Ni Sagan puede con Valverde

Valverde celebra su victoria en Almadén por delante de Sagan. / Jorge Guerrero / AFP
Valverde celebra su victoria en Almadén por delante de Sagan. / Jorge Guerrero / AFP

Con 38 años y más candidato a la Vuelta, el murciano sigue sorprendiéndose y gana en Almadén«Chicos, olvidaros de la victoria», susurró por la emisora a sus gregarios en el Movistar; su director, Arrieta, le había dicho que era una etapa para él

J. GÓMEZ PEÑA ALMADÉN

En un esprint en cuesta como el de Almadén no hace falta ponerse en la meta para ver quién gana. Basta con colocarse detrás y esperar a que el vencedor sea el que se eleva sobre la bicicleta. Es la mejor imagen: todos, incluido Peter Sagan, se retuercen con el corazón en la boca mientras uno, Alejandro Valverde, emerge de ese mar de cabezas agachadas y chepas dobladas. Brazos en cruz. Todos crucificados por un campeón eterno. Valverde es un ciclista impar. Único. Con casi 40 años y un centenar largo de victorias, tiene la ambición intacta. Corre con la mirada del debutante: «La verdad es que sigo sorprendiéndome», dijo tras la victoria. Ni Sagan, tricampeón del mundo, le pudo en la leve rampa achicharrada de Almadén, la ciudad del mercurio, que borbotaba a 38 grados, la edad del murciano, que conserva su fiebre ciclista.

En esta misma fecha, pero hace doce años, batió a Sastre y Gómez Marchante en la cima del Morredero. Sigue igual. Intacto. Valverde gana tanto y de tantas maneras que lo hace incluso cuando no lo planifica. «Chicos, olvidaros de la victoria», les susurró por la emisora a sus gregarios en el Movistar. Su director, Arrieta, le había dicho que era una etapa para él, que se pusiera a rueda del que le había ganado el día anterior: Sagan. Valverde no lo vio claro.

El murciano es segundo, tras Molard, en la general y le espera en la próxima etapa el primer juicio de esta Vuelta: el final en la Covatilla. Por eso decidió guardar las piernas. Ya empieza a pensar en el podio de Madrid, aunque no se atreva a vocearlo. Ya había ganado una etapa. Podía permitirse abrir un paréntesis. Un día libre. Pero no sabe. Nunca ha sabido.

El péndulo del corazón se vuelve loco en cuanto olisquea una meta. Y casi todas están al alcance de sus inagotables facultades.

La pancarta de Almadén colgaba de un kilómetro ligeramente inclinado. Ideal para Sagan. García Cortina, piernas de hormigón, se hizo con la última curva. Es joven y se precipitó, aunque ese intento anuncia futuros triunfos. Cortina, que ganó un par de metros, obligó a Sagan a cavar diez pedaladas para taparlos. Valverde, el viejo Valverde, se había animado a meterse en la trinchera. ¿Por qué no? Lleva desde niño disputando cada carrera en la que se alista. Y a 200 metros de la raya de Almadén sacó una de sus muchas armas: la paciencia. Esperó a que Sagan le desbrozara el camino. No se puso nervioso cuando el eslovaco le cerró el paso por la derecha. Le rebasó por la zurda. Sobrado. En una llegada así, hay que calibrar al miligramo las fuerzas. Cuando a Sagan se le apagaba el aliento, voló por encima de su maillot arcoíris el jadeo feliz del que siempre está: Valverde. «Sabía que estaba bien, pero estoy sorprendido», confesó el murciano, quien sigue ahorrando segundos de bonificación.

Ciclismo minero

La etapa minera salió de Linares, donde al ralentí, estaba al autobús del Bora, el de Sagan, que estaba empeñado en ganar esta etapa. El ciclismo es para este equipo una fiesta. Así es su líder. Sonaban temas de Nirvana. A Sagan le sigue su club de fans en una furgoneta. En la carrocería, escrita en inglés, se lee una frase de Kurt Cobain, líder de Nirvana: «Todos se ríen de mí porque soy diferente; me río de ellos porque todos son iguales». Durante siglos, Almadén fue la peor meta posible. El mercurio de su tierra era vital en el proceso de enriquecimiento de la plata. Un botín subterráneo. Pero era un trabajo cruel. Por eso, además de esclavos, se recurrió a los presos, a los peores criminales. Se estableció incluso una pena así: 'Condenado a las minas de Almadén'. A galeras. De todo aquello quedan el esqueleto industrial y un museo. Y, claro, al mercurio de los termómetros ya prohibidos, que se encendió hasta los casi 40 grados. Ciclismo minero, de trabajos forzados. Aun así, los dos equipos debutantes, el Euskadi Murias y el Burgos BH, mandaron a la mina a dos de los suyos: Héctor Sáez y Jorge Cubero. Con ellos se montó en la fuga el portugués Machado. Duraron hasta que faltaban siete kilómetros para Almadén. Ahí atacó Benoot, que en Twitter había publicado el escalofriante corte que le dejó una caída el viernes. El ciclismo es un trabajo forzado. Benoot no evitó el sprint. Y Sagan no pudo evitar que Valverde, tan mayor ya, siga sorprendiéndose a diario y le quitara su etapa. Ya tiene dos. En la Covatilla sabrá si también tiene la Vuelta a tiro. Sería otra sorpresa anunciada.

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