Horrores

Sabemos que se ha creado una comisión de investigación, pero no tenemos ni idea de cuándo rodará allí el balón

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Todo lo que rodea al Palacio de Deportes es una vergüenza. Es un horror. La responsable de ese desastre tiene nombre y apellidos: Pilar Barreiro Álvarez. Ella mandó en Cartagena durante 20 años y ella debió velar porque las cosas se hicieran con un mínimo de decencia en el edificio más importante que se construía en la ciudad en el inicio del siglo, junto al auditorio de El Batel y el museo nacional de arqueología submarina, Arqua.

Las tres cosas se hicieron como se hicieron. Mal. Pero dos de ellas, al menos, están acabadas y funcionando desde hace tiempo (con sus miserias y sus grandezas). Barreiro es culpable de esta vergüenza, aunque contó con la cooperación necesaria de los concejales de Deportes e Infraestructuras de turno que fueron pasándose sucesivamente el marrón a lo largo de los años o -lo que es peor- mirando hacia otro lado al intuir que el asunto tenía muy mala pinta y que les podía estallar en sus manos más pronto que tarde.

Las anchas, cómodas y correlativas mayorías absolutas del PP en el Ayuntamiento de Cartagena posibilitaron que aquello que tanto olía a podrido fuera tapándose y nadie fue capaz de descubrir que era lo horroroso que al final ha resultado ser. Se sospechaban muchas cosas pero nadie pudo confirmar nada a su debido tiempo. Por supuesto, los reponsables de la UTE Dragados-Emurtel, que debían supervisar la obra, tienen también mucha responsabilidad en lo que finalmente ha sucedido.

Así se escribe la historia de este fracaso que, de momento, nos ha salido por 21,5 millones de euros a todos los cartageneros. El sobrecoste va ya por el 63%. Es relevante recordar lo que pasó y luchar para que nunca se repita algo así. Y es importante que, por fin, se haya puesto en marcha una comisión de investigación para buscar causas y culpables. Dicho esto, eso es pasado y vivimos el presente. Estamos en el momento de las soluciones. Y en los 27 meses que Ricardo Segado lleva al frente de la Concejalía de Deportes hemos avanzado poco. Tirando a nada.

Estado actual de la futura piscina del Palacio.
Estado actual de la futura piscina del Palacio. / Antonio Gil / AGM

Se prometió que la pasada campaña jugaría allí un partido el Plásticos Romero. Y no lo jugó. Se prometió -lo hizo el exalcalde José López el pasado mes de mayo- que este próximo viernes, en el primer partido de Liga de la nueva temporada, el equipo de Juan Carlos Guillamón estrenaría la instalación y habría un homenaje al cántabro Javi Matía, quien colgó las botas al acabar el pasado curso. Se prometió que, por fin, el fútbol sala cambiaría de casa y miraría al futuro con ilusión y optimismo renovado. Pero ya sabemos que una cosa es predicar y otra bien distinta es dar trigo.

No sabemos nada de aquella experiencia piloto que ideó el ‘número 2’ de Deportes, Eduardo Armada, y que se puso en marcha antes del verano. Por allí pasaron equipos de base de todo tipo y condición. Una foto por aquí, un selfi por allí y ración doble de postureo. Pero nunca nos dijeron cómo fue aquello. Bien, mal o regular. Con una nota de prensa valía. ¡Qué menos! Son pequeños horrores que se van sumando los horrores conocidos.

El caso es que este viernes arrancará una nueva temporada de la Liga de fútbol sala en el Pabellón Central, un recinto al que todos le tenemos mucho cariño pero ya está totalmente amortizado y se ha quedado desfasado. El Plásticos Romero Cartagena tiene que crecer y necesita más vías de ingreso. Y eso pasa por mudarse ya al Palacio. El drama es que no se ve ni un atisbo de luz en este enorme agujero negro.