Fútbol | Primera División

El murciano Toni Villa se convierte en el ídolo del José Zorrilla

Antoñito y Toni Villa celebran un gol ante el Betis, en un partido correspondiente a la novena jornada de LaLiga Santander./EFE
Antoñito y Toni Villa celebran un gol ante el Betis, en un partido correspondiente a la novena jornada de LaLiga Santander. / EFE

El centrocampista de Lorquí recibió este martes el premio Cinco Estrellas que otorga la afición del Real Valladolid

EFEValladolid

Si hay un jugador que llama la atención en el Valladolid de este primer tramo de Liga es el murciano Toni Villa, la joya de la corona, una especie de Iniesta (su ídolo), un jugador de esos que piensan mientras se entretienen en conducir el balón y que este martes ha recibido el premio Cinco Estrellas que otorga la afición.

Al recibir esta distinción, reconoció ante los periodistas que estos meses nota que está «mucho más cómodo» en Primera División porque, a su juicio, «hay más espacios y lucen más los jugadores creativos».

Subrayó que le gusta «partir desde la izquierda y buscar espacios por dentro», como su gran referente, al que no sólo admira, sino al que también se asemeja.

Hace años un componente del club comentó en tono confidencial, tras una tertulia radiofónica, que había llegado a la cantera un jugador que se parecía a Andrés Iniesta. Obviamente, aquello se puso en cuarentena y se enmarcó en el terreno de la exageración.

El tiempo le da la razón. En los doce partidos que lleva en la elite, Toni ya ha hecho girar los focos hacia su juego de regates imposibles pero efectivos. De hecho, es uno de los mejores regateadores de la Liga.

Incluso ya llegan rumores de posibles salidas y ofertas, pero él precisa que su vida «sigue igual» y que está «muy centrado» en el Valladolid, entidad con la que tiene contrato hasta el 30 de junio de 2021, según recordó.

Sabe que los rumores de futuro no le hacen bien porque en el verano de 2017 vivió «la zozobra» de la incertidumbre, de si se quedaba o regresaba a la Cultural Leonesa con su guante de seda en el pie derecho y su cara de pillo.

Y es que Toni Villa Suárez tuvo que hacer una especie de «servicio militar» en León para que el Real Valladolid viera sus cualidades, ejerciera una opción de recompra y se quedara en Pucela con galones de primer equipo.

Reconoce, en círculos privados, que es un poco pesimista. A veces se pone en lo peor para que, de este modo, todo lo que llegue le sorprenda para bien. No es una mala filosofía, aunque entre sus regates de fantasía se esconde un jugador trabajador que aboga por «la meritocracia». Así lo manifiesta y así lo demuestra cada día.

Laureano Antonio Villa Suárez es de Lorquí. Tal vez pudo aparecer antes en la elite pero lo ha hecho a los 23 años. En esto no se parece a Iniesta. Ha tenido que esperar seis años más que su jugador más admirado que, en su opinión, es un futbolista «inigualable».

Su particular historia lleva el sello de lo habitual. Cuando acababa de asomarse a la adolescencia, un agente contactó con Javier Torres Gómez, en aquellos momentos coordinador de cantera del Real Valladolid, para que fuese a ver a Toni a su pueblo, en su hábitat.

A Javi Torres le gustó y a Toni, tras una visita con su familia, le agradó Valladolid. Allí se quedó recién cumplidos los 15 años y dejando muy lejos a sus padres, que regentaban y aún regentan un restaurante en las afueras de Lorquí.

En Valladolid se hizo amigo del ceutí Anuar Tuhami. Ellos eran los Zipi y Zape de la residencia de jugadores, no por traviesos sino porque siempre estaban juntos, de modo que cuando ahora se encuentran en el campo la complicidad «irradia» con suficiente motivo.

Aún hoy son inseparables. Hablan el uno del otro con un afecto y consideración que conmueven pero si algo destaca en ambos es una humildad que, lejos de ser superficial o epidérmica, está muy por debajo de la piel. Al margen de la humildad tienen otra cosa en común, hablan de quedarse en el Valladolid muchos años. Hoy lo ha vuelto a decir Toni, ambos vivieron como recogepelotas el ascenso de 2012 y eso marca. El escudo, eso de los colores, les ha atrapado.

El futuro del club vallisoletano, que ahora «centellea» bajo la sombra de Ronaldo Nazario, está en jugadores como ellos o el central Fernando Calero, todos ellos de la generación del 95. La imagen de los tres, locos de alegría, es una de las fotos del ascenso. Y esa alegría se ha contagiado el equipo entero. La infección alcanza ya los 17 puntos en la tabla.

 

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