Baloncesto

Un barrio que quiere ser de EBA

Jugadores y técnicos del AD Infante. / Edu Botella / agm
Jugadores y técnicos del AD Infante. / Edu Botella / agm

El AD Infante logró el ascenso a categoría semiprofesional el pasado 12 de mayo, pero aún tiene que ratificar en los despachos lo logrado en la cancha

EMILIO SÁNCHEZ-BOLEAMURCIA

No parecían destinados a ello. Ser campeón de 1ª División, la única plaza que da derecho al ascenso deportivo a EBA, no parecía el final de temporada reservado para este equipo de barrio. Y no lo parecía porque, sin ir más lejos, la pasada temporada el AD Infante fue el último clasificado. Solo el juego de tronos que es cada verano la conformación de las distintas categorías federativas permitió continuar en 1ª División a un equipo que este año volvía con una mejor plantilla, «pero ser campeones es algo que no esperábamos ni nosotros», cuenta José Alberto Egea, su entrenador, que esperaba «luchar por estar entre los ocho primeros».

No tardaron mucho en darse cuenta de que apuntaban más alto, finalizando la primera vuelta en el primer cajón, pero una segunda con más derrotas que sus inmediatos perseguidores, «incluida una muy abultada en Santomera en la última jornada», les hacía llegar «con algunas dudas» a la 'Final Four'. Un papel de tapado que jugó a su favor.

Más de la mitad de su plantilla vive en el mismo barrio y es de formación íntegra en el club desde niños

Como sus jugadores, Egea encabeza un cuerpo técnico de muchos años ligado al club. De los doce jugadores, siete fueron formados íntegramente en el club desde benjamín o alevín; un octavo, Luis Fernández, salió tres temporadas a Maristas, de donde volvió con la experiencia de campeón de 1ª Autonómica; y un noveno, Fernando Hurtado, se formó fuera, pero, como el resto, siempre ha vivido en el Infante. Un sentimiento de barrio que les da permiso a presumir de ser un club familiar sin caer en la banalización del tópico. Incluso, algunos de sus jugadores son entrenadores del club en categorías inferiores, «para quienes este éxito es un ejemplo y una motivación extra», analiza Félix Baeza, presidente de la entidad.

Un barrio movilizado por su equipo

Pero no siempre el Infante respiró unión, con una escisión entre las secciones femenina y masculina arrastrada durante años. «Esta nueva directiva ha sido clave», adelanta Egea antes de cederle la palabra a Baeza. «Uno de nuestros objetivos siempre fue el de ser un único club». Valga como prueba el autobús fletado para la movilización de jugadores, familiares y amigos del club para la 'Final Four', una que, con la suma de desplazamientos particulares, hicieron de los institucionales negro y granate los colores dominantes en el Municipal de Santomera, lugar de disputa.

Más de la mitad de los jugadores se han formado desde niños en el club, donde algunos son ahora también entrenadores

La afición del Infante vibró durante dos días de partidos agónicos. La semifinal, resuelta por solo seis puntos ante Santo Ángel (52-58), fue la antesala para el final de película que esperaba en el partido por el ascenso, ante el Begastri de Cehegín. A escasos segundos del final, Juan Antonio Padilla anotaba un lejano triple que ponía por delante a los del noroeste (67-66). Sin tiempo para llegar hasta el otro aro, Álvaro Bernal, «buque insignia del equipo», como le califica su entrenador, tendría el último balón.

«Me la pasó Fernando Hurtado, di tres o cuatro botes y me levanté para lanzar», recuerda el propio jugador, objeto de falta en un tiro que más cercano al centro de la pista que a la línea de tres puntos. Con dos décimas en el reloj, por sus tiros libres pasaban las posibilidades de perder, ganar o enviar el partido a la prórroga. «Pensaba que me iba a poner nervioso, pero la motivación y la concentración eran muy altas». No le tembló el pulso, anotó los dos primeros y tiró el tercero a fallar (67-68).

El Infante solo estaría superado en categorías masculinas por el UCAM y el Real Murcia, pero aún necesita patrocinadores con que confirmar su ascenso

Bernal, de 23 años, es el único con experiencia EBA -jugando precisamente para el Begastri- y uno de los líderes de un equipo que tiene una edad media por debajo de los 24 años. «Durante mis años en Cehegín aprendí muchas cosas de vestuario que solo te da la veteranía», recuerda agradecido. Aboga por la hermandad del grupo, pero en el hilo musical del vestuario se muestra inflexible, donde, curiosamente, grupos ska y punk con letras en valenciano como Zoo, La Gossa Sorda o Aspencat se llevan el protagonismo. «Es 'la dictadura de las trompetas', como la llamamos Hurtado y yo», reconoce de manera bromista, pero no tanto como al revelar que «a pesar de la intensidad de los dos partidos, las mayores lesiones se produjeron en la celebración».

Pies en el suelo

Pasada la resaca del éxito, la realidad es que el Infante no es todavía un equipo de EBA. Refrendar la presencia en la categoría está a una distancia de, en primer lugar, «8.000 euros de aval», cuenta Félix Baeza, que, sumados al resto de costes de la temporada, se van «hasta entre 35.000 y 40.000 euros», un desembolso más que desafiante «para un club modesto como el nuestro».

El límite para lograrlo se sitúa en la primera semana de julio. Hasta entonces, «estamos en conversaciones con empresas e instituciones públicas». Baeza sabe que el objetivo es difícil, pero ve «el vaso medio lleno». La ilusión por materializar lo logrado en la cancha es grande, pero, como avisa Egea, «el club no se va a arriesgar a salir en EBA sin el dinero comprometido y entrar en una hipoteca que iría en contra del patrimonio del club».

A menos de un mes vista, un equipo que ocuparía el tercer escalón de equipos de baloncesto masculino en la Región, solo superado por el UCAM de Liga Endesa y el Real Murcia de LEB Plata, continúa con el pecho de su camiseta libre.