Baloncesto

Laura Gil, guerrera desde la cuna

Laura Gil con su medalla de oro del Eurobasket. / alfonso durán / agm
Laura Gil con su medalla de oro del Eurobasket. / alfonso durán / agm

«Siempre fue alta, pero por lo que destacaba era por su sacrificio», recuerda su primer entrenador

EMILIO SÁNCHEZ-BOLEAMURCIA.

Lleva siete años acudiendo de manera ininterrumpida a la convocatoria de la selección absoluta, y siempre ha tocado metal. Siete años al máximo nivel que han convertido a la murciana en la baloncestista con más medallas de la historia en España. Siete años en los que los seguidores de este deporte llevan conociendo de sobra qué es lo que ha llevado a Laura Gil a subir y no bajarse de lo más alto: defensa asfixiante desde la anticipación, esfuerzo ignorante del marcador y, en definitiva, lucha sin cuartel. Cualidades que la han convertido en imprescindible para Lucas Mondelo, seleccionador. «La defensa y la intensidad que le doy al equipo cuando estoy en pista es algo que tiene mi nombre», reconoce la propia Laura Gil, abrumada con el aluvión de menciones recibidas en las redes sociales en los últimos partidos del pasado Eurobasket, del que se trajo el oro. «Me he quedado alucinada, supongo que porque la semifinal y la final siempre es lo que más se ve».

Señas de identidad que la han acompañado desde el primer día que pisó una cancha de baloncesto. Fue cuando tenía nueve años, en Santo Ángel, lugar de residencia familiar cuando era niña. Acudió a la escuela de baloncesto de la pedanía, convenciendo a sus padres por lo que otras compañeras del colegio le contaban, pues necesitaban más niñas para poder formar el equipo. «En las pedanías pequeñas siempre vamos muy justos de jugadoras y por eso animaba a las niñas a que le contaran lo que hacíamos a sus compañeras de clase», recuerda Alejandro Martínez, presidente del CB Santo Ángel y primer entrenador de Laura Gil. Fue así como llegó la máxima medallista del baloncesto español a este deporte. «Sería una jactancia que ahora yo dijera que desde que le vi aparecer sabía que iba a llegar hasta la selección», bromea Martínez, que sostiene que «tenía un don innato de entrega y mucho interés por aprender cosas nuevas».

Gil, que mide 1,91 metros, «siempre fue alta, pero por lo que destacaba era por su sacrificio y por todo lo que le gustaba jugar, que es siempre clave». Tan fundamental como el apoyo familiar, puesto que «tanto la madre como el padre habían jugado al baloncesto y siempre le han apoyado mucho». Se mantuvo en el CB Santo Ángel hasta que, como suele pasar en clubes pequeños donde los recursos y las ayudas no sobran, «por la falta de niñas, no pudimos sacar equipo en categoría infantil», rememora un Martínez que sabe lo que es darse de bruces contra este problema en más de una ocasión. Fue entonces cuando Gil pasó a la cantera del CB Capuchinos, lo que es hoy el Real Murcia, dos años antes de emigrar a Esplugues de Llobregat, donde compaginó estudios y baloncesto en la Residencia Blume del club Siglo XXI, donde la federación española, que «ya le había echado el ojo en los campeonatos nacionales de selecciones», concentraba talentos con posibilidades de formar parte de selecciones absolutas en el futuro.

En el tablón de anuncios

En Santo Ángel, pese a que ya ha llovido desde la salida de Laura Gil, no se olvidan de su jugadora más destacada. «En el pueblo se sigue mucho a la chiquilla», dice con cariño Martínez. Todos los jugadores de su club, por pequeños que sean, saben quién es Laura. «En el tablón de anuncios del pabellón ponemos todas las noticias que encontramos de ella». Una relación sostenida por ambas partes, pues «A Laura le gusta pasarse por aquí cuando viene a Murcia y echar alguna pachanga en el pabellón».

A las siete medallas conseguidas con la selección absoluta le precedieron otras nueve en categorías inferiores. Laura Gil es sinónimo de éxito para el baloncesto español, pero, lejos de acostumbrarse, cada medalla es especial. En la contribución al último oro tiene mucha culpa Juan Francisco Abellán, médico murciano que se estrenó con la selección en el pasado Eurobasket y que para la propia Laura Gil supuso «un puntazo». Abellán confirma «las buenas migas que hicimos desde el principio». En la cercanía, el prestigioso traumatólogo murciano reafirma las características que acompañaron a Gil desde niña. «La gente tendría que verla entrenar, es un derroche de energía y garra desde el primer minuto», revela Abellán desde la admiración. «La mayoría de lesiones que tiene se las provoca ella misma por esta intensidad. A veces le pedimos que controle un poco, porque se lanza al suelo a por un balón incluso en el último minuto de un partido que ganamos por veinte puntos».

Su veteranía, pues a pesar de sus 27 años son ya 114 internacionalidades, le convierten ya en «una de las patas de la mesa. Es un concepto que usa mucho Mondelo, y este año, por la ausencia de Alba Torrens, se ha hecho un poco más abierto. Laura es de las que siempre están para echar una mano a las compañeras nuevas y la selección de los últimos años no se entiende sin ella».

Su conexión especial, de puertas para dentro, ha dado para más de una broma. «Ella es muy amiga de Silvia Domínguez y Queralt Casas, que son las dos catalanas, y a quienes les costaba entenderme por lo rápido que hablo y lo poco que vocalizo», cuenta Abellán. «Así que, claro, cuando nos juntábamos Laura y yo, que conmigo se soltaba más con el acento murciano, bromeaban con lo que podíamos estar diciendo y nosotros les contestábamos que al igual que ellas como catalanas tenían su idioma, nosotros teníamos el nuestro», reconoce el doctor entre risas. «Eso sí, nuestro 'idioma' fue ganando adeptos, terminamos por darles clases de cómo comerse las eses y luego venían a consultarnos si lo hacían bien».

Hoy, homenaje

Antes de partir definitivamente hacia unas merecidas vacaciones, Laura Gil tendrá hoy (20.00h) el último reconocimiento público en el pabellón de Santo Ángel, allá donde dio sus primeros botes al balón, y que lleva su nombre.