Fernández, de la 'furgo' al parqué

Fran Fernández, ayer, tras el entrenamiento, en el Palacio de Deportes, con el escudo del Jimbee Cartagena. / j. m. rodríguez / agm
Fran Fernández, ayer, tras el entrenamiento, en el Palacio de Deportes, con el escudo del Jimbee Cartagena. / j. m. rodríguez / agm

El de Abanilla, líder del Jimbee Cartagena FS, trabajó como repartidor y reponedor en sus inicios

RUBÉN SERRANO CARTAGENA

Alegre. Feliz. Bromista. Dicharachero. Pero ante todo, Fran Fernández (Abanilla, 1990) es un líder en el vestuario del Jimbee Cartagena: lo dicen sus compañeros y el cuerpo técnico y lo corroboran los directivos, encantados con la «humildad y el entusiasmo» que contagia el pívot de 28 años a los demás. Su 'buenrollismo' es el secreto que le ha llevado hasta la élite del fútbol sala, tras muchos años de briega en equipos regionales y en empleos de administrativo para ganarse la vida. En la victoria contra Osasuna Magna, Fernández dio una auténtica exhibición: tiró del carro en los momentos delicados y marcó dos goles para rematar a los navarros.

El ala y pívot, de 28 años, tiró del carro ante Osasuna Magna y ha firmado un arranque liguero brillando por encima de las estrellas brasileñas Eka y Bateria

El abanillero es un jugador de pico y pala, un «diamante en bruto dentro y fuera del vestuario», como recuerdan en el club, y tiene una curiosa historia detrás. Llegar a la cima de este deporte, y liderar un proyecto como el del Jimbee, nunca estuvo en los planes de Fernández, un tipo peculiar al que, dicen, le gusta pasar el tiempo libre metido en la cocina, preparando dulces. Los hace al ritmo de reguetón y de los clásicos de Raphael. A veces, de hecho, pone la música tan alta que su pareja le llama la atención. «Yo siempre estoy estudiando y trabajando; el tiempo vuela y ahora casi no tengo tiempo para otra cosa», relata, sonriente, tras acabar el entrenamiento en el Palacio de Deportes.

«Con 19 años iba con el camión a todas partes; viajaba a Castellón y Almería y lo compaginaba con los entrenamientos»

Césped con el Ranero

Fernández sabe bien lo que es sudar para conseguir sus sueños. Nunca se los pusieron en bandeja, desde luego. De niño, jugó dos años al fútbol, uno en Abanilla y otro en el Ranero, hasta que se quedó en el pueblo centrado en los estudios: terminó el instituto y, a ratos, sacaba tiempo para jugar con los amigos en la pista. «Un día probé en un equipo de Molina de Segura, en juveniles, y allí conocí a Juan Carlos Guillamón e hicimos una gran amistad», recuerda ahora el ala y pívot del Jimbee.

«He dado muchas vueltas. En Italia jugué un año, me propuse sobrevivir con el idioma y luego regresé a España para trabajar de administrativo en Murcia»

Aquella etapa juvenil la compaginó con un grado medio en Administración de Empresas. Antes de acabar las prácticas, con 19 años, lo llamaron para trabajar en una empresa de su pueblo, y tuvo que dejar el fútbol sala al margen: era repartidor y reponedor de productos de limpieza. «Iba en la furgoneta a todas partes, hasta Castellón y Almería. Pero la sucursal que había en Abanilla cerró a los dos años y me echaron. El tiempo pasa volando. Después volví a jugar, en el equipo de mi pueblo, en Molina, en el Albatera y en el Orihuela».

Su vida dio aún más giros cuando conoció a Carmelo Serna, por entonces director deportivo del conjunto oriolano: con 23 años abandonó el país y fichó por el desconocido equipo italiano Aosta C5. «He dado muchas vueltas. En Italia me supe manejar muy bien, durante el año que estuve. Todo es proponerse hablar el idioma; la zona era cara, pero pude sobrevivir». No obstante, no dudó en volver a España a la temporada siguiente, cuando lo llamaron para trabajar como administrativo en una empresa de Murcia.

Trajes de fiesta

«Es una tienda de trajes de fiesta, yo estoy con el papeleo y en un departamento de arrendamientos. Afortunadamente, aún conservo mi empleo y lo puedo compaginar con el fútbol sala», señala el abanillero, que además tiene una escuela de fútbol sala en su pueblo, con 60 niños. «Mis jefes son muy buenos conmigo; tengo un horario más flexible y lo llevo bien».

En lo estrictamente deportivo, a Fernández, poco conocido en la Liga Nacional de Fútbol Sala, le tocó otra vez empezar de cero, en el equipo de su barrio. «Después volví media temporada al Orihuela, pero en 2014 me llamó Juan Carlos Guillamón; el Plásticos Romero estaba en Segunda y me pidió que les echara una mano; no me lo pensé, porque él y este club me lo han dado todo en este deporte».

Los miembros del cuerpo técnico y directivos del club cartagenero aún tienen grabado a fuego el momento en que lo dejaron marchar. Fernández fue un jugador determinando en el regreso a Primera, pero ambas partes no alcanzaron un acuerdo y el abanillero se fue a jugar al Bodegas Juan Gil Jumilla. «Fran nos dio tanto, dentro y fuera del vestuario, que aún hoy en día Juan Fernando Romero se arrepiente de que tomáramos esa decisión. No nos dimos cuenta de lo que era Fran hasta que se fue. Es una persona maravillosa, de las que hacen grupo y lo hacen todo más fácil. Siempre va con una sonrisa en la cara», sostienen en el Jimbee Cartagena.

«Es una diversión»

Tan buena fue aquella etapa en Segunda, que los caminos de Fernández y Cartagena no tardarían demasiado en encontrarse. En verano del año pasado regresó por todo alto, tras recalar también en el modesto Abanilla Futsal. «Di un paso atrás en mi carrera, es cierto, pero el resto de ofertas no me convencían y en el club de mi pueblo estoy en familia». Ahora ya lleva dos temporadas y media en el club. La pasada acabó la Liga con 14 goles, solo por debajo de Juanpi y Drahovsky. En este inicio liguero, con menos nombre, ya destaca por encima de las estrellas Bateria y Eka.

«A Fernández no le presiona jugar con el pabellón lleno, contra un rival u otro, con o sin televisión. Juega igual que cuando lo hacía en su pueblo, con sus amigos», destaca Roberto Sánchez, en la dirección deportiva, y que conoce perfectamente al abanillero, «alegre, buen compañero y apreciado por todos». «Me encuentro bien y el otro día vi que debía tirar hacia adelante. En un par de acciones, nos vinimos arriba y ganamos el partido. Amo este deporte, aunque no me gusta ver partidos por la televisión. Siempre que puedo, en verano, juego algún campeonato en Abanilla. Esto es una diversión», confiesa el pívot. «Ahora me centro en el equipo y en un curso de formación, de administrativo. El día de mañana esto se acaba y aprender nunca es malo».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos