El pole dance conquista salas y rompe tabúes
Almudena Peñalver e Irene Asensio lideran la fiebre por la barra, un fenómeno que no deja de crecer entre las murcianas como un espacio de superación y empoderamiento
Antonio Zomeño
Domingo, 16 de noviembre 2025, 07:22
La música irrumpe y trece mujeres pasan a correr por la sala, dibujando círculos alrededor de la decena de puntales que sostienen el falso techo sobre el parqué. La clase multinivel agota con solo mirarla, pero todavía no ha empezado lo bueno. El calentamiento termina entre jadeos, y las alumnas dirigen su atención a la monitora mientras apartan esos pelos rebeldes que el sudor pega a la frente. Tras una sucesión de expresiones técnicas y anglicismos, la monitora se encarama a la barra como si al detener la música también hubiera apagado la gravedad, pero solo ella comienza a flotar en un juego de fricción, equilibrio y contorsión que pretende simplificar la explicación oral, pero donde el ojo novato se pierde al primer giro. «Eso es lo que pides, ahora vas a ver lo que te llega», suelta una alumna con una sonrisa de determinación antes de trepar a la barra.
Hace una década que Almudena Peñalver (Patiño, 34 años) se propuso repetir esta escena a diario: «Ni siquiera lo conocía cuando me fui a Londres. Lo vi en un anuncio, probé una clase, y desde entonces no he podido soltar la barra». En 2015 regresó a Murcia de su formación en danza urbana y decidió apostarlo todo por un amor que parecía platónico, pero que ha viralizado más allá del municipio. «El pole dance engancha porque todos los días hay un reto. Llegas convencida de que no vas a poder, y de repente lo haces», explica la fundadora del Studio4all de Patiño, el centro pionero del deporte en Murcia que hace tres años abrió también en Cartagena.
Tres ramas y una lucha
Aunque comparten técnicas, fundamentos y origen, el pole dance se bifurca en tres ramas diferenciadas dentro un mismo árbol. El pole sport, en plena lucha por su reconocimiento como deporte olímpico, se articula bajo un código de puntos que obliga a realizar figuras específicas en barras fijas y giratorias. En cambio, el pole art apela a la expresividad mediante la narración corporal, a medio camino entre la danza y la ejecución de figuras. «El sport es el único reconocido como deporte», explica Almudena, quien ha preparado a campeonas de España infantiles. «Pero es más rígido. Cuando vienes de la danza te corta las alas, por eso muchas preferimos el art; te permite contar historias», esas mismas que le han clasificado para la disputa de dos mundiales en 2026.
Pero todavía queda una barra que no para de ganar adeptas a través de una referente internacional. Irene Asensio (Alcantarilla, 26 años), compagina la enseñanza en la Academia Dansé con los podios mundiales en la especialidad de pole exotic, la rama más coreográfica y sensual de este deporte, donde los movimientos se hacen sobre tacones de 20 centímetros. «Te sientes como un Bambi las primeras veces. No sabes ni caminar. Pero con trabajo, coordinación y tiempo, aprendes a hacer cosas increíbles», cuenta. Irene llegó al 'pole' desde la gimnasia, y quedó prendada por esa mezcla de libertad creativa y autosuperación: «Eres tú contra la barra; una lucha muy personal», afirma.
Un espacio seguro
La expansión del pole dance por los parqués murcianos es un fenómeno que engloba las tres ramas del deporte. Desde apenas tres alumnas en un bajo de Patiño hasta las listas de espera en las diversas academias de la Región, pasando por el boca a boca y las redes sociales, donde la espectacularidad de la disciplina causa sensación. Pero no todo reside en el atractivo visual; la barra esconde algo más profundo que explica la fiebre por el pole.
«Durante las clases se genera un espacio seguro, un ambiente de clan. Te expones mucho visualmente para poder agarrarte a la barra, pero aquí no hay juicios de ningún tipo. Todas estamos en top y pantalón corto, cada una con su cuerpo», cuenta Almudena Peñalver, la directora de unos espacios casi plenamente femeninos donde la mayoría de alumnas encuentran su primer contacto con el deporte, y quedan enganchadas a la superación personal que exige la disciplina.
Ligada al mundo del 'striptease' desde sus orígenes en la noche inglesa de los 80, el estigma en torno al pole dance continúa adherido en algún punto de la barra. «Cuando digo que soy profesora de pole, siempre hay alguien que responde con 'lo de las strippers', pero no me afecta. Si alguien cree que no es un deporte, que lo pruebe y luego juzgue», reta Irene Asensio, que pese a su edad ya compite en la máxima categoría, donde se colgó una plata en el Exotic Queen de Londres.
De regreso a Patiño, un par de alumnas todavía exhiben fuerza, técnica y flexibilidad frente a un trípode, mientras una decena de sonrisas coloradas como un tomate desfilan por la puerta, cargadas de nuevos moratones y una satisfacción difícil de describir. No hay una edad determinada, ni forma física preestablecida; pero comparten esa barra donde todo converge. Como un puntal que no solo aguanta cuerpos: sostiene procesos de empoderamiento. Y en Murcia, cada vez son más.