El ejemplo de Mireya

Cuando empezó a jugar se reían de ella; hoy es la mejor portera de la Región

La cartagenera Mireya Giménez, portera del Alhama Féminas. / javier carrión / agm
La cartagenera Mireya Giménez, portera del Alhama Féminas. / javier carrión / agm
Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Cuando empezó a jugar de portera, con 7 años, se reían tanto de ella que terminó odiando el fútbol. Y dejándolo. Apostó por el baloncesto, que se le daba mejor. Pero, en realidad, «lo que me tiraba de verdad» era el fútbol. «Mi padre es un forofo y lo he vivido siempre en casa. Con tres años ya tenía la equipación del Real Madrid y mi ídolo siempre ha sido Iker Casillas», dice. Así que volvió. Y mejoró. Cada año un poco más. Y más. Y más. Y tanto mejoró Mireya Giménez (Cartagena, 1999) que hoy, a sus 19 años, es la mejor portera del fútbol regional. Acaba de tocar el cielo ascendiendo a Primera B con el Alhama Féminas, aunque ella ya no se pone límites. «Hace cuatro años, cuando llegué a Alhama, esto era impensable. Pero nos lo merecemos por el trabajo de estos años», confiesa la cartagenera.

«Estaba gordita y se burlaban de mí. Llegué a odiar tanto el fútbol que lo dejé. Pero no me rendí, volví, perseguí mi sueño y aquí estoy», cuenta la portera del Alhama

Con 22 goles encajados en 22 partidos, es la cuarta guardameta menos goleada del grupo 7 de Segunda, por detrás de las porteras del líder Valencia B (16), Villarreal (19) y Sporting Plaza de Árgel (19). En casa casi siempre deja su portería a cero. Esto no siempre ha sido así, ni mucho menos. «Yo siempre jugaba de portera con el equipo de chicos de La Vaguada, pero al llegar a los 13 años me obligaron a pasar al equipo femenino. Y mi primer año fue una tortura. La Vaguada sacó un equipo en Autonómica y jugábamos contra el Ceutí, el Zeneta y todos esos. Todos los partidos me metían 15 goles. Y el entrenador siempre me animaba y me decía que no pensara en los 15 goles que había recibido, sino en los 70 que había evitado. Pero a mí lo que me dolía, siendo portera, era el 15-0 en contra», recuerda de su última temporada en el equipo de La Vaguada, muy cerca de su domicilio familiar de Canteras.

El año siguiente la fichó el Cartagena Féminas. Y vivió otro calvario. «Bajamos de categoría y yo, teniendo 14 años, jugaba contra chicas mucho más mayores. Me acuerdo de que una compañera tenía un hijo, incluso. Podía ser mi madre. Esa temporada, no obstante, aprendí un montón y me sirvió muchísimo. Compartí portería con Desi, con la que mantengo contacto, y esa competencia entre las dos fue magnífica. El entrenador nos iba turnando y en los entrenamientos aprendí mucho de ella. Al acabar esa Liga, me llamó la Minerva, que se estaba jugando el ascenso a Segunda, y disputé con ellas los últimos seis partidos. Subimos, pero entonces se interesó por mí Randri y decidí fichar por el Alhama. Ya llevo cuatro años y estoy muy contenta de la decisión que tomé», explica Mireya.

«Se metían tanto conmigo que en un partido me oriné encima de los nervios que tenía», cuenta Mireya

Ocho kilos menos

¿Por qué? «En el Cartagena era todo amateur. El trabajo de la semana no era muy intenso. En el Alhama, desde el primer día, me he sentido una profesional. No lo soy porque no cobramos ni vivimos del fútbol. Pero el trabajo que se hace en el club, con preparador físico, preparador de porteros y nutricionista, es el mismo que se hace en Primera. Este año, por ejemplo, han venido muy buenas jugadoras a Alhama, precisamente atraídas por esa profesionalidad en el día a día», responde Mireya.

«El tema del nutricionista -continúa- me ha ayudado mucho. Antes de fichar por el Alhama, yo no cuidaba mi dieta. Comía lo que mi madre hacía en casa y no controlaba el peso. Desde que estoy con el nutricionista en el Alhama he perdido ocho kilos y eso se nota, para bien, debajo de los palos. El primer día ya nos midieron los pliegues y la grasa. Me pusieron una dieta y me lo tomé muy en serio. Me siento más ágil, rápida, suelta y segura. Me muevo mejor. Es más: si algún día como fuera y tomo cosas que no son sanas lo noto mucho. Mi cuerpo rechaza lo que no es mi alimentación. Cuidarse así mejora mucho el rendimiento. Yo lo he comprobado», indica.

«En Alhama veíamos a 30 personas en la grada y era una buena entrada. Ahora vienen 600. Es increíble»

Ese sobrepeso que ya ha dejado atrás nos lleva de nuevo a su infancia. «Empecé de jugadora, con 7 años, con una amiga. Ella despuntaba en un equipo de niños y yo, que estaba subida de peso, no estaba al nivel. No teníamos portero y el entrenador decidió que me pusiera yo. Ahí empecé a ser portera. Mi amiga jugaba bien y la respetaban. Pero yo era una portera muy mala. Los niños se burlaban de mí todo el rato. Un día, en un partido, me oriné encima de los nervios que tenía. Tenía 8 años y le dije a mis padres que me quitaran del fútbol. Ese día dije 'basta'. Entonces me centré en el baloncesto. Jugaba en el equipo de Canteras. Era mucho más alta que los nenes, metía muchas canastas y destacaba bastante», recuerda.

Mejoró en los recreos

Pero no se olvidó del fútbol. «Yo seguía jugando en el recreo y también con los amigos de mi hermano, que son un año menores que yo. Y ellos me convencieron para que me apuntara de nuevo al fútbol, pero entonces con el equipo de mi hermano, también en La Vaguada. Ahí ya no me insultaban. Empezaba a parar, porque en el patio del colegio me tiraban mucho y había aprendido bastante. Los niños comenzaron a respetarme. Y ahí cambió todo. Pasé de odiar el fútbol a estar todos los días deseando que fuera la hora de ir al entrenamiento. Y todos los compañeros y las madres se empezaron a volcar conmigo. Llegó el momento de elegir entre baloncesto y fútbol y me decanté por el fútbol. Lo miro ahora, con la perspectiva de los 19 años que tengo, y me siento bien. Porque no me rendí, perseguí mi sueño y aquí estoy», resume.

Y ella, como sus compañeras del Alhama que han hecho historia al convertirse en el primer equipo de la Región que asciende a Primera B, ya no quiere despertar de este sueño. «No he hablado con Randri de la temporada que viene, pero yo espero que siga contando conmigo. Sinceramente, me veo preparada para competir en Primera B», asegura Mireya, quien está «encantada» con el «auge» que está teniendo el fútbol femenino.

«Hace un par de años me cuentan todo esto y no me lo creo. Nosotras en Alhama, cuando veíamos a 30 personas en la grada, ya decíamos que era una buena entrada. Imagínate el domingo pasado [contra el Elche] que hubo más de 600 personas viendo el partido. Esta temporada está siendo increíble. Notamos el apoyo y el respeto de la afición», afirma Mireia, que estudia CAFD en San Javier. «Algunos días se hace duro ir por la mañana a la universidad a San Javier y por la tarde a entrenar Alhama», admite. Son 190 kilómetros en un día. «Puedo llegar cansada, pero es cambiarme y ponerme a entrenar y se me quita todo. Me vengo arriba», reconoce.

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