuitos en los que Eva zigzagueaba con la pelota pegada al pie.

Así, poco a poco, Eva fue cobrando técnica, y a medida que ganaba en talento vio que le gustaba eso de la pelotita. Qué tendría aquella pelota que ella miraba con los ojos abiertos de par en par. Quién sabe, pero en su familia ya lo notaban. Habían empezado a ver que aquello del fútbol no era un capricho de la niña. Había algo más en aquella pasión inmarcesible. Así que tenía 5 años cuando sus padres se enteraron de que en el colegio San José de Calasanz de Yecla habían creado un equipo femenino y se presentaron con Eva. «Oh, lo sentimos mucho, pero solo pueden jugar niñas del centro», les dijeron y Eva, que iba al colegio La Paz, rompió a llorar como una magdalena. Tanto y con tal desconsuelo lloró que le dijeron que se quedara, «pero solo a entrenar». A Eva le dio un vuelco el corazón, se secó las lágrimas, se puso su equipaje de España y se quedó para dejarse la vida en aquel entrenamiento. Con tal denuedo entrenó que en el colegio, viendo la determinación de aquella niña, les dijeron que la llevaran al día siguiente, que quizá podría jugar cambiándole el nombre para simular que estaba en el centro. Por un sueño, bien vale una trampa.

Así que, lo que son las cosas, Eva jugó al día siguiente su primer partido y lo hizo, no con su nombre, sino con otro adoptivo. Por cierto: Eva cambió los respingos por goles, porque marcó los cinco de su equipo en aquel primer partido, dejando a todos pasmados. Tras la exhibición, aun con el nombre traspuesto, en el colegio se difuminaron todas las dudas: «Se queda», dijeron.

1. Una foto con Eva en Mari Rosi, su pastelería favorita en Yecla, a la que va siempre que regresa a la localidad. | 2. 'Altar' particular con sus trofeos, medallas y diplomas en el salón de la casa en Yecla. | 3. Eva Navarro con solo siete años, en el Albatros de fútbol sala, en una época en la que compaginaba este deporte y el fútbol. / Vicente Vicéns / AGM

Luego llegó la comunión y Eva, con el sueño del fútbol faroleando como nunca en su cabeza, no pidió muñecas, sino un balón. Hay fotos en su casa que así lo confirman porque aparece vestida de comunión con la pelota al lado. Y es que nunca se le fue de la cabeza aquella obsesión del balón. Así que poco después, y ya con su nombre de verdad, empezó a jugar en el Hispania al fútbol y en el Albatros al fútbol sala, tanto en equipos de niños como de niñas, hasta que a los ocho años dio de lado al fútbol sala y se decantó por su hermano grande. Se fue al Pinoso, un pueblo próximo a Yecla, donde maravilló a todos con sus 45 goles en una liga en la que solo había una mujer: ella.

Fue estando en el Pinoso cuando el SPA Alicante, de Segunda femenina, le echó el guante. Algo vieron que no quisieron que se escapara aquel diamante en bruto. Ya en el partidillo para probarla metió varios goles y enseguida la quisieron reclutar. Empezaba el fútbol en serio para Eva, a otro nivel, y empezaba el traqueteo sin pausa para el viejo Audi, ya que sus padres tenían que llevarla cuatro veces a Alicante por semana, tres para entrenar y la del día del partido. Se turnaban. Bien Cayetano, el padre, bien Eva, la madre, iban con la pequeña, a la que siempre inculcaron la necesidad de no dejar de lado los estudios. Así, cuando volvía de entrenar, sentada atrás en el viejo Audi, lo hacía estudiando con el auxilio de una lamparita. Cuatro años duró aquello, muchos entrenamientos y muchos kilómetros, hasta que Eva, agradeciendo el esfuerzo de sus padres, les hizo una promesa un día: «Mirad, con el primer dinero que gane os juro que os compro un coche», les dijo.

Parecía lejos, pero hoy ya gana un sueldo. Lo hace en el Levante, de Primera, por el que fichó el pasado verano, cuando la llamaron también del Albacete, el Atlético y el mismo Bayern de Múnich, preguntando por la Messi de España, pero se decantó por el Levante por su cercanía a casa y porque le gustó el ambiente familiar y cercano que vio en el club.

Ahora vive en Valencia, donde comparte piso con unas compañeras de equipo. A punto de cumplir los 18, Eva vive un momento dulce. Acumula dos platas y un oro en Europeos sub-17, un bronce en un Mundial sub-17 y una plata en otro sub-20, además del reciente oro en el Mundial de Uruguay, el primero ganado por España. Encima, su gol a Alemania en la final del Europeo sub-17 se hizo viral y dio la vuelta al mundo. En su casa aún recuerdan el grito de júbilo y su salto en el sofá cuando se enteró de que competía con Cristiano, entre otros, por el mejor gol del año: «¡Es increíble, qué fuerte!», gritó una Eva emocionada. No ganó, pero tampoco le importó. Estar ahí era más que un premio.

«Menudo pique teníamos, joder, es que iba al choque»

Álvaro Navarro es el hermano mayor de Eva. Futbolista como ella, juega en el Yeclano B y entrena con el primer equipo. Recuerda que «jugaba con mi hermana en el campo y en la calle, nos picábamos, menudos piques teníamos, llegábamos a pelearnos con esto del balón. Joder, es que Eva iba al choque, e iba fuerte la tía», dice sonriendo este simpático jugador de 21 años, que habla con cariño de su hermana. «Ella iba a verme jugar siempre; ahora, yo también voy a verla. Cuando estaba en el SPA, me ponía en su banda y no paraba de decirle cosas. La animaba o le daba algún consejo».

A Álvaro le sorprende la evolución de su hermana. «Es que ha cogido una fuerza enorme, una potencia que pocas tienen. Eso, unido a su carácter, hacen de ella quien es. Tiene un carácter que la puede llevar donde quiera».

Del cariño que Álvaro tiene por su hermana habla el mural que hizo junto a toda la familia para recibirla tras su vuelta de Uruguay con el oro colgado al cuello, una amalgama de fotos de ella en el Mundial sub-17 que ha acabado con la medalla, otra más, en casa de la familia en el barrio de La Alameda en Yecla.